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“De un día para otro empezamos a vivir dentro de la fábrica”

Sociedad Global / Top News / 15/09/2017

SOMOSMASS99

 

 Gustavo Figueroa* / Pressenza**

Neuquén, Argentina / Viernes 15 de septiembre de 2017

 

Trabajadores despedidos de la maderera M.A.M.: entrevista a Víctor Pérez.

Newenken, Territorio Mapuche.- Víctor se crió sin mamá. Comenzó a trabajar desde muy chico como vendedor ambulante. A los 9 ya recorría las calles de Neuquén ofreciendo medias, relojes, ojotas y alfajores. Pasó poco más de diez años haciendo lo mismo, rebuscándoselas como podía, hasta que ingresó, a los 20 años, a Maderas al Mundo (M.A.M).

El cambio fue esperado y notable. A los dos años, de ingresar en la maderera, Víctor se compró un terreno, al quinto año ya había construido su casa y estaba viviendo en ella, junto a su compañera y tres de sus cuatro hijos. ¡Víctor tuvo que pasar 7 años sin tomarse vacaciones para lograr el sueño de la casa y la familia! Prácticamente Víctor construyó su hogar sólo con la ayuda de su padre. “En la parte donde vivíamos no llegaba el gas. Teníamos una salamandra y yo llevaba la leña de acá”. Pero el hijo mayor de Víctor nació con problemas cardíacos, y ya no pudieron calefaccionarse con leña.

Hoy, con 45 años, Víctor va a ser abuelo. Su hijo menor va a tener una nena, que se va a llamar Aluminé. Pero Víctor no se encuentra en el mejor momento: “voy a ser abuelo y en este momento debería estar dando una mano a mi hijo, y estoy acá en la fábrica”. Con la fábrica detenida, Víctor y sus compañeros han resignificado el tiempo y el espacio de trabajo:  “De un día para otro empezamos a vivir dentro de la fábrica; con mis compañeros, que estábamos ocho horas, ahora estamos casi 24 por día”. Antes los trabajadores intuían que M.A.M. era parte de su casa. Hoy Víctor lo confirma y lo extiende hacia su espacio familiar: “un día los encontré a todos juntos y les dije que ésto no lo iba a entregar así de fácil, que entendieran que yo no iba a estar en la casa por esta lucha”. ¡Víctor ha dejado la vida y un poco más dentro de la fábrica!

Durante 23 años, entre la harina y la resina del sector de prensado, Víctor movía 300 kilos de peso por día -más el peso de las maderas ya prensadas-. ¡Víctor porta en su cuerpo, como un tatuaje, la huella que ha dejado el trabajo sobre su cuerpo! Víctor tiene la columna desviada y le detectaron dos hernias de disco. Sin embargo, hoy se cumplen 60 días desde que Gustavo Bergese -con apoyo del Estado provincial- dejó sin trabajo a Víctor, a su familia y a 93 familias más.

Esta entrevista no es una entrevista que pretenda sensibilizar a los posibles empleadores – victimarios, sino más bien, resulta un documento necesario que debe ser leído por todos los trabajadores y las trabajadoras que en este momento estén atravesando -o cerca de estar en- situaciones similares a lo largo del país. La consciencia de clase se puede heredar, o puede ser el resultado del empoderamiento de los trabajadores durante la práctica y la elaboración de respuestas frente a las imposiciones acaparadoras e individualistas del patrón. La lucha de Víctor y la de sus compañeros y compañeras es un ejemplo de ello.

 

Retrato de Víctor Pérez dentro de Maderas al Mundo (M.A.M.)

Introducción.

“Mi nombre es Víctor. Acá me dicen ‘el negro’; ‘el negro’ Pérez. Entré a trabajar acá a los 20 años. Antes trabajaba en la calle. Era vendedor ambulante. Me junte con mi mujer. Íbamos a ser padres y no tenía muchas opciones de trabajo, así que entré a trabajar a M.A.M. Me tomaron por unos meses, después me dejaron, y así fue como comencé a trabajar en esta empresa. Hoy en día voy a cumplir 25 años dentro de la fábrica y 45 años años de edad; así que más de la mitad de mi vida la tengo metida acá adentro. He criado a mis hijos, he hecho mi casa, y bueno todo lo que requiere eso, lo he hecho trabajando en esta fábrica”.

Con Víctor hicimos una recorrida precisa dentro de la fábrica. Nos detuvimos  específicamente en el área de prensa, “acá se arma el terciado, y se cocina el terciado”, me advierte Víctor. En la anterior entrevista (véase “Dignidad también es luchar por lo que uno quiere”) sólo realice una cobertura por fuera de la fábrica. Ahora al ingresar en ella veo la dimensión de la misma. A continuación mantendremos un diálogo exhaustivo con Víctor, en donde él me contara su vida, plagada de imposibilidades y limitaciones, pero en la que también reconoceremos la relación de esas limitaciones e imposibilidades con respecto a las decisiones “económicas” que ejecuta el pensamiento del patrón, muy presente en nuestra cultura.

Kiñe.

Primer capítulo.

“De un día para otro empezamos a vivir dentro de la fábrica”.

