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Laura Cuevas*
Jueves 2 de noviembre de 2017
Después de la ejecución de los insurgentes, Hidalgo, Allende y Aldama en 1811, la lucha por la independencia la continúa, entre otros muchos, el Caudillo del Sur, José María Morelos y Pavón.
Luis Villoro dice de Morelos: “fue un cura rural en estrecho contacto con su pueblo, hijo de un carpintero, se vuelve el dirigente popular que la rebelión requería. Poco a poco, tiempo después levanta una fuerte tropa en el sur. Sus aptitudes militares le permiten organizarla debidamente hasta obtener importantes triunfos”.
Paco Ignacio Taibo II, en su libro “Hidalgo y sus amigos”, vislumbra el contacto que Morelos tenía con el pueblo, se trata de una estrofa de una canción de la época:
“Por un cabo doy dos reales / Por un sargento un doblón / Y por mi general Morelos / Doy todo mi corazón”.
Los triunfos de las campañas militares de Morelos, fueron de importancia para mantener y continuar el movimiento independentista. Mas, una de las acciones de mayor trascendencia fue su acción política, pues debido al rompimiento de la Junta Nacional convocó el primer Congreso Nacional a principios de 1812 y que se realizaría en el transcurso de 1813. De ese primer congreso se desprendieron tres importantísimos documentos, que reflejan de manera fiel lo que pensaban y querían los jefes insurgentes de 1813. Esos tres documentos fueron: Los Sentimientos de la Nación, el Acta de la Independencia de la América Septentrional y el Decreto Constitucional de la América Septentrional.
De Los Sentimientos de la Nación daremos cuenta en este escrito para analizar de forma breve su vigencia en aspectos como la independencia, la soberanía y la justicia social.
En este documento que Morelos sometió al Congreso el 14 de septiembre de 1813, se declaraban entre otros puntos, los siguientes:
- Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación.
- Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo.
- Que éste la deposita en sus representantes y divide los poderes de ella derivados en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
- Que la patria no será completamente libre hasta que se abata el gobierno tiránico y se sustituya por el liberal y sea expulsado del suelo mexicano el enemigo español.
- Que las leyes que dicte el congreso deben ser tales que obliguen a la constancia y el patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal manera se aumente el jornal del pobre, se mejoren sus costumbres y se destierre la ignorancia.
- Que la esclavitud y la distinción de castas sean proscritas para siempre, quedando todos iguales, y distinguiéndose a un americano de otro sólo por el vicio y la virtud.
- Que se quiten la infinidad de tributos, cargas e imposiciones más agobiantes y se señale a cada individuo un cinco por ciento de sus ganancias u otra carga ligera que no oprima tanto como la alcabala, el estanco, el tributo u otros impuestos.
En nuestra realidad social actual, cabe preguntarse ¿Cuánto de lo que Morelos veía como una necesidad en el siglo XIX, se ha convertido en un logro a lo largo del tiempo y después de mucha historia? Por ejemplo en lo referente a nuestra independencia ¿qué tan independientes somos? En los días que corren se habla de independencia económica, tecnológica, alimenticia. ¿Somos independientes en nuestra economía, en la tecnología, en la alimentación?, veamos. En la economía dependemos de lo que pase en el mundo, quién no recuerda al director del Banco de México declarando que si Trump ganaba las elecciones, el entorno de México sería “tormentoso”, “un huracán categoría 5”. Al parecer no sólo no somos independientes sino vulnerables.
En lo referente a la independencia tecnológica baste mencionar el argumento que dan los promotores de la privatización de PEMEX y que se puede resumir así: “México no dispone de la tecnología para explorar aguas profundas e ir en búsqueda del petróleo y el desarrollar dicha tecnología tampoco está a nuestro alcance. Debemos dejar que quien tiene esa tecnología lo haga”.
Cabe preguntar ¿Por qué México no dispone de esa tecnología siendo que es, desde hace décadas, un país petrolero que llegó a encontrarse entre los primeros sitios a nivel mundial como productor de petróleo? ¿Por qué no se ha desarrollado tecnología propia, por qué dependemos de otros países, al grado de privatizar los recursos naturales de la nación? Muchos estamos convencidos que la respuesta no está en la falta de capacidad de los mexicanos, sino en las malas políticas que no han favorecido el mencionado desarrollo tecnológico.
En cuanto a la independencia alimenticia, el panorama no es nada alentador pues, gracias a las políticas neoliberales que tienen abandonado al campo mexicano, porque se creyó que era mejor comprar que producir los alimentos que consumimos, ahora somos un país deficitario en la producción de los granos que componen la dieta básica del pueblo. Por ejemplo el maíz, cuya importancia en la historia y cultura mexicana parecen ignorar nuestros gobernantes.
