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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 3 de noviembre de 2017
No por esperada fue menos relevante la noticia de la votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas del proyecto de resolución «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba».
Desde 1992, cada año se ha presentado ante la ONU el proyecto de resolución contra el bloqueo y no obstante las presiones políticas y económicas de Estados Unidos que inducían a votar en contra de la resolución, a abstenerse o a ausentarse, los resultados de la votación han sido siempre ampliamente favorables a Cuba.
El pasado 1 de noviembre se aprobó tal resolución por vigésima sexta vez consecutiva. De los 193 países miembros de la ONU, 191 votaron a favor, 2 en contra (Estados Unidos e Israel), sin abstenciones ni ausencias, lo que muestra claramente el desprestigio acumulado por el imperio.
Cabe aclarar que el año pasado la votación fue de 191 votos a favor y 2 abstenciones (Estados Unidos e Israel), resultado congruente con la petición de Obama al Congreso de su país para levantar el bloqueo a Cuba, al que calificara como el «legado de una política fracasada»; ello en el contexto de la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países,
La llegada de Trump con su torpeza y delirio de grandeza a la Casa Blanca ha aumentado el repudio a la política norteamericana, y no desperdician ocasión para que tal rechazo crezca; así lo demostró la representante del gobierno de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, en su intervención ante la Asamblea General, cuando dijo: «esta Asamblea pierde su tiempo y Estados Unidos se ve sometido a todo tipo de reclamaciones ridículas»; además, que «esta Asamblea no tiene la facultad para poner fin al bloqueo de Estados Unidos» y que «lo que hace la Asamblea General, hoy y todos los años, es un teatro político».
El bloqueo norteamericano contra Cuba es la violación flagrante de los derechos humanos del pueblo cubano y dado su carácter extraterritorial, es una afrenta a todos los pueblos del mundo.
Es el principal obstáculo para el desarrollo de las relaciones económicas, comerciales y financieras de Cuba con Estados Unidos y con el resto del mundo y, también, violatorio de derechos del pueblo norteamericano, incluyendo a los emigrados cubanos.
Además, es un acto genocida porque afecta gravemente la economía, alimentación, salud, educación y, en fin, el desarrollo económico y social de todo un pueblo, al que busca rendir por hambre y desesperación.
Tal es el cinismo, la arrogancia y prepotencia imperial que se sienten con el derecho a decidir qué es y qué no es bueno para los demás y, en ese contexto, definir las reglas de comportamiento para tener su aprobación. En su soberbia, se sienten los dueños de la verdad y para imponerla sus argumentos son ajenos a la razón y proclives a la fuerza
Desconocen que hay una cosa que se llama soberanía y que ésta no es una concesión de los poderosos, es una facultad y un derecho irrenunciable conquistado por los pueblos a través de sus luchas libertarias y que, además, para que exista la soberanía es necesario que haya dignidad. Y si hay un pueblo que ha demostrado con creces ser digno, es el cubano.
Los pueblos del mundo lo saben, por ello el resultado de 191 contra 2.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: La Habana, Cuba. | Foto: Pixabay.
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