“En esta parte donde estamos ahora yo estuve 23 años trabajando. Es uno de los lugares más sacrificados de la empresa. Hace un año y algo me corrieron para otro sector. Pero siempre he trabajando acá, en el interior de la fábrica. Hoy en día nos encontramos en una situación que no se la deseo a nadie. Llegamos un día y nos encontramos con la puerta de la fábrica cerrada, con el dueño diciéndonos que estábamos la mitad de los empleados despedidos, y la otra mitad suspendidos por un mes sin goce de sueldo. Eso fue un clic que nos hizo a todos. En realidad no sabíamos qué hacer en ese momento, lo único que queríamos hacer era entrar en la fabrica, cosa que hicimos. No obedecimos la orden de nuestro jefe y acá estamos desde hace 60 días resistiendo, todos juntos. Y tratando de tirar para un mismo lado. Queriendo que esta fábrica se reabra, porque es nuestra fuente laboral. Es parte de nuestra vida todo ésto. Así como yo, acá hay gente que tiene muchísimos más años de antigüedad que yo. Tenemos gente de 38, hasta 47 años de antigüedad. Y los que menos tenemos acá cumplimos 16 y 17 años de antigüedad.  Y algunos chicos que han entrado los últimos años, que son poquitos. ¡Tratamos de paliar esta situación que nosotros no buscamos”.

Todos los trabajadores afirman lo mismo: fue una vida de estabilidad, contra 2 de inestabilidad. ¡No es un dato menor! Como me contará más adelante en la entrevista Víctor, M.A.M. sobrevivió al menemismo y a la crisis del 2001. Pero a su vez no hay que olvidar que el proyecto extractivista y petrolífero en la región tiene larga data, es histórica y compromete a varios gobiernos. Mejor dicho, deberíamos preguntarnos, ¿qué gobierno, desde la fundación de Argentina, no ha tenido el mismo proyecto de expropiación del territorio, en detrimento de la propia sociedad? Hoy este proyecto extractivo de destierro a llegado a niveles extremos destruyendo: a) las vías de acceso al resto del país (vías del tren), b) la producción frutícola (dentro de las chacras). El desarrollo de la producción extractiva genera espacios y escenarios directamente relacionados con la extracción petrolífera; un proyecto que no solamente ocupa espacios, sino que además genera el destierro de comunidades completas y la eliminación sistemática e indiscriminada de trabajadores y trabajadoras.

“Nosotros de ser personas normales, y ésto no quiere decir que ahora no le seamos, pero de ser un laburante normal, de ir a la casa, venir a trabajar, y la vida cotidiana, se nos pasó a cambiar la vida totalmente. De un día para otro empezamos a vivir dentro de la fábrica; con mis compañeros que estábamos ocho horas, ahora estamos casi 24 por día. Y bueno tratando de torcerle el brazo a esta política que tienen los empresarios de este país, amparados por los gobiernos de turno, que uno se da cuenta cuando le pasa, porque si no la miras de afuera y no te das cuenta lo que realmente está pasando en un lugar. A nosotros nos pasó eso. Nosotros teníamos vecinos acá al frente, otra fábrica que han tenido grandísimos problemas y siempre los veíamos de afuera quemando gomas, haciendo marchas, repartiendo volantes y pensábamos que nunca nos iba a pasar eso. Y una vez que te pasa ahí azotas la cabeza y decís que ésto no le tiene que pasar realmente a nadie. ¡No se lo deseo a nadie! La verdad que no se lo deseo a nadie. De ser un laburante normal, pasamos a andar pidiendo en las calles para poder subsistir. Tenemos que hacer cosas que nunca íbamos a imaginar hacer. Hay un grupo de persona acá que todavía no cae dentro de lo que está pasando. Y hay otro grupo que tiene muy claro los que nos está pasando, que son los que día a día, tratamos de poner el hombro para que esto salga adelante, porque la única solución que tenemos nosotros es que nos devuelvan nuestro trabajo. La dignidad de una persona es el trabajo. Así lo sentimos la mayoría de los que estamos acá.”

En un radio de menos de 500 metros, con la Ruta Provincial N° 7 como punto en común y de referencia, se pueden visualizar tres “focos” de trabajadores en lucha: las obreras textiles primero, las trabajadoras y trabajadores de la cerámica FASINPAT (Fábrica sin Patrones) y los trabajadores y trabajadoras de M.A.M después. Todos son víctimas del mismo mismo opresor y del mismo proyecto acaparador. El destino de la ruta 7 es el petróleo.

Epu.

Segundo capitulo.

“Estuve como 7 años sin tomarme vacaciones”.

“La verdad que fue un cambio grande. De no mandarme nadie en la calle, comenzaron a mandarme acá dentro. Ese fue un cambio terrible. En lo personal y familiar fue muchísimo mejor porque el mango en la calle a veces es difícil conseguirlo y acá tenía un laburo estable, una obra social para mi esposa, para mi hija que iba a nacer. Entonces cambió un montón. Alquilamos en ese tiempo, había que pagar el alquiler todos los meses, así que algo estable tenía que tener. Una vez que entre acá, le empecé a tomar el cariño al laburo. Laburé muchos años sin tomarme vacaciones porque al tiempito que entre en M.A.M. pude comprarme un terreno, empecé a hacer mi casa, así que estuve como 7 años sin tomarme vacaciones. Yo entre a los 20 y como a los 27, 28 años pude, recién, tomarme unas vacaciones. Ya mi casa la tenía bastante hecha, ya tenía otro hijo más. Actualmente tengo 4 hijos. Son todos grandes, pero en ese tiempo tuve dos nenas seguiditas. Y dos, tres años después tuve dos varoncitos seguidito, así que siempre la juventud nuestra, con mi mujer, fue cuidar a nuestros hijos.”

