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©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 24 de agosto de 2017
El deseo de que los hijos no se vean afectados ante el divorcio es válido, sin lugar a dudas, al mismo tiempo que imposible. Toda separación implica afectación para todos los miembros de la familia. Es un suceso plagado de emociones no gratas derivadas de un suceso que cambia la dinámica de vida de manera importante.
Para los hijos suele ser fuente de ansiedad, incertidumbre, inseguridad; los fantasmas del abandono hacen su aparición: “si mis papás se pudieron dejar también me pueden dejar a mi”.
La separación de la pareja y sus causas es un acontecimiento altamente complejo para ser comprendido a cabalidad por parte de las niñas y de los niños. El pensamiento concreto de éstos dificulta la comprensión de los motivos que llevan a dos personas que se unieron por amor y se amaron por unos años a dejarse de amar. Y nuevamente el fantasma del abandono: “si esos dos que se amaban ya no se aman entonces también pueden dejar de amarme a mí”.
Los niños suelen pedirles a sus padres que reconsideren su decisión, que regrese a casa el que se fue, que vuelvan a quererse, que vuelvan a estar juntos. “¿Por qué es tan difícil esto?”, se preguntan desde la lógica de su pensamiento concreto.
“Los adultos se unen porque se quieren y se apoyan, pero cuando esto ya no es posible lo mejor es separarse para no hacerse daño ni dañar a los hijos”, es una explicación verídica, pertinente, necesaria. Aún así, los padres no deberían pensar que dicha explicación bastará para que sus hijos estén en paz, pues resulta una explicación difícil de entender en la niñez temprana (antes de los seis años) y difícil de asumir en la niñez intermedia (edad escolar), lo cual detona sentimientos de tristeza, dolor, inseguridad, soledad, abandono.
No se puede pretender que las niñas y los niños sigan actuando de la misma manera y sigan siendo los mismos después de que un cambio trascendental ha ocurrido en la organización familiar. Esperado ha de ser un periodo de crisis y afectación que se reflejará en algunas áreas de su vida, derivado del reajuste logístico, la crisis emocional y en ocasiones económica de los padres, así como del impacto emocional en el niño.
Los recursos para procesar el divorcio y sus implicaciones son limitados en la infancia; la ansiedad y el malestar aparecen en el cuerpo y en la mente infantil y se manifiestan en conductas inadecuadas, en comportamientos desorganizados.
Ante este escenario la labor de los padres (y adultos en interacción con el niño) consiste en decodificar el comportamiento infantil, detectar la necesidad afectiva detrás del las conductas y de las actitudes y atenderla.
¿Cómo se hace lo anterior, cómo “descifrar” el comportamiento del niño? Estando cerca de él para observar sus movimientos, sus gestos, sus reacciones sutiles que anuncian la ansiedad, el estrés, el malestar. Los padres que antes del divorcio tenían un vínculo estrecho con sus hijos conocen muy bien el lenguaje corporal de sus hijos y desde ahí pueden cubrir sus necesidades afectivas con relativa facilidad.
La labor se complica cuando los padres no tenían un vínculo estrecho con su hijo. En estos casos resulta más difícil comprender las reacciones del niño ante el divorcio, por lo que ahora más que nunca es momento de acercarse a él para intensificar y fortalecer la relación y convivencia que permita conocer al hijo, su lenguaje verbal, pero sobre todo, su lenguaje no verbal.
En este momento la paciencia, flexibilidad y comprensión hacia el comportamiento del niño es esencial. Que los papás se hayan separado y uno de ellos se haya ido de casa no es poca cosa para el niño, sino una tormenta implacable que pone a prueba todos sus recursos para la salir adelante.
Mientras pasa la tormenta seamos pacientes con la baja de calificaciones, con el desánimo para jugar con sus compañeros, con la rabia manifestada en uno que otro pleito con sus pares o maestros, con las reacciones de enojo, oposición y rebeldía hacia sus padres, con la irritabilidad frecuente…, porque estamos ante un niño afectado en lo esencial. Preocupante sería que no manifestara reacciones ante la ruptura del vínculo conyugal, ¿no crees?
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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