SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Domingo 12 de febrero de 2017
Expresado de distintas distintas maneras, el consenso aquí y allá es que Donald Trump es un peligro para todos. En particular para los migrantes y, especialmente, para los mexicanos. Pero no todo está perdido, «la gente tiene la capacidad de pelear por sus derechos», «tenemos la capacidad de ganar, y vamos a ganar», dice el periodista David Bacon, quien por años ha dado cobertura al fenómeno migratorio en la frontera entre México y Estados Unidos, las condiciones de vida de los indocumentados y la manera en que enfrentan el acoso policial, los abusos laborales, la discriminación y la interminable amenaza de las deportaciones.
Lo que pasa ahora con Trump no es nuevo, explica. Barack Obama deportó a mucha gente, lo mismo que George W. Bush. En los años 30 del siglo pasado también hubo muchas deportaciones, había mexicanos que eran subidos a un tren y echados a Ciudad Juárez. En los años 50 a muchos se les expulsaba por hablar español. Tan sólo en un año fueron deportadas un millón de personas, eso en 1954.
«Entonces eso ha pasado antes, pero también ha habido resistencia. En 1960 muchas personas en las comunidades de migrantes se resistieron. Teníamos al movimento chicano para oponernos. Hemos experimentado olas de expulsiones, y a la vez este país tiene una historia de resistencia con los sindicatos y los movimientos de derechos civiles. Ellos, con Trump ahora, están tratando de oponerse de manera fuerte. Con Obama ya teníamos un movimiento muy activo, los Dreamers, que organizaron grandes marchas desde 2006. La gente no está paralizada, está organizándose para resistir».
En este contexto se da la convocatoria de la organización Voces de la Frontera para que este mismo lunes, en Milwaukee, estado de Wisconsin, se lleve a cabo la jornada Un día sin Latinos, Inmigrantes y Refugiados, que tiene como propósito exigirle al alguacil del condado, David Clarke -aliado de Donald Trump-, «que no se inscriba en el programa federal 287g que permitiría a sus sheriffs actuar como agentes de migración», lo que podría ocurrir en el lapso de un mes. Se trata de un programa instaurado a nivel federal en 2011, año desde el que ha habido «un aumento en el perfil racial y violaciones de los derechos constitucionales».
La organización defensora de los derechos civiles explica que las comunidades que se inscribieron en ese programa -como el condado de Maricopa, en Arizona, con el sheriff Joe Arpaio-, «han gastado millones de dólares en defenderse de demandas legales de derechos civiles, mientras crímenes serios han sido ignorados».
La protesta programada para este lunes incluye el cierre de escuelas y negocios, no presentarse a trabajar (con permiso de los empleadores, si es posible) y una marcha a partir de las 11 de la mañana en la que se tiene prevista la participación de miles de migrantes, trabajadores documentados e indocumentados, empresarios y sus familias, partidarios de la comunidad migrante y caravanas de manifestantes de 25 ciudades, además de miembros y simpatizantes de Voces de la Frontera, la Coalición por un Wisconsin Incluyente y organizaciones de la comunidad musulmana. Todo esto como anticipo a la gran manifestación del 1 de mayo, que se realiza cada año en todo Estados Unidos para protestar contra las deportaciones.
El miedo y la importancia de saber que se puede resistir
Por ello, comenta David Bacon, la situación para los migrantes «es peligrosa». Pero no de ahora, sino porque las advertencias de Donald Trump se han repetido desde que estaba en campaña, antes de que tomara posesión como presidente. «En términos de migrantes mexicanos y centroamericanos, todos están esperando una nueva ola de deportaciones, pero no hemos visto cómo la va a implementar. También vemos cómo Trump ha lanzado amenazas contra las ciudades santuario para que sean castigadas con la reducción de fondos federales. Y cuando él (Trump) anuncia que eso tiene en mente, (a la vez) el gobierno federal dice que las policías deben detener personas que puedan deportar aunque su situación migratoria sea legal.