“M.A.M es una mina de oro”. Víctor Pérez en el área de prensado. Detrás de él una pila de madera terciada.

Con Víctor recorrimos los tres sectores donde el debía que moverse como trabajador de M.A.M. Los tres sectores corresponden a una mismo área. En esas tres áreas Víctor manipula harina y resina por un lado, y la madera por otro. Cuando Víctor se sentó y eligió un lugar quedó detrás de él una larga fila de maderas “feteadas” a modo de láminas. En el cuadro de composición podía registrar la gorra de trabajo de Víctor, parte de su rostro y en el fondo, el área de trabajo. El área de trabajo, luego de 23 años, pasó a ser parte del cuerpo de Víctor. El objetivo de Víctor siempre fue bien concreto y específico: formar una familia (grande) y construir una casa propia. A ese objetivo Víctor le puso el cuerpo.

“Y de mi parte también logré la casa que tanto anhelaba. De a poco fuimos creciendo como familia, educando a nuestros hijos; todos tienen su buena educación. Tengo chicos en la universidad que están estudiando. Tengo un hijo que se me junto. Voy a hacer abuelo dentro de poco. Pero siempre bien. Por eso recalco lo del trabajo, la dignidad de la persona. En ese tiempo, cuando joven para nosotros, fue lo mejor que nos podía haber pasado porque al ser padres jóvenes, tener trabajo, ante una situación la podes palpar, sabes que vas a sufrir, pero no vas a sufrir tanto como no teniendo un trabajo. Así que de joven, siempre me gusto trabajar. No es que sea el más trabajador, pero no le tengo miedo al laburo. Aparte mis padres me han enseñado eso. La virtud de tener un lugar donde venir a laburar, poder criar tus hijos con ese trabajo, hacer tu casa, tener una buena familia, todo eso es lo que te lleva a querer más tu puesto laboral, pasa a ser algo tuyo, aunque no lo quieras, el laburo es así. Uno cuando es joven capaz que no se da cuenta, pero cuando vos te juntas y queres tener una familia, y ya tenes proyectos más grandes, de tener tu casa, de tener tus cosas, es fundamental el laburo para una persona. Nosotros con mi mujer somos gracias a Dios, bastante luchadores. Mi mujer también laburante de la vida. ¡Siempre haciendo! En ese sentido somos bastante laburantes, es por eso que duele tanto esto que pasa hoy, pero estamos luchando, tratando de superar esta situación. Ya mi hijos están criados, son todos grandes, esta tendría que ser la parte en donde tendría que estar disfrutando de esta etapa de la vida y no es así, por ahora, pero no perdemos la esperanza de que ésto se arregle, se componga.”

La casa de Víctor ya está hecha, sus hijos están grandes, pero también es verdad que dentro de la fábrica muchos trabajadores no se han alcanzado a jubilar, o al poco tiempo de jubilarse han fallecido. El trabajo de la fábrica es desgastante, incluso en un contexto aparentemente ideal. Hoy el contexto no es ideal, ni muchos menos. Víctor concluye este capítulo con una frase más que certera para definir su situación familiar, pero también la de muchos compañeros y trabajadoras del país que han dedicado una vida a un mismo lugar de trabajo.

“Voy a ser abuelo y en este momento debería estar dando una mano a mi hijo, y estoy acá en la fábrica.”

Küla.

Tercer capítulo.

Conciencia de clase: “O vamos a perder todos o vamos a ganar todos, pero no le vamos a dar el gusto que se la lleven así ‘nomás’”.

Lo indignante es el trato, el desprecio constante. Negar al otro no puede derivar en ningún espacio digno. Mucho menos cuando todos los trabajadores del lugar han dedicado más de 15 años de trabajo. Víctor sabe y reconoce continuamente que no es el trato que se merecían. Pero además Víctor, como describirá en los capítulos siguientes, logró sensibilizarse con otros casos, que quizás antes no se comprometía de cerca. La consciencia de clase es una herencia o resulta de un ejercicio prácticamente de imposición. La opresión sistemática te obliga a tomar una decisión determinante: o cada uno se va para su lado y agarra lo que puede, o tiran todos para el mismo lado y le tuercen el brazo al poder. De esa disputa también se retroalimenta el pensamiento del patrón, es decir el victimario.

“Somos un montón nosotros. ¡Muchos! Y todos con pensamientos diferentes. Y hay un grupo de compañeros acá que, más o menos, llevamos la lucha adelante. ¡Ésto te cambia! Acá llegó a las seis de la mañana, y hay días que vuelvo a las diez de la noche a mi casa. Cuando veo que no queda gente, me quedo porque me siento mejor acá que capaz que dentro de mi casa. Y un día, como a las dos semanas, justo estábamos todos y les dije ‘yo ésto lo voy a pelear a muerte, hasta lo último’. ‘O vamos a perder todos o vamos a ganar todos, pero no le vamos a dar el gusto que se la lleven así nomás’.

Así que bueno, ese día me dijeron que me apoyaban, que no me iban a hacer problema. El mango no me va a faltar, mis hijos son todos laburantes, estudian y laburan. Por eso tengo una tranquilidad aparte, capaz que otro compañero no la tiene. Por eso meto muchas horas también, porque hay mucha gente que no puede o hemos hablado con compañeros que parece que ésto se va a solucionar mañana, una cosa así. ¡Ojala fuese así! Uno que la está viendo en las reuniones, comprende que la cosa se va a estirar. Por empezar ellos siempre juegan al desgaste, a cansarte. Y si uno no está fuerte, lo más probable es que nos ganen la pulseada. Por eso mismo estoy tanto tiempo acá.

