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©Gaudencio Rodríguez Juárez
Jueves 26 de enero de 2017
Cuando afirmé que los niños y las niñas no son propiedad de nadie sino responsabilidad de todos los adultos, una mujer sensible con la infancia preguntó: ¿Y cómo hacerlo entender? Su pregunta señala la dificultad que aún tenemos en pleno siglo XXI para verlos y tratarlos como personas diferentes de sus padres, como sujetos en formación y con derechos, como individuos con vida propia.
La pregunta es por qué sigue siendo difícil asumir aquellas palabras del poeta libanés Gibran Khalil Gibran que nos afirman que los hijos no son nuestros, sino que son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de sí misma, que vienen a través de nosotros, sus padres, más no son nuestros y aunque vivan con nosotros no nos pertenecen.
Las razones de lo anterior son muchas. Una de ellas es del orden histórico. A través de la historia de la humanidad el concepto de niñez ha ido cambiando, manifestándose en las prácticas de relación y crianza que, desafortunadamente, han estado caracterizadas por altos montos de descuido y malos tratos.
En la antigua Roma el padre tenía el derecho de rechazar, abandonar o vender a su hijo; se les ha arrojado a los ríos para asegurar buenas cosechas y fortuna.
En la Edad Media aún no existía la categoría de niño, de niña, sino que apenas aprendían a caminar y hablar, se les incorporaba al quehacer adulto y eran considerados adultos pequeños; en esa época los métodos de educación y crianza eran duros e inflexibles: estaban basados en el castigo corporal y en la represión, lo cual generaba un gran desapego y separación entre padres e hijos.
“De la Edad Media a la época clásica, el cuerpo del niño es verdaderamente encarcelado, ocultado. Sólo se le descubre para zurrarlo, para golpearlo”, fue la conclusión de la psicoanalista francesa, Françoise Dolto tras analizar los retratos de la época.
Entre los siglos XIV y XVII se enterraron vivos en los cimientos de edificios y puentes para asegurar la duración de sus estructuras; han sido explotados sexualmente o vendidos…
Y aunque en los próximos siglos el concepto de la niñez cambió positivamente, de tal forma que en el siglo XX la Convención sobre los Derechos del Niño le otorgó formalmente la categoría de persona (documento que en nuestro país es ley desde el 2011), el discurso, como suele suceder, va más lento que las prácticas de relación y crianza.
Son muchos siglos sobre los hombros de los padres y madres de esta época a través de los cuales los niños y niñas fueron considerados objetos de su propiedad, de los cuales se espera sumisión, servilismo, obediencia y todas aquellas cosas que niegan la humanidad de la infancia (y no debemos olvidar que la negación de la humanidad de las personas es sinónimo de violencia).
No niego que los malos tratos a la infancia coexistieron con los buenos tratos, con la consideración y protección. Por ejemplo, Solón (640-558 a.C.) abolió la autorización del ciudadano a vender a su hijo; Constantino (318 d.C.) prohibió el asesinato a niños… y a partir del siglo XIX aparecieron acciones y organizaciones sensibles, respetuosas y defensoras de la niñez.
En la actualidad la razón nos impide dudar que los niños y las niñas sean personas con autonomía progresiva, con derechos. Sin embargo, en el corazón de muchos adultos se conserva la resistencia a tratarlos como tales, lo cual se traduce en tratos irrespetuosos, insensibles y desconsiderados, cuando no abiertamente violentos. El tráfico de niños y niñas con fines de explotación sexual y obtención de órganos, es el extremo de la desconsideración y se mantiene en niveles muy altos.
Para entender que los niños y las niñas no son de nuestra propiedad sino nuestra responsabilidad y traducir dicho entendimiento en prácticas de relación respetuosas, será necesario más tiempo. Pero necesitamos comenzar por enunciar hoy este principio con tesón, al mismo tiempo que la creación de leyes, reglamentos y mecanismos de justicia realmente efectivos empujen este mensaje. De lo contrario las palabras seguirán siendo eso, palabras, y la infancia continuará sufriendo.
Psicólogo / [email protected]
Foto: Dominio público de Pixabay.
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