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Diálogo Estado / Top News / 14/07/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 14 de julio de 2017

 

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.

Fidel Castro

Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente

y Desarrollo. Río de Janeiro 12 de junio de 1992.

Cuando en una reunión de dirigentes de los países que conforman el G20 se requieren más de mil policías por cada uno de los países participantes, para garantizar la realización y la seguridad de esa reunión, como recientemente ocurrió en Hamburgo, Alemania, y ha ocurrido en cada ocasión que se reúne ese grupo, o en les foros de Davos o las famosas “cumbres” que realizan los poderosos del planeta; ello es síntoma de que algo está podrido no sólo en Dinamarca, sino en casi todo el mundo.

Esa protección es necesaria por el inmenso rechazo a las políticas económicas que se han impuesto en casi todos los países, políticas que privilegian al capital monopolista y, en cambio, quienes deben trabajar para subsistir enfrentan cada día más exclusión, privación y obstáculos para vivir dignamente. Por ello la gran mayoría de los que participan en esas manifestaciones de repudio al sistema capitalista son trabajadores y sus familiares, pertenecientes a los más variados estratos laborales y sociales.

El factor común, el elemento capaz de convocar a amplias capas de la población en su contra es el capital monopolista y su representación en “carne y hueso”: la oligarquía, el sector hegemónico de la clase dominante que con su Estado crea las condiciones necesarias para la reproducción y permanencia del sistema de dominación y explotación.   

En los países ricos y desarrollados las principales causas de rechazo al sistema son, entre otras: el desempleo, la desigualdad, la corrupción, el empobrecimiento de los trabajadores, el despojo de conquistas laborales y sociales y la cancelación del futuro para la juventud; en los países pobres, el subdesarrollo, la dependencia y la pérdida de soberanía agudizan esas causas y agregan otras como la ignorancia, la violencia, la miseria, el despojo y dilapidación de las riquezas naturales, la insalubridad y la explotación. Y en ambos, desarrollados y subdesarrollados, debido a la incesante e inclemente búsqueda de la ganancia a cualquier precio, la depredación y devastación de la naturaleza han alcanzado niveles que representan un grave peligro para la existencia de nuestra especie. Todo lo anterior es una forma de violencia que ejerce la clase dominante de cada país sobre los pueblos y la naturaleza, violencia que se da en el contexto de una crisis estructural en la que las contradicciones propias del sistema le impiden salir de ella, crisis que solamente se resolverá con un cambio radical de la sociedad en los aspectos económico, político, social y cultural.

Y aun cuando a través de los medios de información, también monopólicos, le atribuyen ese rechazo a sectores violentos de la sociedad o a grupos radicales, la mayoría de los manifestantes lo hacen en forma pacífica. La violencia aparece en los excluidos cuando la unidad es frágil, debido a falta de claridad en los objetivos o diferencias ideológicas que llevan a posiciones irreconciliables desde las que la única vía que se advierte posible para la solución de los problemas es esa; la violencia también puede surgir de grupos de provocadores manipulados por el Estado, acciones en las que se vale del lumpen que el mismo sistema genera.

Hoy, los pueblos tienen un enemigo común: el capitalismo, que en su fase actual, el imperialismo, se manifiesta crudamente a través de su fracción dominante, el capital monopolista (financiero e industrial) y su personificación, la oligarquía. Es ese capitalismo la causa de los problemas más graves que padece el mundo y el mayor peligro para la humanidad.

Por ello somos muchos los convencidos de que la lucha por las demandas para resolver los problemas de todo tipo que padecen los pueblos debe incluir, como un eje estratégico, la lucha por la vida; lo que en un sentido más amplio significa luchar por una convivencia pacífica, solidaria y equitativa entre los seres humanos y en plena armonía con la naturaleza. Solamente de esa manera podremos alcanzar una vida digna y feliz.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

[email protected]

Foto de portada: Pixabay.






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