Algunos me dicen que soy el jefe. ‘No le hinches al negro’, dicen. Pero no es porque yo sea malo. Sino porque si no te pones de alguna forma de esta manera, ésto es una joda. No es que sea necesario un jefe, pero si alguien vayan guiando. Y de a poco ellos mismos se van dando cuenta que tiene que ser así. Tiene que haber gente para hacer ésto, para hacer aquello. Y capaz que hoy hay que ver compañeros que todavía no caen. Pero si vos les decís ‘¡hay que ir a limpiar los baños!’, corres el riesgo que te digan ‘pero, ¿vos quién sos?’.

La presencia y observación de Víctor dentro de M.A.M.

Víctor sabe que todo se presenta casi como una cuenta matemática. La familia perece cuando no hay trabajo, pero la familia sostiene cuando el trabajo perece. En cambio las conquistas sobre los derechos de los trabajadores, no pueden hacerse, frente al patrón, sin los propios trabajadores. Víctor no está sólo, lo acompañan 93 familias más. Eso es y debería ser un aliento para construir cualquier proyecto a futuro. Un proyecto que requiere no sólo de buena voluntad y una calculadora, sino además, requiere comprometer el cuerpo entero, en función del resto. Víctor, casi sin saberlo, ha dejado el cuerpo 23 años, pero más bien para “crecer” él y su familia. Hoy Víctor comprendió que el compañero también es necesario, y no sólo dentro de las horas laborales. También es necesario construir un bienestar y una conciencia en común.

“Como no me veían nunca, un día los encontré a todos juntos y les dije que ésto no lo iba a entregar así de fácil, que entendieran que yo no iba a estar en la casa por esta lucha. Por eso te digo, y te vuelvo a repetir, te cambia la vida totalmente. Es algo que tenes que empezar a vivirlo de cero porque no tenes idea de como arrancar, como subsistir, a quien recurrir, quien te puede solucionar un problema, ésto que el otro. Encima somos un montón acá adentro. Y ahí es donde está un poco el problema, y ésta la solución, porque al ser muchos, tenemos fuerza. Al estar unidos nos hace bien. Hay formas ‘nomas’ que tenes que imponer para que estemos todos de acuerdo, como si fueran condiciones. Es como todo, llevadero. Todos no pensamos lo mismo acá, y cuando estamos 8 horas la llevamos, pero ya cuando estamos todo el día se empieza a complicar.”

Cuando miro a Víctor y pienso a sus compañeros y compañeras los veo accediendo al dinero que les corresponde, pero también los veo resignificando su espacio de trabajo -que de hecho ya lo han comenzaron a hacer- creando nuevos espacios. Veo a un grupo de trabajadores y trabajadoras madereros forjando nuevos espacios de trabajo: hombres y mujeres forjándose en el área jurídica y comunicacional; creando espacios en el área cultural y formativa. Por supuesto se lo comento a Víctor. Víctor asiente y reconoce el cambio de rol, aunque también reconoce que aún hoy hay compañeros que parece que todavía no identifican la gravedad y magnitud de la situación que los atraviesa.

Entrevistar a los trabajadores de la maderera no sólo significa documentar una experiencia, particular y aislada. Dado el contexto, y el número de trabajadores -coordinando o intentando coordinarse en distintas actividades ajenas a su antiguo puesto dentro de la empresa- se presentan como nuevos actores sociales, con nuevos roles. Sin duda es una experiencia formativa, que lo terminó de confirmar cuando me enteré que los trabajadores despedidos de la minera Minarco de Kutral Ko (Cutral – Co) viajaron hasta Neuquén para “servirse” de ese conocimiento adquirido por los trabajadores de M.A.M.

Meli.

Cuarto capítulo.

“Hasta que no te pasa a vos no sabes valorar al que tienes al lado”.

“Hasta que no te pasa a vos no sabes valorar al que tienes al lado. Cosa que después empezas a hacer, acá nos apuntalamos entre nosotros, no vamos a encontrar ayuda afuera. Los problemas los tenemos que solucionar nosotros, entre nosotros. Y ante no le damos ningún interés a eso. Vengo al trabajo, laburo 8 horas, me vuelvo a mi casa, y ya está. Ahora no. Hay gente que la está pasando mal, muy mal acá adentro. Y no dice nada. Y si no le preguntas no te enteras. Nosotros sabemos que hay compañeros que la están pasando muy mal, re mal. Hay gente que, por ejemplo, alquila, no tienen su casa. Y vos decís, ‘paga el alquiler y sobrevive bien’.

Pero ahora que estamos así, nos enteramos que la persona tiene un descuento judicial, es papá de nuevo, está alquilando, lo están que lo sacan cagando del alquiler por no pagar. Anteriormente a eso, no le dabas bolas. Y hoy que estás con él, lo acompañas: ‘¿cómo que te van a sacar cagando?’ ‘¡Vamos a buscar la forma para poder pagar el alquiler!’ O compañeros que son único sostén de familia, y se han juntado como yo, o con los mismos proyectos que yo tenía cuando entré acá: que van a ser papá, que alquilan, que no tienen casa, y los dejan sin trabajo”.

La resignificación y la dignificación de los derechos de los trabajadores se logra cuando el trabajador puede contemplar al otro en su idea de progreso. Los trabajadores de M.A.M. a pesar de las diferencias internas mantienen ese camino.

