SOMOSMASS99
La Mojarra* / SomosMass99
Miércoles 24 de mayo de 2017
Hace casi 30 años:
Yo era bi-ciudadana, francesa casada con un mexicano, y al ir a vivir a los USA con mi esposo, que ya estaba allá, decidí pedir la green card con la idea de no perder mi ciudadanía mexicana.
Fue ser mandados mis dos hijos y yo a una oficina especial para interrogatorio, a la llegada al aeropuerto, por no contestar bien una pregunta.
Fue andar con miedo cada que se requería enseñar mi pasaporte con visa expirada, como para recoger un paquete (en el aeropuerto, de nuevo).
Fue aprender que la espera por papeles de admisión podía ser de 11 años para nuestra familia mexicana, cuyo padre ya tenía la green card por beneficiar de la amnistía.
Cuando llegó el momento (unos años nada más), fue pedir prestados dos mil dólares para ir a la frontera, a El Paso, Texas, desde San Francisco, y para los tramites, sin ninguna idea de cómo se iba a poder reembolsar.

Fue esa experiencia increíble, de esperar en un inmenso hangar, mis hijos (de 8 y 12 años) y yo, a que nos llamaran para pasar las pruebas.
Prueba médica: yo, desnuda con nada más un delantal en la parte de frente, el médico revisándome el fondo de la boca, como a una esclava, o una yegua, mientras me interrogaba:
– «¿Trabaja usted, en los Estados Unidos?«.
A mi hijo de 12, por llevar un arete, se le preguntó si pertenecía a un gang.
A mí y a mi hijo mayor, prueba del sida, pero no al niño de 8.
Por fin, fue aparecer con tantas ansias, frente a la persona que iba a entregarnos o rehusarnos la «green card».

Nos miró, me dijo que tenía unos hijos muy guapos , y así fuimos aceptados a los U.S. con papeles oficiales.
¡Eso sí nos supo a gloria!
* Este relato forma parte del proyecto Somos La Mojarra, vivencias y anécdotas de los dos lados. Lo hacen Margarita Claro, desde los Estados Unidos, y Gwenn-Aëlle Folange, en México.
Relatado por Brial. / Voz: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
Fotos de portada, audio e interiores: Brial / Somos La Mojarra.
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