SOMOSMASS99
Martha Camacho / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Lunes 24 de abril de 2017
“Me siento halagado de ser tan ‘famoso’, pero sólo mi familia y yo sabemos lo que es padecer. A veces es tanta la tristeza que hasta se quiere llorar”. Habla Ildefonso Zamora, defensor del Gran Bosque del Agua, que estuvo preso injustamente durante nueve meses en Tenancingo, Estado de México y para quien “es muy difícil superar la experiencia de la cárcel, las humillaciones y las amenazas; pero lo que no se supera nunca es la tortura”.

Ildefonso Zamora, indígena tlahuica, defensor de los bosques. Foto: Martha Camacho.
La tristeza le viene porque no concibe que haya tanta injusticia, “que mejor reciba uno apoyo de otros países y no lo apoyen a uno los propios funcionarios”. A Ildefonso Zamora le fabricaron el delito de robo, fue detenido en noviembre de 2015 y liberado en agosto de 2016 gracias al respaldo de Greenpeace, del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y de Amnistía Internacional, a quienes dice “les debo mucho y nunca tendré cómo agradecerles”.
No obstante el dolor y las injusticias, el ambientalista no duda en reiterar su compromiso con la madre tierra, “el cuidado del medio ambiente lo traigo en el corazón”, nos comparte, y asegura que se llevará el orgullo de dejar a sus nietos el bosque. Hoy dedica la mayor parte de su tiempo al cultivo de maíz para autoconsumo y a la preservación de su entorno, pero sobre todo a disfrutar de su familia.

Un afortunado encuentro en el Jardín de la Unión con activistas de Greenpeace.
Ildefonso Zamora ha estado los 56 años de su vida en San Juan Atzingo, una población de no más de cuatro mil habitantes, enclavada en el municipio mexiquense de Ocuilan. El bosque que defiende de los talamontes es parte del Parque Nacional Lagunas de Zempoala, que a su vez integra el Gran Bosque de Agua, una extensión de 120 mil hectáreas que alberga el 2% de la biodiversidad mundial.
Disputa por la tierra
Cuenta Ildefonso que su lucha inicia en 1998 cuando se suma a campañas de reforestación y al combate de la tala clandestina. Todo nace a raíz del conflicto agrario que se sostuvo entre Ocuilan de Arteaga y San Juan Atzingo.
La disputa legal inicia en 1945 cuando se inició el juicio por las tierras; en 1961 un decreto presidencial otorga a Ocuilan el reconocimiento de miles de hectáreas que pertenecían a San Juan.

Defender el bosque con la vida, fue el título de la charla ofrecida en la Casa de la Cultura.
Mientras se daba la batalla en los tribunales, bosques que nunca se habían tocado comenzaban a desaparecer. A finales de 1998 e inicios de 1999 la tala ya era imparable. El argumento de las autoridades correspondientes para no combatir el ilícito es que los denunciantes no tenían reconocimiento legal de las tierras.
Ildefonso se desempeñó como delegado municipal de 1997 a febrero de 2000; “desde ese encargo apoyé a los representantes de bienes comunales”, dice. En agosto del año 2000 fue nombrado representante de bienes comunales con la encomienda de defender y cuidar los bosques. “De nosotros dependía si Ocuilan nos ganaba”, prosigue.
El campesino tlahuica nos revela que en realidad detrás de la lucha por las tierras está una historia de discriminación y despojo que data de 1752-1753, cuando a través de la corona española se definieron linderos, pero Ocuilan nunca los respetó. “Nuestros ancestros no hablaban español y Ocuilan siempre quiso tener el control. Decían que los indios de San Juan no eran capaces de administrar sus tierras”.
Ese es el panorama en el que Ildefonso encabeza la lucha por la titularidad de las tierras de los tlahuicas, batalla que dio con el respaldo de sus compañeros, entre otros de Nicolás Hernández quien se desempeñaba como secretario del comisariado ejidal.

