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Las libélulas y la importancia de que la gente se apropie de los cuerpos de agua

Sociedad País / Top News / 23/10/2017

SOMOSMASS99

 

Agustín Galo Samario / SomosMass99

Ciudad de México / Domingo 22 de octubre de 2017

 

Se dice que las libélulas no tienen miedo, de modo que si encuentras una no te deberías sorprender de que esté suspendida en el aire mirándote directamente a los ojos. De ahí que también se diga que tiene poderes hipnóticos, pues gracias a sus 30 mil facetas hexagonales que le permiten ver a 360 grados lo que pasa a su alrededor y a que sus dos potentes pares de alas le permiten volar a gran velocidad en todas direcciones, de atrás hacia adelante, de derecha a izquierda, de arriba a abajo y viceversa, la convierten en depredador implacable de los insectos con que comparte el medio ambiente en que vive, principalmente mosquitos.

Foto: Instituto de Ecología de la UNAM.

Pero en México han ido desapareciendo a través del tiempo, conforme el hombre ha modificado la fisonomía del ambiente. Por ejemplo, al contaminar los cuerpos de agua, modificar el curso de los ríos y cambiar los usos del suelo, que combinados con el cambio climático crean las condiciones para que desaparezcan las libélulas y proliferen los mosquitos.

Alejandro Córdoba Aguilar, doctor en Ciencias e investigador del Laboratorio de Ecología Evolutiva de Insectos del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que las libélulas viven en dos fases: preadulto y adulto. En la primera, como larvas acuáticas, están integradas a la fauna que vive bajo el agua. En esta fase son depredadoras de larvas de mosquito, de peces pequeños, de anfibios y otros insectos que viven ahí mismo. En la segunda, cuando salen como adultos, ya con alas, siguen siendo carnívoras y si bien entonces se alimentan de fauna diferente a la que tenían en el agua, la constante es que siguen depredando mosquitos.

Alejandro Córdoba Aguilar, investigador del Laboratorio de Ecología Evolutiva de Insectos del Instituto de Ecología de la UNAM. | Foto: Agustín Galo Samario / SomosMass99.

«El 80 por ciento de la dieta de las libélulas adultas son los mosquitos y comen grandes cantidades todos los días y a toda hora». De modo que al decender su población en México, advierte, «vamos a seguir viendo nuevos virus, con mayor o menor potencial sintómatico en la gente. Vamos a ver virus que quizá no nos hagan morir, pero por ejemplo el chikungunya ya fue terrible para la gente. Yo me he enfermado de dengue y te sientes fatal, muy mal. Te duelen los huesos, sin energía, pero con el chikungunya sientes que te mueres. Más las consecuencias del zica para los no nacidos, con malformaciones, eso fue y todavía es un problema bien grave».

¿Por qué? Porque como parte de una investigación realizada a lo largo de casi quince años se ha descubierto que de los dos grandes grupos que existen -las libélulas, sujetos grandes y robustos, y los Caballitos del Diablo, más pequeños frágiles-, en los años 1930 y 1940 se tenían hasta 365 especies en nuestro país, un dato importante si se considera que en todo el mundo hay entre cinco y seis mil especies.

Foto: Instituto de Ecología de la UNAM.

Pero es en esos años, precisamente, cuando empiezan los cambios de uso de suelo y los impactos en los cuerpos de agua. «Esta diversidad de libélulas ha estado cambiando porque los cuerpos de agua se han manejado muy mal planeada, de forma muy irregular y eso ha tenido muchas consecuencias: desde que desaparezcan los cuerpos de agua hasta que se transformen en algo que no era. Por ejemplo, los niveles de contaminación, modificar los cursos de agua, cambio de especies de peces y eso cambia las relaciones tróficas, que es quién se come a quién, y lo que conlleva es que todos los organismos que viven en esos ambientes también se transformen. En el peor de los casos, desaparece un cuerpo de agua, ya no está un lago porque lo drenaron, porque lo taparon, por lo que sea, y se perdió todo lo que existía ahí. En menor grado puede ser que haya niveles de contaminación, de afectación que sigues manteniendo el cuerpo de agua pero no su calidad. Eso también da al traste con muchas especies, y no sólo las libélulas».

Los estudios realizados por Córdoba Aguilar y su equipo de trabajo se ha llevado a cabo en distintos estados, en particular en Morelos, Veracruz y Estado de México. Se han dado cuenta que vivimos en un país privilegiado, con gran cantidad de cuerpos de agua que son, «o eran hasta recientemente», un paraíso para muchas especies. Pero el patrón de diversidad ha cambiado hasta el punto de que, según sus estimaciones, se han perdido alrededor de un 30 o 40 por ciento de las especies que se tenían originalmente y, en consecuencia, en el 60 o 70 por ciento restante también hay especies introducidas.

