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Crónicas / Sociedad País / Top News / 27/09/2017

SOMOSMASS99

 

Luis Arturo Salmerón* / SomosMass99

Ciudad de México / Martes 26 de septiembre de 2017

 

Tengo tres nuevos héroes y ni siquiera les pregunté su nombre, yo les decía «Hormigas», ellos me decían «Rojo» no hacía falta más, ellos mandaban yo obedecía. Llegué con cuerdas, cinta tubular y mosquetones y ellos ya estaban ahí. Cuando me regresé a casa, ellos seguían adentro. No sé cómo chingados logran entrar y sacar gente. Sacaron (sacamos, aunque ellos hicieron todo lo difícil) a dos vivos, tampoco les pregunté su nombre, de hecho estuve con ellos sólo medio minuto, mientras sostenía primero la espalda del primer hormiga y después la camilla en la rampa de escaleras, esa si la hice yo, bueno nosotros, los mortales que estábamos afuera, creo que una de las señoras que sacamos murió poco después en el hospital, no estoy seguro, pero leí la noticia de que «murió una señora que sacaron viva, sólo una», el otro señor estaba bien.

Topos en el Multifamiliar de Tlalpan. | Foto: Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.

Cada determinado tiempo escuchaba aplausos, eso significaba que otras hormigas, o topos como se llaman a sí mismos, habían logrado salvar a alguien más. Un voluntario con casco de bombero que estaba en nuestro grupo, en la segunda escalera haciendo lo mismo que yo, nos decía cada que se escuchaban: van 2-0, van 3-0 como urgiendo a los hormigas a que se apuraran; ellos hacían todo lento, bien hecho, como se debe, los rápidos teníamos que ser nosotros.

-¡Una segueta!- gritaba el de adentro
-¡Una segueta!- gritaba yo, bajaba dos escalones extendía la mano y me daban tres
-¡Agua! ¡Un gato! ¡Una jeringa!- y llegaban de mano en mano, y yo se los daba al hormiga.
-¡Silencio todos!- eso fue lo único que no pudimos conseguir.

Repetir el grito, subir los escalones y extender la mano, bajar los escalones y dar al hormiga lo que pedía. Esa fue mi labor durante dos horas, en algún momento alguien por atrás me puso un chaleco y un casco. El casco lo sentí y lo devolví al retirarme, del chaleco no me di cuenta hasta llegar a la casa: ahí nomás, del otro lado de Calzada de Tlalpan, a cuadra y media del desastre.

Foto: Christian Serna / Cuartoscuro.

Los 30 segundos que cargué camilla me quitaron todo el cansancio. Los hormiga no se detuvieron a los aplausos, ni siquiera descansaron, observaron el derrumbe, señalaron un boquete, los que para entonces conformábamos “su brigada” los entendimos. Cargué la escalera y los seguí. A empezar de nuevo, mientras otras manos recogían el tiradero de herramientas que dejamos atrás y las acercaban a la nueva entrada.

Cuando llegué ellos llevaban un buen rato trabajando, cuando al pardear la tarde llegó el Ejército y yo me retiré (sin luz de día mis ojos no son de gran ayuda), ellos seguían adentro. En la madrugada me llegó el mensaje de que ya no estaban dejando entrar a civiles y que a esa misma hora sacaron dos niños con vida. Supongo que los aplausos serían atronadores, no los escuché pero me reconfortan el corazón.

También escuché cuando sacaron dos personas muertas, igual había aplausos y aunque sonaban distinto, también reconfortaban. Lo más duro no fue ver salir a muertos, lo más duro fue no dejar subir a «mi» escalera a un chavillo de unos veinte años que intentaba desesperadamente entrar por algún boquete: su hermana estaba adentro. Pedir que lo detuvieran es lo más difícil que he dicho en la vida, lo detuvieron entre tres grandotes, uno con pinta de albañil y que cortaba vigas con la segueta como si fuera palos de escoba. Lo abrazó y le empezó a decir:

-No seas pendejo, cabrón. Quédate quieto, pendejo.- Nunca oí insultos que sonaran más cariñosos.
No supe si sacaron a su hermana. Espero que sí.

Foto: Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.

Hoy los vi de cerca, a los Hormigas, a los Topos, a los sin nombre que estiraban la mano, que ponían el hombro, que detenían escaleras, incluso los que no podían guardar silencio.

Los abrazo. Son mis héroes y mis hermanos.


Crónica del 19 de septiembre de 2017, Unidad Habitacional Erasmo Castellanos Quinto, Delegación Coyoacán, Ciudad de México.

* Este texto se publica en acuerdo con el Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, al que pertenece el autor.

Foto de portada: Christian Serna / Cuartoscuro.






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