SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Guanajuato / Novolato, Sin. / Martes 31 de enero de 2017
La III Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos encontró una nueva fosa clandestina y una osamenta en la comunidad Potrero de Sotaya, municipio de Novolato, Sinaloa. Resultado de la incansable labor de familiares en que, enfatizan, «no buscamos culpables, buscamos a nuestros desaparecidos y esperanza a los familiares».
Entre 80 y cien personas de los estados de Veracruz, Guerrero, Morelos, Nuevo León, Coahuila, Estado de México, San Luis Potosí y Sinaloa integran la caravana que en esta ocasión, en un predio de una hectárea y a una profundidad de poco más de 20 centímetros, realizó el hallazgo de rastros de vestimentas, un cráneo con un orificio del lado izquierdo -aparentemente de bala- y otros restos óseos, que fueron entregados a agentes del Ministerio Público Federal (MPF) para su análisis e identificación.
Si bien los trabajos de búsqueda son iniciativa exclusiva de familiares y organizaciones civiles que les acompañan, fue ahora la Comisión Nacional de Derechos Humanos la que a través de su Primera Visitaduría les brindó apoyo para gestionar el apoyo de elementos de la Procuraduría General de la República, Policía Municipal de Novolato y Policía Estatal de Sinaloa, con el fin de brindarles protección en uno de los predios señalados por ciudadanos anónimos.
Ricardo Sánchez García, quien participa en la expedición como parte del Centro de Derechos Humanos Samuel Ruiz, de San Luis Potosí, explicó que como ha sucedido en por lo menos 70 casos en 12 entidades del país, al realizar el hallazgo intervinieron en el levantamiento un perito del MPF y un arqueólogo forenses, además de una comisión de familiares que atestigua que el procedimiento se lleve a cabo de acuerdo al protocolo y metodología diseñados a lo largo de cinco años de búsquedas.
Cuenta que luego de haber hecho contacto con los centros de derechos humanos Fray Juan de Larios, Miguel Agustín Pro Juárez y de tomar un taller para conocer la metodología de búsqueda en la huasteca potosina, donde se fundó la organización Voz y Justicia por los Nuestros, que acompaña los casos de cerca de 50 desaparecidos, su intención es llevar a la brigada a la zona norte de San Luis Potosí. Ahí, «rumbo a Zacatecas, podría haber fosas clandestinas, de acuerdo a personas que de forma anónima han tenido el valor de ofrecer sus testimonios. Lo importante es aprender la metodología de quienes tienen entre tres y cinco años trabajando en fosas, y toda la experiencia del mundo».
Por lo pronto, el hallazgo realizado en Novolato «me da el coraje para seguir buscando porque sabemos que hay muchas personas que se han encontrado y han regresado con sus familiares. El mensaje es que buscamos fosas para darles paz y esperanza a las familias. No buscamos culpables, no buscamos fosas que nos lleven a delincuentes». Insiste: «Es un trabajo de la sociedad civil, los actores principales son los familiares que se han congregado en asociaciones, que buscan y han creado una metodología. Es una respuesta a la inacción de la autoridad. Sabemos que hay muchos más para ser encontrados, tan solo en Sinaloa hay tres mil y en San Luis Potosí hay muchos más, pero no se denuncia».
Como un rugido, con picos y machetes, el corazón late fuerte
Antes, con sus propias palabras, Ricardo Sánchez relata lo que fue el primer día (lunes) en Sinaloa de la III Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, desde que llegaron al campamento donde entre 80 y cien familiares esperaban los primeros rayos del sol para emprender la marcha hacia el predio señalado con fosas clandestinas. Ahí caminaba impaciente Carolina, con una playera estampada con la imagen de su pequeña Zoé Zuleica, a quien no se cansa de buscar desde el 27 de diciembre de 2015.
«Como un rugido se oía el motor de las camionetas que nos llevaría al lugar elegido previamente por los grupos de avanzada. Perímetro listo para ser rascado con el buscador. De Monterrey, Puebla, Morelos, Ciudad de México, Coahuila, Veracruz, Ciudad Valles y otros estados provenían los familiares que se solidarizan en esta cansada tarea. ‘Yo he compartido el rostro de tu hija en redes, le decían a Caro, ‘Ten fuerza, no pierdas las esperanzas’.
«Por fin el mensaje de salida: ‘Hermanos, les deseo luz en el camino y sabiduría, que vayamos hallando a los nuestros para encontrar la paz que ellos necesitan y nosotros también’. Con picos, machetes, palas y mucha esperanza nos desviamos a Navolato, ese lugar conocido por la canción: ‘Que de Navolato vengo dicen que nací en el roble…me dicen que soy arriero, porque les chiflo y se paran..si les aviento el sombrero ya verán como reparan…hay, mamá por Dios…’. Esa que todos conocemos y hemos bailado alguna vez, y que entonada a coro sirvió de fondo para armonizar el camino. Nos mueve el dolor, la esperanza, pero también el amor y la alegría de estar con los iguales».
El sitio de destino, agrega el activista, es una ranchería escondida entre milpas, zanjas y desierto. Ahí, en Potrero de Sotaya, hicieron alto las y los integrantes de Voces Unidas por la Vida, Voces de Sinaloa, Familiares en Búsqueda, Centro Samuel Ruiz, Fundem y más de 13 organizaciones nacionales acompañan y organizan a las víctimas.
«La varilla surgió en las brigadas de Iguala, Guerrero, y en broma se le llamó tecnología de punta, pero es de gran utilidad para buscar inhumaciones a flor de tierra». De modo que, a eso de las 11:20 de la mañana, «después de ir picando y escarbando en el predio se dio el aviso de que el grupo 1 había localizado un cuerpo. Todos corrimos presurosos a verificar el hallazgo. El corazón late muy fuerte y las manos sudan. !Es algo muy duro. Diosito nos ampare y nos dé fuerzas! Vinieron momentos de oración, llanto, emoción, tristeza y alegría, abrazos fraternos y de aliento, al ver aquella fosa a 20 centímetros de la superficie».
Después de las oraciones pronunciadas por un sacerdote de la Ciudad de México que acompaña la brigada, se hizo la entrega jurídica a peritos y autoridades. «Pero la jornada aún no acababa. Continuamos al grito de: ‘Fuerza, fuerza, vamos por otro. Necesitamos dar paz a más familias’. Al caminar y seguir picando tierra, se oían más comentarios de madres: ‘Este hallazgo es un aliento para seguir buscando y sabemos que podemos encontrarlos’. ‘Cuando los ciudadanos vean que estamos encontrando a los seres queridos, se van a quitar el miedo de decir más o menos en qué lugar saben que hay un cuerpo’. ‘Con miedo nunca los vamos a encontrar, no buscamos castigar, buscamos a nuestros hijos’. Después más espontáneos gritos: ´¡Dónde están, dónde están, nuestros hijos dónde están! ¡De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste!’.
Al final, Ricardo García cuenta la reacción de Carolina, la mamá de Zoé Zuleica que no puede más que derramar unas lágrimas: «Me siento contenta de estar en esta brigada. Seguiré apoyando la búsqueda de personas desaparecidas, aunque yo sé que Zoe mi hija está con vida y que pronto la tendré en mis brazos».
Fotos de portada e interiores: Centro de Derechos Humanos Samuel Ruiz, de San Luis Potosí.






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