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Las catarinas de los niños

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 07/09/2017

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 7 de septiembre de 2017

 

“Lo único y más importante que tienes que hacer en este momento es cumplir con la escuela, con tus estudios”, es el tipo de expresiones que salen de boca de los adultos. La intención es buena, pero la expresión resulta desatinada. El problema es que a base de repetición se vuelve una creencia social.

En realidad los niños y las niñas tienen muchas otras cosas igual o más importantes por hacer que cumplir con lo académico, solamente. ¿Por ejemplo? Jugar, explorar, convivir, reconciliarse con el amigo, integrarse con el grupo de niños del barrio, aprender a conducir la bicicleta, dominar el balón, conseguir abrocharse las cintas de los zapatos, ponerse la ropa, lograr trepar al árbol, entender y manejar sus sentimientos, superar sus miedos, atrapar un grillo, ¡resolver la confusión que le provoca las incongruencias y demandas —en ocasiones inútiles— de los adultos! y un largo etcétera.

Sucede que los adultos al conseguir dicho estatus extraviamos los lentes del niño que fuimos y olvidamos lo importante.

Graciela entró a una etapa donde su adquisición de habilidades cognitivas la tienen fascinada alrededor del lenguaje. Ahora le ha dado por aprender y repetir palabras que resultan nuevas y atractivas: “alebrije”, “tornamesa”… Hacer rimas es su principal logro. Pero es el cuarto para la hora y la escuela la espera. Mamá la tiene que llevar puntual para que no le cierren la puerta, pues después de dejarla ahí tiene que cumplir con su trabajo. Tensión. “¡Apúrate!”. Graciela no deja de hacer rimas. “¡Vístete ya!”. Los versos son más atractivos que las instrucciones de mamá. Pero la realidad se impone. Graciela deja de rimar para ir a sus labores: la escuela, el estudio.

Qué curioso, por sí sola Graciela creó un momento de aprendizaje significativo. Comenzó a estimular su lenguaje y las habilidades cognitivas asociadas (atención, concentración, articulación, imaginación…) gracias a que se encontraba con la persona más importante y querida de su vida, su mamá, en el lugar más seguro del planeta, su cuarto, su casa, pero ahora hay que llevarla a un lugar que no es el suyo: la escuela, con una persona que apenas está conociendo —pues el ciclo escolar apenas comienza—: su nueva maestra. Todo esto para que aprenda y estimule su cerebro. Es decir, para que haga lo que ya estaba haciendo en casa.

Cuando vuelve al hogar, trae consigo una catarina. La mira, la cuida, la protege. Pero se hace tarde, hay que comer rápido para ir a clases de piano. “¡Ven a la mesa ya!”, grita mamá. “Ya voy, tengo que hacerle una casita a mi catarina”, responde en tono de “me falta mucho”. ¿Qué hacer? ¿Exigirle que deje ese insecto en paz y venga a la mesa? ¿O permitirle que la atienda a riesgo de que la comida dilate y no lleguen a tiempo a la siguiente clase? Afortunadamente la mamá opta por lo segundo.

Al cabo de unos minutos la niña regresa a la mesa y trae a su catarina con una sofisticada casita: un frasco con ramas. Come en paz y acompañada de su nueva amiga, la catarina, fuente de un buen diálogo con mamá.

¿Es más importante la clase de piano que el reconocimiento de un bicho, su respectivo cuidado y la convivencia en calma con mamá?

¿Quién determina lo importante para los niños y las niñas? ¿Cuál es el criterio? ¿Por qué no puede coincidir aunque sea un poco la percepción del niño con la del adulto? ¿Con qué lentes miramos unos y otros? ¿Cuáles son más nítidos?

Vivimos en una cultura adultocéntrica donde la mirada de los mayores es la importante. Las instituciones, los programas, las ciudades, las calles, las rutinas… están hechas en función de éstos y no de los niños, ¡aun los parques para niños! (tal vez por eso les resultan poco atractivos). Nos corresponde la construcción del paradigma que conduzca al buen trato a la infancia.


Fundación América por la Infancia existe para movilizar un cambio de paradigma en nuestra relación con los niños y niñas en todo el continente, a través de múltiples acciones. El diplomado “Parentalidad, Apego y Resiliencia” en las ciudades de Monterrey (noviembre) y Mérida (enero) es la próxima. Mayores datos en: [email protected]

* Psicólogo / [email protected]

Fotograma de portada: Youtube.






Luis López




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