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Propósitos para el futuro

Diálogo País / Top News / 22/12/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 22 de diciembre de 2017

 

Alonso Aguilar Monteverde

In memoriam

 

En temporada de fin de año es común que mucha gente realice un análisis, con cierta dosis de autocrítica, de lo que en términos económicos, sociales, políticos y hasta personales representó el ciclo de calendario por concluir y, además, refrende o renueve sus propósitos para el año venidero.

En nuestro país también es común que cada seis años los candidatos a ocupar el máximo cargo de dirección política, la presidencia de la República, se encarguen de revivir esperanzas y sueños de quienes en los seis años previos, o más, esperaron por el cumplimiento de promesas de bienestar y mejoras en sus condiciones de vida y trabajo.

Pues bien, estamos ya en plena temporada de oferta de ilusiones, sueños y esperanzas que, ahora sí, se harán realidad. Lo garantizan los continuadores del sistema, quienes acuden al pueblo solamente en tiempos electorales para obtener el preciado puesto con el voto de los ciudadanos, ya sea comprándolo directamente o mediante todo tipo de ofertas y promesas que históricamente han incumplido; si ello no funciona, simplemente y sencillamente preparan y cometen un fraude.

En la canasta de sueños ya se encuentra el crecimiento económico, el empleo, la lucha contra la corrupción, más y mejor educación, respeto a los derechos humanos, la conversión del país en potencia mundial y, en general, la solución a los problemas más graves que padece nuestro pueblo. El único problema es que todas las ofertas y promesas de solución se efectúan desde y dentro del sistema que los ha creado y además son el resultado de las condiciones que ese sistema requiere para mantenerse y reproducirse; por tanto, mientras vivamos en ese sistema no habrá solución a nuestros problemas como pueblo y como país.

Para empezar, el pueblo no selecciona a los candidatos. Son impuestos desde las cúpulas de partidos políticos que obedecen las directrices y cuidan los intereses del grupo que detenta el poder económico y político en el país, grupo que mientras se mantengan sus intereses a salvo, no le importa quiénes o de qué partido sean los aspirantes.

Para asegurarse, la legislación electoral está hecha a modo de que el ganador de los comicios sea quien conviene a ese grupo; en caso contrario cuenta con los mecanismos para revertir resultados mediante golpes de estado disfrazados, como se vio en las elecciones de 1988, 2006 y 2012.

Es tal el descrédito del sistema político mexicano, los partidos, sus dirigentes y miembros prominentes, que el partido en el gobierno federal, el PRI (con sus aliados), ha postulado a un candidato «ciudadano» para la presidencia de la república, ciudadano que siempre ha sido una persona fiel al sistema, además de su demostrada eficiencia en la defensa de los intereses del grupo en el poder.

Algunos partidos establecen alianzas que si atendemos a su origen podrían parecer contradictorias, no así si observamos la trayectoria de sus dirigentes e integrantes con mayor peso político. Otros, prometen terminar con la política actual y regresar a tiempos en los que el Estado, capitalista, tenía un margen mayor de acción y control de la economía; olvidan que en esa etapa se gestó la que estamos padeciendo y su oferta es repetir una historia cuyo desenlace estamos sufriendo.

En fin, son parte de una simulación y un juego que nos han vendido y en el que nos hacen creer que la «democracia» consiste en la asistencia a las urnas cada tres o seis años y en el intervalo, sin tomarnos en cuanta para nada, solamente tenemos que aguantar hasta la siguiente elección.

La realidad, siempre necia y terca, nos muestra que los problemas siguen presentes, aumentando en número, complejidad, gravedad y, además, quienes los provocaron son incapaces de remediar una situación que implique la pérdida de privilegios y la merma de sus ganancias.

No obstante ser un sector social muy reducido en número, sus intereses como grupo en el poder son opuestos a los nuestros como pueblo. Para defenderlos necesitan mantenernos desorganizados, divididos y oprimidos; mientras ellos, sin ser una fuerza monolítica, están unidos por los privilegios de ser la clase dominante.

El futuro de un país depende exclusivamente de lo que su pueblo haga o deje de hacer. Dejarlo en manos de un grupo o de una clase minoritaria significa entregarles la vida para que dispongan de ella como mejor les plazca en la búsqueda de mayores ganancias y la defensa de sus intereses. La otra opción, aquella en la que el pueblo es dueño de su futuro, representa una vida digna para tod@s.

Y ante el deterioro cada vez mayor de las condiciones de vida en nuestro país y la próxima elección federal, necesitan prometernos más y vendernos más sueños y esperanzas, lo que aseguraría más de lo mismo, con pronóstico a empeorar.

Y si algo les fallara, procurarán hacer uso de la fuerza, con o sin Ley de Seguridad Interior.

*

P.D. Hoy se cumplen cinco años de la desaparición física de nuestro querido compañero y maestro Alonso Aguilar Monteverde. Vaya este recuerdo como un modesto homenaje a su vasta obra y sus enseñanzas.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente


Regional en Defensa de la Soberanía de Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: CEN del PRI.






Luis López




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