SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 21 de abril de 2017
La vida dijo salta,
y me convenció;
alguien dijo calla,
y yo le dije que no.
Carlos Palacio (Pala)
Cantautor colombiano
Ante los signos de descomposición del país y de desintegración social a que nos llevan los neoliberales y sus amos en el poder, con la agudización, entre otros aspectos, de la corrupción tanto en el ámbito público como en el privado, la violencia e inseguridad presentes en todo el territorio nacional, la continuación de una política violatoria de derechos humanos que cancela el futuro y borra las esperanzas de la niñez y la juventud, el empobrecimiento de amplias capas de la población y la entrega de las riquezas y recursos nacionales al sector privado local y extranjero, por citar algunos, se muestra la urgente necesidad de una acción conciente de la ciudadanía y la sociedad que conduzca hacia un cambio que corrija las desviaciones y vicios que impiden al pueblo disfrutar de una vida digna y en paz.
¿Qué tipo de cambio deseamos?
Algunos, en un extremo, deseamos una transformación radical de la sociedad, de modo que ésta se organice de tal manera que se atiendan todas las necesidades de quienes vivimos en este país y que, con excepción de los niños y los ancianos, no existan privilegios; que predominen la justicia, la solidaridad, la fraternidad y la igualdad de oportunidades.
Otros, con que se termine la corrupción; con la elevación de los salarios, con la creación de más empleos y mejor remunerados; con más y mejores oportunidades para estudiar y, en fin, regresar a épocas previas a la neoliberal.
Otros más, que representan una mínima parte de la población, piensan que el actual estado de cosas es el adecuado y que el país no requiere cambio alguno.
Salvo este último sector que sin duda se beneficia con la actual situación, en la mayoría del resto de la población predomina la idea de que es necesario un cambio; que éste debe realizarse por la vía pacífica y que debe realizarse sin la presencia de los políticos y los partidos que han propiciado que el país se encamine al desastre.
¿Ese cambio, es viable en estos momentos?
Quienes creemos que lo mejor sería una transformación radical de la sociedad, sabemos que no se logra de manera inmediata. Es un proceso que debe llevarse con el mayor cuidado y responsabilidad y que, por lo mismo, debemos tener claridad en lo que sería más conveniente en aras de iniciar ese proceso.
El escenario de volver a etapas previas a la neoliberal, es prácticamente imposible; la razón: esa época del sistema, la del Estado benefactor, entró en una profunda crisis, por lo que el capital financiero, el poder hegemónico en el sistema, impuso al mundo sus reglas desde la década de los setenta del pasado siglo (no nuevas, porque desde la gran crisis económica de 1929, cuando las planteó, careció, por su carácter de no hegemónico, del peso necesario para imponerlas), reglas que han funcionado solamente para los grandes conglomerados financieros que han visto incrementar sus ganancias, mediante el saqueo a los pueblos y a los trabajadores de todo el mundo. Por ese simple hecho, su hegemonía, y porque la crisis actual no es solamente económica, sino estructural (y reclama otro tipo de soluciones), sería imposible la vuelta a otras épocas.
El tercer escenario no representa cambio alguno. Es solamente más de lo mismo, con opción a empeorar; sin embargo, es lo que nos ofrecen quienes detentan el poder, a través de sus fieles sirvientes: los políticos que nos gobiernan.
Es importante que lo que se haga tenga como objetivos específicos, entre otros:
- Detener el deterioro de las condiciones de vida y trabajo de los mexicanos;
- Poner un alto al despojo de las riquezas y bienes nacionales y recuperarlos, no para el gobierno sino para la nación; y
- La creación de un clima realmente democrático que permita la más amplia participación del pueblo en la conducción de este país.
Para lograrlo, creemos, sería necesario trabajar en la construcción de un programa mínimo que considere las más urgentes necesidades del pueblo, las medidas que habrán de tomarse y las políticas que se implementarán para implementarlo; todo ello con la más amplia participación posible y con el mayor respeto entre los participantes.
Tendríamos, también, que identificar y ubicar al enemigo del pueblo y a sus representantes en carne y hueso, con el objetivo de neutralizarlos política y socialmente; al mismo tiempo, sería necesario tener claro con quienes podrían establecerse alianzas, siempre en el marco del mayor respeto y trabajando en las coincidencias, sobre todo de objetivos.
Si como sociedad somos capaces de lograr logar las condiciones que nos permitan cambiar el actual estado de cosas por uno con mayor justicia y participación del pueblo, lo demás será menos difícil porque será el mismo pueblo quien defina su futuro. Y este fin de sexenio podría representar la oportunidad.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay
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