«Reanudar esos programas de cooperación como el 287g provocó que comunidades seguras (para migrantes) los desafiaran; por eso el número de deportados cayó en los últimos dos años. Trump asegura que si (las ciudades santuario) no cooperan el gobierno va a recortarles el presupuesto federal, pero California y Nueva York dicen que no tiene derecho. Hay una resistencia, (a la vez que) una nueva oleada de redadas en el trabajo y (la aplicación de) una ley que dice que no se puede contratar a trabajadores ilegales. En los años recientes muchas personas han sido despedidas de su trabajo, así que se espera que (Trump) pueda forzar a los empleadores a despedir a quienes no tengan documentos. Por eso hay miedo y temor en las comunidades de migrantes, hasta los niños temen ir a la escuela porque creen que sus papás no van a estar en casa cuando regresen».
En ello coinciden algunos de los testimonios publicados este jueves por SomosMass99, como el de la mujer que desde Montana, California, cuenta que los que ya tienen papeles son los más temerosos (…) Piensan que finalmente llegaron de ilegales y si los regresan no será a un país extraño, pero les preocupa de qué van a vivir.
David Bacon comenta que a pesar de todo se puede ser optimista y él lo es porque los migrantes en Estados Unidos tienen toda una historia de resistencia. Ante el ambiente de temor, en las comunidades hay esfuerzos para hacer frente a las redadas y las deportaciones. Las comunidades y las iglesias son muy importantes, la gente se organiza para ofrecer santuarios a personas que pueden ser deportadas y aun los jóvenes van a bloquear el paso de los autobuses que las llevan a los centros de detención.
«Eso lo vimos con los miles de manifestantes que fueron a los aeropuertos. Nadie sabe si Trump va a superar a Obama en (número de) deportaciones, pero la gente está organizándose. En california, Nueva York y otros estados el movimiento es fuerte, en otros es más pequeño. En Nebraska hay esfuerzos de organizar a los inmigrantes, aunque sean comunidades más pequeñas. En California tenemos muchos proyectos locales, tenemos uno de mujeres de centroamericanas y mexicanas, Mujeres Unidas y Activas de trabajadoras domésticas. Son proyectos locales que se acercan y se organizan, y eso ayuda en muchas ciudades para compartir estrategias y tácticas. Hemos visto las grandes marchas de las mujeres, que en lo local fueron organizadas por colectivos de las ciudades. La Hermandad, en Los Ángeles, y hay un sinnúmero de ellos en Nueva York».
Los sindicatos locales son otra arena de lucha. Aunque hay muchos que no son simpatizantes de los migrantes hay muchos otros que sí. «No quiere decir que no vamos a sufrir golpes, se ha causado un sufrimiento muy grande, pero no estamos paralizados por esas cuestiones negativas. A largo plazo pienso que las comunidades de migrantes, a través de la experiencia de 25 años, están más organizados. Se puede ver en California, que hace 30 años fue gobernado por el gran capital, por los republicanos, un partido muy racista, y que con la llegada de la comunidad latina cuando crecieron los niños cambiaron la política de este país, como puede ser en Texas, Florida, Nueva York. A largo plazo podemos hacer un cambio grande».
Entonces, concluye David Bacon, la esperanza en la comunidad migrante está en su capacidad de organizarse y de resistir. «Porque con Trump vamos a ver el crecimiento de los trabajadores huéspedes, va a tratar de satisfacer las necesidades de los granjeros con mano de obra barata. El gobierno tratará de utilizar esos programas de reclutamiento, porque la contratación para esos programas se hacen desde México. Las organizaciones en México deben entender que con esos programas la gente va a tener muchos problemas, una explotación muy importante. Vamos a regresar a la época de los braceros».
Foto de portada: Pixabay.



Comparte en Facebook
Twittéalo