“Vos antes los mirabas de una forma, ahora los miras de otra. Porque el compañero no tiene nada, hay que ayudarlo. Y aprendes a valorar al que tenes al lado, a preocuparte al menos del que tenes al lado. Por eso te decía, lo de ZANON antes lo veíamos de afuera, lo de las textiles. Pasamos todos los días por al frente. Fuego, fuego, fuego…todos los días. Más de una vez juntamos mercadería para llevarles, pero después ir a preguntar cómo están, ¿qué te pasa? Nada. Y ahora mira cómo estamos nosotros ahora. Entonces, ésto es un aprendizaje para nosotros. ¿No sé qué porcentaje de la población le pasa ésto que nos está pasando a nosotros? ¡Más vale que te abre los ojos! Te hacer ver diferente, te hace sentir diferente.

Hemos tenido un montón de gente que nos viene a ver, que no entendemos ni porque viene. ¡Y están con nosotros! ¡Todo el día! Compañeros que vienen y están, sobreviviendo con vos. Conociendo cosas tuyas, vos conociendo cosas de ellos. Se aprende a valorar mucho a las personas. ¡A las personas! Porque ahora ya no miras sólo al compañero, ya miras a la sociedad diferente. Al que tiene el quilombo del gas, al que no tiene casa, al que anda mendigando. ¡Ya los miras de otra forma! Porque es así. Si el loco anda mendigando es porque algo le paso. ¡Viven en un rancho porque no tiene para construir su casa! Todas esas cosas las empezas a entender ahora. Y capaz que antes no le dabas ni cinco de bola”.

Kayu.

Quinto capítulo.

“La fortaleza que nos saca ésta en la familia”.

“Desde que laburo acá, siempre fui bastante combativo. No es que ahora solamente. Y viste como es, los patrones siempre te quieren arriar. No es que me la pasaba peleando con el patrón, pero era un referente para hacer ciertas cosas, y hasta acá ‘nomás’ llegamos. Hemos tenido algunos delegados que han estado del lado del patrón. Hasta que pudimos meter delegados de los trabajadores, que están del lado nuestro. Y eso cambia mucho en un lugar donde el patrón, más vale está todo el día encima tuyo, queriendo sacarte un poco de jugo, a cada rato, en ese sentido, lo combativo, de mi parte casi siempre estuvo, de no dejarte arriar, o hacerte respetar al menos en las cosas que se puede hacer respetar el obrero. Y más vale, ésta es una enseñanza, uno sabe el pensamiento de cada hijo, y como cría a cada hijo.

Yo calculo que mis hijos sabían de antemano que yo me iba a quedar acá, por eso aceptaron de que no me iba a molestar para nada. Llego a mi casa y no me preguntan que paso. Me preguntan otras cosas. Y tampoco comento yo. O comento lo básico. Para que me voy a hacer más mal. Yo con ellos tengo que estar bien. La fortaleza que nos saca ésta en la familia.”

Víctor Pérez junto a las láminas de madera terciada.

Víctor me cuenta una historia sobre uno de sus hijos. Mira sobre su hombro hacia el sendero por donde entramos. Casi no se escucha nada. Las máquinas están todas apagadas. Afuera sobre los portones de entrada están por extender una actividad cultural. Los hijos de Víctor estudian y trabajan, pero así y todo también sigue siendo complejo el escenario de vida.

“El chango que me va a hacer abuelo, es el menor de todos, y anda ‘changueando’ como loco, porque también le está pasando el problema que tenemos hoy en la sociedad, de no tener trabajo. Los contratos basura que hacen éstos, de dos o tres meses, después los sacan cagando a los pendejos. Y él sabe que va a ser papá, y ya le tengo dicho, acá si no le pones el lomo vos, no le va a poner el lomo nadie. Así que se la pasa haciendo changas, y ya está en esa movida de, más vale, hay que hacerse respetar en todo ámbito laboral. No que te arríen. ¿Por qué sea tu patrón te va a pasar por arriba? Ya tiene esa base formada. Así que yo calculo que se van a manejar de esa forma.”

A Víctor lo une con su hijo casi una misma historia, a la misma edad, pero con una madre presente y otro recorrido, otras posibilidades. La provincia del petróleo y el turismo no le mezquina malestar a nadie. ¡El bienestar es para pocos y el malestar para muchos! Siempre fue así. Y en ese proceso y mensaje cultural constante es fundante no resignarse, ni adoptar la mentalidad del patrón, es decir del opresor.

“El más chico que va a ser padre, desde que se entero, ha tenido dos y ahora engancho otro creo, dos contratos basuras. Uno de un mes y otro de tres y a la vez lava autos en una agencia de autos, día por medio va a lavar autos. El que sigue se recibió el año pasado. Anda tirando curriculum por todos lados y bueno ‘changuea’, tiene un par de tíos que son gasistas, así que siempre se lo están llevando para laburar.

Quiere seguir estudiando, y yo también quiero. Así que mientras que con la madre podamos, el estudio es lo fundamental en la familia. Mi hija se recibe el año que viene, éste es el último año de la carrera de turismo que está haciendo, se recibe como guía y está haciendo a la vez la licenciatura en turismo. La hija mayor que estaba estudiando estaba estudiando ingeniería química. Dejo. Y está trabajando en el Walmart, también con contrato de 6 meses y afuera. Mi señora labura en la provincia. Así que por suerte el tema laboral ‘safamos’ un poco todos”.

