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Un principio fundamental

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 16/02/2017

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 16 de febrero de 2017

 

Dar y recibir no sólo son verbos, sino un principio que posibilita la subsistencia de los seres humanos.

Pero es necesario que exista un equilibrio entre ambos actos, de lo contrario, el resultado redunda en malestar, empobrecimiento, sufrimiento.

Cuando recibimos un bien o un favor es importante regresarlo a alguien. Se trata de devolver lo que la vida nos aporta a través del prójimo o la naturaleza.

De mi madre aprendí que todo lo que damos se nos regresa, si no a través de la persona a la que ayudamos, sí a través de otra que fue tocada por ésta; si no devolviéndonos el favor a nosotros mismos, sí devolviéndolo a uno de los nuestros; si no de la misma manera en que le dimos, sí de otra igual de benéfica.

Actualmente la prisa con la que vivimos, aunada a la tendencia individualista y competitiva, nos impide colaborar, donar, ayudar, compartir, devolver lo tomado de la vida. Y vale decir que lo que ésta nos proporciona no es poco. Botón de muestra: si estás leyendo esta reflexión es porque, para empezar, recibiste la vida, la salud (cosa que solemos subestimar y obviar con cierta frecuencia y sólo recordamos y valoramos cuando estamos enfermos o al borde de la muerte); también puedes leer esta reflexión porque recibiste una educación que te dotó de la habilidad para la lectura y porque cuentas con recursos para acceder a una computadora o medio electrónico.

Cuando recibimos o tomamos más de lo que damos, rompemos el equilibrio y vamos preparando una congestión. Y es que cada que obtenemos algo adquirimos una pequeña deuda con la vida, y si no la saldamos comenzamos a acumular beneficios que con el tiempo se vuelven una carga.

Probablemente la satisfacción de recibir se viva conscientemente, pero la deuda que se va acumulando y que devendrá en malestar o hastío, no. Esto explica, en parte, porqué algunas personas que han recibido bienes en abundancia terminan por destruirlos, o no logran gozarlos, o terminan envueltos en dinámicas de vida autodestructivas: sinsentido, adicciones o enfermedades de cualquier tipo… Es como si su malestar, síntoma o enfermedad terminara siendo la factura que tuvo pagar por lo recibido en abundancia.

Más nos valdría, pues, vivir en consciencia y practicar la reciprocidad.

Para evitar la “congestión” por los favores obtenidos, te propongo vivir en consciencia cada pequeña o gran cosa que recibes en el día a día y hacerte el propósito de regresar el favor, el bien o el apoyo recibido, pero lo más pronto posible. Porque muchas veces nos quedamos en el primer paso, es decir, en el reconocimiento de haber obtenido un beneficio, pero regresar el favor se queda en intención, solamente.

Regresar algo implica un esfuerzo, una acción y una disposición total para voltear alrededor y encontrar a la persona que necesite de nosotros. Lo interesante es que ¡siempre existe una que necesita algo!: una palmada, una sonrisa, unas monedas, un tiempo nuestro, un auxilio, un recurso. Todas las personas necesitamos de los demás. Esto facilita el equilibrio.

Te imaginas que todos los miembros de la sociedad viviéramos de manera consciente cada bien recibido en la vida cotidiana y enseguida regresáramos el favor: la cesión del asiento en el autobús o el turno en la fila del banco o de las tortillas, el apoyo en una emergencia, el auxilio ante una urgencia, el aliento ante un mal resultado, el soporte ante la adversidad, el consuelo ante la pérdida, la distribución de la riqueza…

El resultado sería una dinámica de equilibrio entre dar y recibir que traería beneficios importantes para todas las personas y para la sociedad en su conjunto.

Hacer de este principio una práctica, una cultura, evitaría, también, las enormes diferencias que existen en nuestras sociedades contemporáneas. Es tan fácil practicarlo, y cualquier día es bueno para comenzar, sólo es cuestión de consciencia, voluntad y ética.

Ya recibiste mi reflexión, ¿qué vas a dar en respuesta? ¿Cuándo? ¿A quién?

Manos a la obra.

* Psicología / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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