Para satisfacer la demanda interna de maíz, México se ve obligado a importar este producto principalmente de Estados Unidos. Según un reportaje del New York Times, de abril de este año, sólo en 2016, se importaron 13.8 millones de toneladas de maíz provenientes de ese país, que se destinan tanto para el consumo humano como para la engorda de ganado. Cabe señalar, además, que el maíz importado de Estados Unidos tiene el inconveniente de estar contaminado con elementos transgénicos, según argumentan varias organizaciones que defienden el maíz como producto de origen nacional. Otro alimento fundamental para los mexicanos es el frijol, que al igual que el maíz es un alimento estratégico para nuestra independencia y seguridad alimentaria y del que México también tiene que importar el 43% (según cifras de la FAO hasta 2013) para satisfacer la demanda interna. Esto es, México es dependiente en productos alimenticios estratégicos.
En cuanto a nuestra soberanía, ésta es por lo menos relativa, pues estamos sometidos como nación a recibir un trato indigno de otras naciones. Para ello basta recordar el episodio Peña – Trump respecto a la construcción y pago del ignominioso muro de la frontera común.
Que las leyes actuales moderen la opulencia y la indigencia en nuestro país -como proponía Morelos- tampoco lo hemos conseguido, pues tenemos aún más de 50 millones de pobres y entre nuestros conciudadanos se cuentan varios de los hombres y mujeres más ricos del mundo. No puede haber igualdad cuando en una sociedad se desarrollan los polos opuestos de la riqueza y la pobreza y el salario mínimo es de 80 pesos. Agregando a ello que nuestro país tiene rato de ser una de las sociedades con menor movilidad social, esto es, que quien nace pobre tiene una probabilidad dominante de morir pobre y quien nace en la opulencia la tiene de morir en ella. ¿Es acaso esto justo para cualquier nación?
Que no haya distinción de castas decía Morelos, que sea el vicio y la virtud lo que distinga a un americano de otro. En México ya no se habla de castas, pero si se discrimina, por ejemplo, a los indígenas, los afro-mexicanos, los discapacitados, los homosexuales, las mujeres, los ancianos. También se discrimina por la apariencia, por la condición social, por el color de piel. En la Primer Encuesta Nacional sobre Discriminación en México se muestra en los resultados que uno de cada tres encuestados opina que “lo único que tienen que hacer los indígenas para salir de la pobreza es no comportarse como indígenas”. Aquí vale la pena recordar el desafortunado episodio que protagonizó Lorenzo Córdova presidente del INE, en el que se mofó de manera vergonzosa de una comisión de representantes indígenas del pueblo Chichimeca de San Luis de Paz Gto. Es un claro ejemplo de la conducta discriminatoria con la que se dirigen algunos políticos y funcionarios hacia el pueblo. Valdría preguntarse, ¿Qué tanto hemos avanzado como sociedad en este aspecto?
Por último hablaré de los tributos, ahora llamados impuestos que no “agobien”, proponía Morelos. Actualmente es conocido que la recaudación de impuestos se centra en los pequeños contribuyentes, pero no así en los grandes empresarios para quienes la ley se flexibiliza y se acomoda con el fin de eximirlos del pago de impuestos, recuérdese el caso de Televisa al inicio de este sexenio cuando le fueron condonados millones de pesos de impuestos. ¿Acaso no hay labor pendiente en este tema como en tantos otros?
Por lo anterior, considero que lo plasmado por Morelos en Los sentimientos de la Nación, es un tema pendiente para los mexicanos. Que queda todavía mucho trabajo por realizar ante el avance de las políticas neoliberales que socavan nuestra independencia y soberanía, así como la justicia social, por las que lucharon desde el siglo XIX, primero Hidalgo y los Insurgentes y en su momento el Caudillo del Sur. Cabría preguntarnos si ¿aún existen mexicanos que estén dispuestos a seguir el ejemplo de estos héroes nacionales?
Andrés Manuel López Obrador ha declarado en varias ocasiones que para él son ejemplos Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata, Villa, Madero, L. Cárdenas y ha citado en alguno de sus libros Los sentimientos de la Nación; eso es alentador para muchos, pero como mexicanos y ante la situación que impera en el país, es deseable que no esperemos que el cambio lo realice un solo individuo sino que todos dejemos la apatía y trabajemos en ello.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada: José María Morelos y Pavón, sargento e insurgente.
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