Víctor extraña el fútbol, y las reuniones en familia de los domingos. Hoy parece un recuerdo lejano, aunque reconoce que sus hijos siempre han estado al lado de él. Ni él los abandonó, ni ellos se fueron lejos. Esa es una construcción que Víctor intenta reproducir con sus compañeros de trabajo, que son, hoy, parte de su familia.

“Los domingos nos juntábamos siempre nosotros con mis viejos. Nosotros por lo menos con mis hijos, los domingos siempre almorzamos juntos. También nos juntamos a jugar al fútbol con las familias de la fábrica, hijos y padres mezclados, hay un grupo que nos llevamos bastante bien. Somos un montón, así que todos los sábados jugamos a la pelota, eso se extraña también que no se pueda hacer hoy en día. Yo hasta hace poco tenia una camioneta, así que entramos todos. Ahora no podemos, pero casi siempre mis hijos anduvieron conmigo, para todos lados, hasta ahora. Todos grandes, pero todos juntos.”

Kechu.

Sexto capítulo.

El tiempo de un trabajador: a los 9 Víctor comenzó a trabajar en la calle, tardó 5 años para construir su casa y 15 para comprarse una camioneta.

La vida de Víctor está atravesada por distintas huellas, huellas históricas que han moldeado profundamente su personalidad y su conciencia -con respecto a la idea de familia-.

“Yo me crié sin mamá. A nosotros nos crió nuestro papá, y lo que le decía a mi señora es que, cuando nos juntamos, cuando andábamos de novios, que yo quería que mis hijos se criaran con madre, es decir, con una madre en la casa. Entonces mi señora quería siempre salir a laburar, entonces le digo ‘no, no. Vamos a sufrir un poco, pero lo básico lo vamos a tener’. En realidad lo que yo quería es que mis hijos se criaran con madre, cosa que en mi caso no pudo ser. Y bueno, así fue y se hizo realidad.

Ahora de grande, cuando mis hijos eran más grandes, empezó a laburar ella, y no era que ella no quería sino que ya mis hijos estaban grandes, no era necesaria que hubiera una madre constante, que estuviera encima de ellos. Yo no quería que se críen mis hijos como me crié yo. Ahora ella tiene su trabajo, tiene su plata. Somos bastante independiente los dos. En ese sentido estamos bien”.

 

Víctor recuerda y reconoce un lugar específico donde trabajaba dentro de la ciudad de Neuquén. Ahí pasó sus primeros diez años (largos) de trabajo. Y me advierte que no tendría ningún tipo de problema de volver a hacer lo mismo.

“De chico vendí de todo, media, ropa. Ojotas, relojes, anteojos. De todo. Lo que se vendía antes en la calle en Neuquén en los puestitos que se tiraban en el piso, de ese tiempo soy yo. El que laburo en la feria las pulgas, eso era antes un canal que estaba todo cementado, que lo sacaron de la calle y mira lo que es ahora. Es una feria grandísima. No quería ir nadie ahí. Estuve diez años vendiendo en la calle. Yo vivía en la casa de mi viejo, pero yo me bancaba solo. Yo vivía nomas con mi papá. Siempre tuve plata, el mango nunca me faltaba. Al estar en la calle nunca te falta.”

Mientras Víctor se mantuvo sentado, apague la cámara y la cambie de posición varias veces. Me ubique de un lado y otro de su rostro. Visualice fundamentalmente el fondo que lo acompañaba. Mientras retomamos la charla nos detenemos en la primer época de Víctor como papá. Víctor se emociona al recordar la experiencia con uno de sus hijos, el mayor.

“Tarde cinco años en terminar mi casa, al final me metí sin el revoque fino, me metí sin el piso, con el contrapiso solamente. Era chiquitito el lugar. Yo había comprado el terreno y una ampliación, era algo así de 8 X 4, y lo dividí al medio, así que teníamos el comedor, una habitación y un baño. Ya tenía dos nenas y el nene. No pasaba gas por esa parte.

Mi hijo más grande nació y a los dos años de nacido lo tuve que llevar a Buenos Aires para operarlo. Esa fue una experiencia de vida terrible. Lo operaron del corazón. Estuvimos cerca de un mes en Buenos Aires, viviendo. Esa fue una de las cosas que nos cambió también la cabeza, a mi y a mi señora, porque no teníamos gas en esa parte donde vivíamos, estábamos casi en la parte de chacra. Ahora no porque es todo barrio, así que nos calefaccionaban con una salamandra, y leña que llevaba yo de acá. Pero el calor de la salamandra nos prohibieron, no teníamos gas, me acuerdo.

Y gastamos como 12 garrafas para calefaccionarnos con el horno, que tampoco era posible. Me acuerdo me tuve que comprar dos estufas eléctricas, aguante dos meses. Me empezó a venir la boleta, no sé, plata de ahora, dos ‘lucas’, dos ‘lucas’ y media. Y nunca pude pagar la boleta de luz, así que me sacaron el medidor. Y tenía que calefaccionar la casa, así que no me quedaba otra. Me sacaron el medidor, pero me dejaron los cables los genios, así que ni dudé, me enganche. Estuve como 10 años enganchado. Todo ese tiempo fue la niñez de mi chiquito, hasta que pudieron poner gas en la cuadra. Ya estábamos pensando en irnos a un lugar donde pasará el gas o comprar en otro lado. Hasta que pasó y pudimos salir adelante. Volvimos dos veces a Buenos Aires, pero luego continuo con uno cardiólogo acá, en Neuquén. Hasta ahora de grande lo atiende”.

