SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 22 de junio de 2017
A pesar de la multiplicidad de modelos familiares que existen en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo, continúa la falta de aceptación y respeto a la diversidad. Esto genera que en ocasiones las familias que se salen del modelo predominante (las compuestas por papá, mamá e hijas/hijos biológicos) reciban comentarios imprudentes y opiniones poco sensibles que generan molestia, inseguridad, enojo y hasta sufrimiento a sus miembros.
Una joven de 17 años me comentaba con total franqueza y calma que ella no tiene inconveniente que la gente sepa que fue adoptada, pero procura ser discreta evitando contarlo a quien sea o dar detalles al respecto, y no porque para ella sea vergonzoso sino porque ha visto que la gente de su entorno no sabe cómo tomar esta información o en ocasiones de plano terminan haciendo historias dramáticas o hasta chismes de algo tan personal.
Como botón de muestra me compartió un par de trozos de diálogos que entabló a través de las redes sociales y que dan cuenta del prejuicio de sus pares al saber de su adopción (y me autorizó compartirlas con la intención de contribuir a la cultura de la adopción).
El primero contiene su argumento en respuesta a la expresión de otro joven (no se sabe el sexo pues en las redes sociales se puede gozar de anonimato): “¿Adoptada?, auch qué feo”:
“¡Feo!, ¿por qué? Es de las cosas más bonitas que puede haber, porque no tengo sólo dos personas que me quieren y quisieron, sino cuatro: mi madre biológica —que aunque no estoy con ella, me cuidó por nueve meses, y eso no muchas personas lo hacen—, su pareja que la apoyó para darme en adopción, más aparte mis padres, que aunque no soy producto de ellos, me aman como si lo fuera. Yo no me siento mal ni creo que la adopción sea algo feo porque sé que la persona que me dio la vida me amó mucho y me cuidó; pudo haber hecho cualquier tontería pero no lo hizo, y por eso, aunque no la conozca, la quiero mucho. Ser adoptada no es feo, no soy diferente a ti, pues también cuento con una familia y soy feliz por cada cosa que tengo”.
Tremenda clase de tolerancia y reconocimiento de lo diverso. Tremendo discurso que contribuye a la comprensión de la complejidad de los seres humanos, de las raíces de la felicidad y de lo que nos hace iguales.
Su segundo argumento compartido responde a una expresión sumamente lamentable, intolerante, violenta…: “Los adoptados no deberían existir”:
“¿Por qué dices eso? ¡No m… pendejo! ¡Ni que fuéramos diferentes tú y yo! Ambos tenemos familia, ambos tenemos casa, ambos comemos, ¿o no? Yo soy feliz, no sé cómo seas tú. Ser adoptado no tiene nada de malo, porque a mí me quieren, me quisieron y me esperaron dos mamás, una en su vientre y la otra en su corazón. No somos de Marte ni diferentes a los que no son adoptados. Por cosas como las que tú dices el mundo no avanza. ¿Ves la diferencia entre nosotros? Yo la única que veo es que tengo otra familia que no conozco, pero tengo una que me ama a pesar de no ser de ‘su sangre’. ¿Realmente le encuentras algo feo a esto?”
El argumento al que da respuesta esta joven es lamentable porque, entre muchas otras cosas, no es más que la reproducción del discurso social en labios de quien lo enuncia. Recordemos que los y las jóvenes aprenden de lo que ven y escuchan en su entorno.
Nótese que al decirle pendejo no existe dolo sino reacción, defensa y simplemente descripción, pues de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, pendejo significa hombre cobarde y pusilánime, es decir, sin valor ni espíritu, y sólo alguien así puede expresar tal cosa.
Esto sucede en pleno siglo 21, donde la desinformación e ignorancia acerca del tema tiene múltiples manifestaciones de intolerancia y falta de respeto en la vida cotidiana.
La adopción sólo es una forma diferente de hacer familia. Las familias adoptivas tienen más semejanzas que diferencias respecto a las biológicas, al mismo tiempo que también tienen sus especificidades familiares. Pero no tienen mayor o menor valor que otras. No hagamos de la diferencia desigualdad. Porque ésta es la plataforma para las pequeñas y grandes discriminaciones y violencias cotidianas.
*Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay
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