Breaking

De adobe

Crónicas / Diálogo País / Top News / 09/10/2017

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 9 de octubre de 2017

 

Tlayacapan, Morelos.

Llenamos entre muchos dos camionetas de frijol, arroz, azúcar y café. Leche, lentejas y aceite.

Y nos lanzamos, con el corazón un poco acelerado. Los rumores han sido fuertes, que si no se puede pasar, que si ya hasta hay gente cortando cartucho, que el gobernador esto y que su mujer lo otro.

Y llegamos con bien. No vimos ni federales, ni militares, ni encapuchados, ni retenes, ni nada. Sólo un poco de niebla en el camino. Y tierra negra, de la buena, al lado de la carretera se está construyendo no sé qué.

Entramos a Tlaya por uno de los barrios, nos esperan desde la mañanita. Descargamos la camioneta, un saludo, suerte y gracias. Gracias ellos por lo que dejamos, gracias nosotros por darnos chance ayudar.

Por las calles, tierra negra también, en lugar de casas. Muros arrumbados, gente sentada en medio de cuartos sin pared, o gente de edad con palas en mano, tratando de decidir por dónde empezar.

En el centro, la plaza principal abarrotada, como cuando es día de mercado, la están usando de centro de distribución de lo que mandan de la capital. Colchones, con las palabras Fuerza México pintadas a los costados, atún, mucho, y agua. Una pirámide de papel higiénico.

Frente al Palacio Municipal una asamblea o junta, de hombres serios, todos de sombrero inmaculado. Carpinteros, se oyen los martillazos, huele a madera fresca. Pasa un coche con un altavoz, convocando al censo de las viviendas dañadas. Varias colas de gente, montoncitos de ropa, se reparten las prendas.

Un hombre, alto, moreno, rudo, organiza. Se le oye, micrófono en mano, pedir gente para descargar una camioneta. Hablar fuerte por teléfono, urge el pago de las láminas de no sé qué. Todos acuden a él, faro y refugio en medio de la tormenta. El tiempo de llorar será después, en casa, solos.

Volteamos hacia la catedral. La entrada principal está clausurada, con esas cintas amarillas que hemos visto por todos lados, peligro, no pase, derrumbe, riesgo, tristeza, destrucción. Pasamos por la entrada lateral. El campanario no sobrevivió, el vitral tampoco. Se alcanzan a ver escombros por dentro, de lejos, otra cinta amarilla impide el paso. Sólo los árboles siguen de pie, impasibles.

Salimos. No es nuestra catedral pero sí es nuestra juventud, la adolescencia de mi esposo. Duele.

Pasan militares, nos miramos a los ojos.

Por el centro, el adobe de las bardas caídas, de las tiendas, de las casas, ya fue barrido, recogido, retirado.

Caminamos por un sueño, pesadilla, limbo.

Tienda, cazuelas, ropa, ruina obscura, tienda, micheladas, ruina obscura, tienda, ruido, risa, silencio. Tierra, negra, tierra de adobe de años, por el piso, en el aire, tierra negra de borde de carretera, tierra para sembrar, tierra callada. Gente de pie en medio de lo que fuera su vida.

Saco fotos, pocas. Me parece una falta de respeto.

Antes de irnos, una última vuelta. La capilla que nos gustaba, destrozada. La casa en la que comprábamos soles de barro, desaparecida. Y el callejón de atrás de la casa, bajo negro lodo enterrado.

Se cayó la barda, el adobe murió, la tierra negra del pasado a la tierra negra de hoy regresó.

Llueve.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.

Foto de portada: Margarito Pérez Retana / Cuartoscuro.






Luis López




Entrada Anterior

California: el santuario para migrantes indocumentados

Siguiente Entrada

Sismo, impunidad y Mancera





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

California: el santuario para migrantes indocumentados

SOMOSMASS99   Arturo Contreras / En el camino Lunes 9 de octubre de 2017   La Ley de valores californianos,...

09/10/2017