Regle.

Séptimo Capítulo.

“Nos pusieron cámaras por todos lados”.

Todos los trabajadores de M.A.M. coinciden en lo mismo con respecto a su antiguo empleador. Mi pregunta hacia Víctor, casi en la última etapa de la entrevista, se enfocó en los cambios que empezó a reconocer dentro de la nueva gerencia, y por su puesto dentro del escenario de trabajo.

“Con nuestro antiguo jefe siempre hubo trabajo. Poco mucho, casi siempre mucho, pero nunca dejamos de trabajar. El sueldo no nos faltó nunca, no teníamos problemas de pago, la ropa se podía atrasar. Pero siempre estábamos bien. Cuando Bergese compro y nos enteramos que era el mismo del grupo BM, que es un grupo que labura en el petróleo, nosotros dijimos ¿qué va a pasar? O bien traen mucha guita o ¿por qué compran? Y nos dimos cuenta enseguida nosotros cuando nos sentaron ahí, trajeron una mesa. Tenían de todo, secretarios, secretarias de secretarios. Contadores, como dos o tres.

Un montón de gente. Nosotros siempre nos administramos con dos o tres, y querían cambiar de un día para otro todo ésto, pero lo cambiaron para peor, no lo cambiaron para mejor. Nos pusieron cámaras por todos lados, cosa que antes laburamos normales. Pasabamos de trabajar normales ha trabajar espiados. Parece que te están espiando. No confían en el trabajo que estás haciendo, te están mirando. Y eso y un par de cosas más. Maltrato. Otro trato. Se notaba a la legua lo falso que eran, y que son.

Eso lo notamos enseguida. Vos cuando sos un obrero viejo, y te vienen a atacar de esa manera, te das vuelta y sabes que te quieren sacar cagando. Venían con grandeza a hablar, y nosotros cuando comenzamos a charlar con los muchachos de la empresa de ellos nos comenzaron a comentar que no, que les pagaron a algunos la mitad de la quincena, y a los cinco seis días le pagaban la otro mitad. ¡Que raro! Nos empezaron a decir que nosotros cobramos muy bien, cuando cobramos un sueldo normal. No sé qué es cobrar muy bien para ellos. Bueno todas esas cosas se fueron amontonando hasta que bueno comenzaron a mostrar la hilacha. A los diez meses hay un vídeo en el que salen hablando ellos, diciendo que lo mejor que compraron en M.A.M., era la mano de obra; era la gente que tenía M.A.M. Era lo mejor que se había encontrado en la empresa.

Tres meses después éramos los peores del mundo. Nos dijeron un día que había que cambiar a todo el personal. Lo que teníamos seguro era que no nos iban a arriar ni cagando. Lo teníamos recontra claro. Porque cuando se te pone un patrón de esa manera, si a vos no te ve unido, y no empezamos a disparar todos para el mismo lado, gana él. Empezamos a decir ‘ésto no’, ‘ésto no’. Empezamos con algunos choques. Pero siempre el trabajo siempre se hizo, nunca paró de hacerse. Nada más que ellos venían con un idea, y yo toda la vida laburando de ésta manera, nunca me habían arriado de esa manera. La época de esclavos pasó ya hace rato. ¡Porque tenían ese modo! Venía uno de los Bergese, te mandaba. Y no pasaba ni una hora y venía otro y te mandaba a hacer otra cosa. Ni ellos se entendían, entonce empezamos a desconfiar más.

El viejo Bergese salía a vender palets, como salir a vender torta fritas, cuando no es así. ¡Eran empresarios supuestamente! ¡Te tenes que manejar de otra forma! Dejaron un tipo acá que se manejó bastante la primer época, sabia como se hacía el trabajo, pero desde el momento que se va Vidal comenzó a decaer todo. Yo no sé si por falta de experiencia o bien son todos iguales: ‘chantas’. Y los que pensamos nosotros, que son todos chantas. Ésto que hicieron lo hicieron adrede. Compraron una empresa y en un año y once meses la destruyeron”.

Las cámaras se han vuelto una recurrencia, tanto en el gobierno local, como en las gestiones más reaccionarias y excluyentes. Para estas gerencias el trabajador ya es sospechoso, por el sólo hecho de ser trabajador. Ni siquiera es necesario invertir en nuevas tecnologías para mejorar las condiciones de producción.

Estos regímenes reaccionarios se componen de una “buena seguridad” en contra de los trabajadores y de abogados eficientes para eliminar, con ayuda de la “buena seguridad”, a los trabajadores. Dentro de la industria extractivista existe el concepto de “zonas de sacrificio”, en referencia a las zonas que esta industria destruye. Siguiendo esta conceptualización podríamos agregar el concepto de “cuerpos sacrificables”. Víctor recuerda las primeras etapas del conflicto, los distintos obstáculo que fue colocando Gustavo Bergese y que a ellos les permitió ir preparando el cuerpo para lo incierto.

“El primer conflicto comenzó con las vacaciones, como en esta empresa se hacen productos para la fruta, no nos tomamos vacaciones en verano, en temporada de verano. Entonces tenemos un estatuto que contempla, en una parte, que el personal tiene que salir en verano. Así que la mayor cantidad del personal nos tomamos las vacaciones en octubre y quedan alrededor de 20 compañeros que se toman en verano, en diferentes momentos. Los primeros conflictos comenzaron por eso. Salimos de nuestras vacaciones sin nuestro debido sueldo, cuando toda la vida fue lo contrario. Salíamos cobrado con nuestro salario en el bolsillo. ¡Por algo son vacaciones no! Tenían el mismo sistema que tienen en la otra empresa.