Mosquito Tigre transmisor del virus del zica. | Foto: Kulturizate.

El cambio climático ha favorecido la alteración de temperaturas en varias regiones del país, lo que afecta a las libélulas. Ahora, por ejemplo, esos cambios en los trópicos de Centroamérica han provocado que algunas especies se trasladen y puedan colonizar nuestro país.

México, dice el investigador, se encuentra en una situación muy curiosa. Tiene una pequeña parte que está enclavada en la parte tropical, que sirve como puente para que todas estas especies empiecen a moverse de sur a norte, de lugares más cálidos hacia sitios que originalmente eran más frescos. Y si se tienen en cuenta estos procesos, que son muy dinámicos, de cambio de temperaturas y cambio en la cualidades de los cuerpos de agua, los cálculos llevan precisamente a estimar pérdidas de entre el 30 y 40 por ciento de especies de libélulas, sobre todo en los estados del centro y sur del país, «que por desgracia son las regiones con más diversidad de especies».

Foto: Instituto de Ecología de la UNAM.

¿Qué se puede hacer entonces para la conservación de las libélulas que regulan la proliferación de mosquitos y evitar enfermedades? «Aquí no hay nada complicado. La solución es muy simple: tratar de pensar de forma más verde, más natural. Tratar de no contaminar, cambiar nuestros hábitos. De acuerdo, si yo acostumbraba hacer de mi río un basurero, pues no hacerlo y promover que la demás gente no lo haga; hacer conciencia de que al final nos vamos a enfermar todos. Despreocúpate de las libélulas, quizá no te gusten ni te preocupen, pero si te preocupa tu salud y la de tu familia, pues eso hay que hacer. Y promover prácticas de limpieza, de ser sanos, de no permitir que mi drenaje vaya a depositarse ahí a los ríos o lagos. ¿Por qué permitir que otros lo hagan? No, hay que impedir que otros lo hagan y mantener un ambiente limpio, que te apropies de eso, que ese es parte de mi ambiente, por aquí camino, por aquí voy todos los días».

Es una tristeza, añade, que sin querer estamos destruyendo nuestro entorno: «En Ensenada el problema de agua es gravisimo y tienen que entubarla desde varios cientos de kilómetros, pero el gobernador (Francisco Vega de Lamadrid) se empeñó en poner ahí una refresquera que va a consumir la cantidad del agua que no tienen. Y uno dice: ¡qué ignorancia! Pero están metidos en tanta negociación escabrosa que en lo menos que piensan es en el impacto ambiental. (Tenemos que) empoderarnos. Cuando vemos el río que pasa por ahí es decir que es nuestro, es de todos, no es del gobernador, no del presidente municipal, no es de la policía, es de todos nosotros. Ese mismo río, esa misma lagunita, que cuando niños íbamos a nadar como si se tuviera un parque, es de nosotros, no es de nadie, es de todos. El agua, por principio, pertenece a todos y es responsabilidad de todos, todos deberíamos apropiarnos e impedir que alguien tire su basura, que se ponga ahí el drenaje, que la empresa tire sus desechos directamente».

El Laboratorio de Ecología Evolutiva de Insectos del Instituto de Ecología de la UNAM cuenta con una base de datos resultado de colectas de estudiantes, científicos y ciudadanos, que da cuenta de la historia de las libélulas durante 120 años. Una ventana por la que podemos asomarnos a ver diferentes periodos, elegir lugares y darnos cuenta si la gente está colectando las mismas especies y con la misma abundancia que años atrás.

Alejandro Córdoba Aguilar con sus colaboradores en el Laboratorio de Ecología Evolutiva de Insectos: Ivonne Monserrat San Miguel, Ulises Castillo y Frida Manrique. | Foto: Agustín Galo Samario / SomosMass99.

Ahí se comprueba, por ejemplo, que en los bosques que cambiaron su uso de suelo se modificó la composición de las especies; que en México hay especies que llegaron de lugares más calurosos y especies que desaparecieron; que hay «una coincidencia tremenda» en los mapas de las regiones donde hay brotes de dengue y los de las zonas que cambiaron usos de suelo. Y lamentablemente, que cada vez hay menos especies de libélulas y menos abundantes.


Foto de portada: La Piedra de Sísifo.






Luis López




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