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Trump contra el mundo

Diálogo Estado / Diálogo País / Top News / 10/11/2017

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Alfonso Díaz Rey*

Viernes 10 de noviembre de 2017

 

Hace nueve días que el mundo entero mostró, nuevamente, su rechazo a la política imperial de Estados Unidos en relación a Cuba y, reafirmando su desprecio al mundo y a su propio pueblo, el gobierno norteamericano impuso ayer nuevas restricciones a funcionarios del gobierno cubano, los viajes en ambos sentidos y transacciones financieras y en materia de comercio.

Aun cuando desde el pasado 16 de junio, en Miami, Florida, Donald Trump, ante una audiencia compuesta por connotados contrarrevolucionarios y terroristas cubanoamericanos, firmó el documento que contenía esas medidas, pareciera que esperaron el momento adecuado para demostrar que no obstante el rechazo total a esa política, ellos tienen el poder y la fuerza para imponerla.

Esas medidas, además, significan un grave retroceso y un serio obstáculo al proceso de normalización de las relaciones diplomáticas que se habían reanudado oficialmente el 20 de julio de 2015, tras el rompimiento en diciembre de 1961, por parte de Estados Unidos, ante el fracaso de los intentos iniciales por derrotar a la Revolución.

En su obstinación por devolverle la «grandeza» a su país (Make America great again), Trump arremete con renovado ímpetu contra todo el mundo. Antepone, en actitud egoísta y arrogante los intereses de Estados Unidos por sobre los de la humanidad entera; sin embargo, esos intereses que dice defender no son los del pueblo norteamericano que mayoritariamente desea y apoya la normalización de las relaciones entre los dos países, sino los del gran capital financiero y de lo más retrógrado de la derecha yanqui, que por igual perjudica a los norteamericanos como a cualquier pueblo del planeta.

Esa defensa se corresponde con la crisis general y estructural que padece el sistema capitalista, de la que no hallan, ni hallarán, la manera de salir. En este contexto se entiende el elevado número de bases militares norteamericanas en el mundo y el asedio contra los pueblos que con una visión diferente de la realidad y lo que debe ser el mundo, emprenden vías propias para alcanzar su desarrollo.

Antes, el pretexto fue el comunismo y tuvieron que crear un «mundo libre» para oponerlo al «mal»; después, el «terrorismo», propiciado por ellos y del que son la máxima expresión, argumento que aún utilizan como pretexto para invadir y apropiarse de la riqueza de otros pueblos; y ahora, después de la desaparición del «socialismo real» y los terroristas (externos) han sido «humanitariamente» invadidos y ocupados, su obsesión es contra aquellos pueblos que con soberanía y dignidad intentan construir mundos diferentes al que el imperio impone.

Pareciera que quienes defienden su soberanía y su dignidad son portadores de un virus en extremo peligroso, al que hay que evitar que se propague y suprimir, sobre todo porque es altamente contagioso y cuando se expande es capaz de producir cambios que alteran sensiblemente el (des) orden existente y generan nuevas relaciones sociales con las que chocan las impuestas por quienes hasta ahora dominan el mundo.

Urge cambiar al mundo. Es insostenible mantener las relaciones de todo tipo que se dan en la sociedad capitalista, son un peligro para la existencia de la especie humana y de la vida en nuestro planeta. La oligarquía, la de todo el mundo, a la que Trump pertenece, es la principal responsable de ese peligro.

Y la solidaridad internacional juega un importante papel en la defensa de los pueblos que por ejercer su soberanía sufren la embestida del imperio, al que enfrentan con dignidad; sin embargo, la mejor forma de solidarizarse con ellos y apoyarlos es enfrentar a quienes representan y son parte del imperio en nuestros países; para recuperar nuestra dignidad y así poder ejercer nuestra soberanía.

Si creemos que otro mundo mejor es posible, contribuyamos a construirlo.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la soberanía de Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Universidad de Guadalajara Tv.






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