Ahí fueron los primeros choques, luego empezaron con problemas de quincena. Se cobraba los 20, empezábamos a cobrar los 21, 25, 26, 27 hasta que una quincena casi se junto con la otra. Hasta que nos empezaron a tocar más el bolsillo. Una vez nos pagaron el 80 % de la quincena, y ese fue el detonante de todo. Porque no tenían más plata supuestamente. Fue uno de los primeros despelotes que tuvimos. Hubo una reducción de tareas por eso. Desde ahí empezó el ‘quilombo’ más grande.”

Víctor se realiza distintas preguntas. Víctor reconoce con nitidez el malestar dentro de sus compañeros, pero le cuesta cabalmente reconocer el nivel de impunidad que manipula su victimario. Es algo difícil de entender, fundamentalmente porque los verdugos son hombres que manejan millones de pesos, mientras que el trabajador se mantiene con un sueldo fijo e ínfimo. La estructura de violencia del opresor es incuantificable, como el dinero que manipula, pero también resulta imposible negarla, es real y concreta.

“Ésto está planeado, sino no se entiende. Si invertís tanta plata, en comprar semejante empresa, con la gente adentro y en un año y once meses la destruis. ¡No se entiende mucho! Por eso nosotros decimos que es una maniobra que hicieron para quedarse con el predio. Ellos laburan con el petróleo. Ya habían comenzado a meter caños y maquinaria para laburar. Ellos hacen inspecciones petroleras, y ya teníamos gente laburando acá dentro de nuestro predio. Y te dabas cuenta que lo que querían era sacarnos.

Lo que quieren en realidad es sacarnos, al más bajo costo posible. Ellos mientras menos paguen indemnización para ellos es un negocio redondo. Y por eso estamos resistiendo, porque nosotros sabemos también que ellos tienen la plata, tienen para hacer funcionar esta empresa. Y si tienen que despedir gente al 100 % por ciento como debe ser también tienen, por eso es más la resistencia que estamos poniendo.

Primero es porque se reabra, porque a nadie le gusta quedarse sin trabajo de un día para otro, porque a un señor se le antoja cerrar las puertas y decir que está en crisis. Segundo porque sabemos que esta fábrica es rentable: se comió el proceso del 90’, que fue uno de los peores del país, se comió el del 2001 que fue uno de los peores también, y ahora que en realidad, a como estamos ahora, como estábamos en ese tiempo, no pasa nada ahora. Hay un quilombo, pero no es tan bravo como en ese tiempo. Por eso entendemos que es todo adrede, es toda una maniobra olímpica, y bueno la vamos a pelear hasta donde podamos, hasta donde nos dé el cuero”.

Pura.

Octavo capítulo.

Seguel y sus “amoríos comprometidos”.

La clave en todos los casos de despidos masivos e injustificados se establece en las relaciones de poder. Y aunque ésta parezca una verdad de perogrullo, es necesario reconocerla constantemente, como si se tratará de una red conceptual, dado que las relaciones que establecen los empresarios con los representantes políticos de turno, a modo de “amoríos comprometidos”, dejan a su paso el sacrificio, real y físico, de decenas de trabajadores. Pero al no existir prácticamente un periodismo de investigación, muchos de estos actores pasan anónimos dentro de la estructura de violencia que construyen y retroalimentan con cada nueva acción en contra de los trabajadores y la población.

“La Secretaria de Trabajo está comandada por Seguel. Ernesto Seguel fue en un tiempo, en esta empresa, el gerente. Y ahí fue cuando se nos aclaró todo a nosotros, de porque no le rechazaron el preventivo de crisis. Porque la Subsecretaría se tenía que haber expedido por un lado o por otro, pero no lo hizo. Libero las partes y estamos en una instancia penal en vez de estar peleando en una instancia laboral, en donde tendría que estar el conflicto. Ésto es un conflicto laboral, y al estar nosotros acá adentro la pasaron a una causa penal, por eso estamos por fiscalía, en vez de estar con el Ministerio y la Subsecretaría de Trabajo peleando, estamos en una fiscalía.

Y te da a entender la tranza que tienen los empresarios con los gobiernos de turno, porque es así, tal cual como te la estoy contando yo, es así. Porque ésto no te lo esta diciendo un político. Uno cuando va a las reuniones te das cuenta olímpicamente que ellos están del lado del patrón, no están del lado del obrero. Nosotros no somos delincuentes, no estamos acá porque nos guste estar acá adentro. Estamos acá para resguardar nuestra fuente laborales, y el tipo se esta cagando de risa anda a saber donde, y no hay ninguna presión, nada. Ni un tipo de ley para ir a buscarlo, para que se haga cargo de lo que tiene que hacerse cargo. Así estamos hoy en día laboralmente dentro de nuestro país. Éstos son los quilombos que hay, porque alguien da la venia para que pasen. El gobierno da este tipo de venias para que pasen este tipo de cosas. Sino no se entiende, no se entiende semejante inversión ¿para qué?. Eso lo tenemos bastante bien en claro todos los laburantes de acá.”


* Gustavo Figueroa (1985). Periodista, documentalista, fotógrafo. Vive en Neuquén. Se interesa especialmente por temas relativos a pueblos originarios y derechos humanos.

**Publicada originalmente en periferiasitio

Foto de portada e interiores: Gustavo Figueroa.






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