Hoy sabemos la importancia de cuidar el bosque: Misael Zamora.
Los años fueron eternos, recuerda. “Comenzamos a recibir amenazas de los talamontes. Dijeron que me iban a dar donde más me doliera y lo cumplieron”. En mayo de 2007 atacaron a sus hijos en una emboscada; asesinaron a Aldo e hirieron a Misael. A la fecha los asesinos materiales están libres, sólo dos cómplices están encarcelados.
Siguiendo con la historia, apenas un mes después, el 20 de junio 2007 les fue entregada la resolución del tribunal que reconocía la titularidad de las tierras. Una batalla ganada a muy alto costo.
Lo que vino después es una serie de actos de traición de la propia gente de San Juan. “Hay gente traidora. Nos dieron la espalda, algunos se molestaron”, lamenta Ildelfonso, quien relata que esa gente los destituyó de la representación comunal, pero el pueblo no quiso que dejaran el cargo, sino hasta 2012 que se cumplía el término de su gestión.
«He pagado caro las consecuencias de luchar, de no venderme por una casa en Cancún o en Ixtapan de la Sal, como me ofrecieron», platica este ambientalista. Le preocupa que cada día los bosques son menos y la tierra se achica más, le preocupa el cambio climático que resienten en su actividad más común: el cultivo de la tierra. “Antes en mayo sembrábamos y en octubre cosechábamos, hoy no se sabe”.
La herencia, los sucesores
La plática formal que ofreció el campesino indígena tlahuica en la Casa de la Cultura de Guanajuato ha terminado, lo que prosigue es una charla en un recorrido por las empinadas calles de la capital. A Ildefonso lo acompaña su hijo Misael, y dos familiares más.
La Ley Eruviel –que criminaliza la protesta social– es uno de los temas sobre la mesa. Para el ambientalista se trata de una ley a modo para ellos, más cuando ellos (las autoridades) inventan y fabrican delitos, encarcelan injustamente.
Respecto a la articulación de los movimientos indígenas en el país comenta que pertenecen al Consejo Nacional Indígena y aunque no pueden acudir a todas las reuniones, se mantienen informados de los acuerdos. Sin embargo, señala: “Los indígenas somos los que más sufrimos el despojo de tierras y los recursos naturales, principalmente por las autoridades. Depende de cada carretera u obra que se hace”. Pero nadie va a parar la lucha, nadie va a frenarla, asegura.
Atentos a la plática, Misael y Gustavo, hijo y sobrino de Ildefonso, recuerdan que cuando sus padres estuvieron al frente del comisariado se metieron de lleno a su responsabilidad. “Nosotros estuvimos como su familia apoyándolos, ellos al frente y nosotros respaldándolos”.
Cuando estábamos más chicos no teníamos idea de lo que estábamos defendiendo, pero hoy sabemos su valor, que es mucho y es para todos, coinciden.
Dejar que el toro juegue…
Hace un mes en San Juan Atzingo eligieron a un nuevo comisariado ejidal, apenas llegaron las nuevas autoridades y los talamontes se hicieron presentes incendiando vehículos, como poniéndolos a prueba, comentan. Con la sabiduría que le da su historia de vida, Ildefonso Zamora dice: “Ellos quisieron ser representantes, pues que enfrenten los problemas. Por ahora vamos a dejar que el toro juegue, porque los toros salen de adentro; de afuera todos aplauden y todos gritan olé”.

Por el Día de la Tierra
Ildefonso Zamora estuvo este sábado 22 de abril en la ciudad de Guanajuato para compartir su historia de lucha por la defensa de los bosques en el marco de la celebración del Día de la Tierra. También participaron en el evento Carlos Guzmán de Amnistía Internacional; David Robledo del área de Cambio Climático del Instituto de Ecología y Enrique Avilés del Consejo Ecologista Guanajuatense.
En su presentación, Avilés destaca que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos hay un retroceso en la política ambiental norteamericana que afecta a todo el mundo, se pretende regresar a formas de trabajo propias del siglo XIX. “Y se descalifican, desacreditan y rechazan las evidencias científicas -como se hacía en la edad media- relativas al calentamiento global, el cambio climático y la extinción masiva de especies. Los griegos acuñaron la palabra hybris para referirse a la desmesura, la transgresión o el atropello a los otros, a la violencia demencial, los griegos también crearon un aforismo que afirma “A quienes los dioses quieren destruir primero los vuelven locos”, Donald Trump es un claro ejemplo de todo esto”.
Foto de portada: Cortesía.
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