SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 6 de octubre de 2017
Al grupo en el poder le urge desmovilizar y dividir al mar de pueblo que surgió en respuesta a los efectos de los fenómenos meteorológicos y geológicos recientes; por ello el gobierno intenta remover lo más rápido posible los escombros, realizar labores de maquillaje para crear paisajes menos dramáticos y, al mismo tiempo, fragmentar los indicios de concientización y organización social que están fuera de su control. Por eso hace reiterados y apremiantes llamados para volver a la normalidad.
Tales llamados parecen una consigna que se centra más en realizar una rápida limpieza que en atender las necesidades de la gente que padeció las consecuencias de esos eventos naturales.
¿Por qué la insistencia? ¿Cuál es la normalidad a la que nos quieren retornar? ¿A lo mismo de siempre?
Quieren que como sociedad volvamos a ser sumisos, acríticos y conformistas; que olvidemos los agravios que por décadas y generaciones nos han hecho y que continuemos creyendo en sus repetidas e incumplidas promesas de mejoría y prosperidad.
Entonces, la normalidad a la que regresaremos es aquella en la que lo «normal» seguirá siendo la enorme desigualdad social, la insultante pobreza que padece más de la mitad de la población, la violencia e inseguridad generalizada, la corrupción y la impunidad, la depredación de la naturaleza, el despojo y saqueo de los bienes de la nación, la precariedad en todos los aspectos y todas las linduras que ha traído el capitalismo y que los neoliberales se han encargado de empeorar con su incapacidad manifiesta y desinterés para atender las necesidades del pueblo.
Y tienen experiencia. Tras el sismo del 19 de septiembre de 1985, que tuvo un mayor costo en aspectos humanos y materiales también, con promesas y sin faltar la represión, dividieron a tal grado las expresiones organizativas que habían surgido de la solidaridad de la gente que, a pesar del incumplimiento de lo prometido, superaron el desprestigio político que produjo su torpe proceder y continuaron en el poder. Y esto no es en referencia solamente al gobierno, sino al grupo dominante en este país.
Es por ello que actualmente adquiere singular importancia el mantenimiento y elevación de los niveles de organización alcanzados por diversos sectores de la sociedad, con la finalidad de desarrollar la conciencia que despertó la solidaridad y nos dejó ver la fuerza de la unidad del pueblo frente a las difíciles y trágicas circunstancias que enfrentó, tras los fenómenos naturales que ocurrieron el pasado mes de septiembre.
El gobierno y el grupo en el poder temen que esa conciencia y organización hagan ver al pueblo que su unidad también puede enfrentar con éxito el desastre y la devastación del país que han provocado en su afán de enriquecerse sin importar qué o a quién afectan.
Y se están preparando. El manejo de los recursos aportados por el pueblo, organizaciones nacionales y extranjeras, países amigos y personalidades artísticas, deportivas y de otro tipo, los manejará la iniciativa privada (Fuerza México), que, paradójicamente, será la encargada de la «reconstrucción». El raquítico apoyo financiero a la población afectada se dará en buena medida mediante «monederos electrónicos», que ya fueron empleados en el fraude que instaló a Peña Nieto en la presidencia de la república. Alimentos y otros artículos, en gran medida aportados por la solidaridad nacional e internacional, en su mayoría se distribuyen, cuando esto sucede, en empaques de dependencias oficiales, de partidos políticos o con publicidad en favor de aspirantes a puestos de elección popular.
Esa iniciativa privada que manejará los recursos para la reconstrucción, ahora se presenta como promotora de las mejores causas, que además de erigirse como la constructora de la solidaridad del pueblo mexicano, lo conmina a continuar sometido mediante un nuevo «acuerdo» social, codo a codo con la clase dominante:
«El compromiso social del sector privado mexicano no solamente se ha mostrado en esta lamentable coyuntura, sino que ha sido una constante que ha acompañado la historia de México tanto mediante las inversiones productivas que realiza como por medio del empleo formal que genera.
«Lo anterior ha permitido construir los lazos de fraternidad y solidaridad que caracterizan a la sociedad mexicana, vínculos que se deben refrendar y reforzar para propiciar que el país pueda superar este momento en función de un nuevo acuerdo social basado en los lazos solidarios que existen entre su población».
También, con renovados bríos, voceros y personeros del régimen, incluidos extranjeros de dudosa calidad moral, hacen llamados a seguir por el mismo camino y a evitar caer en el «populismo», obviamente en defensa de sus intereses.
Tal es el temor, que buscan por todos los medios posibles degradar intelectual, moral y organizativamente al pueblo para seguir ejerciendo su dominio.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional por la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Mario Jasso / Cuartoscuro.
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