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El sentido de los regalos

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 08/01/2018

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Domingo 7 de enero de 2018

 

Con cierta frecuencia me pregunto qué puede sorprender en Navidad, Reyes Magos o de Santa Claus a una niña o a un niño que recibo todo lo que quiere.

El psicoanalista Lauro Estrada advierte que si al niño se le da, y se le da, y se le da, sin cesar, sin ninguna explicación y aun sin ni siquiera él haberlo pedido, se le está privando de una experiencia valiosa que es la significación del porqué tengo lo que tengo y cómo hacer para que tú también lo tengas y tú también lo valores.

Desafortunadamente, hoy existen infinidad de niñas y niños que desde su nacimiento tienen cubiertas no solo sus necesidades básicas sino que reciben en exceso.

Generaciones atrás, cuando las familias eran numerosas y la economía familiar más limitada, los regalos y adquisiciones no eran cosa de todos los días, sino momentos extraordinarios.

El Día de Reyes, Navidad, su cumpleaños, la Fiesta del Pueblo solían ser fechas esperadas por muchas razones, una de ellas: el anhelo de recibir un regalo especial. El resto del año transcurría sin adquisiciones ostentosas.

Expectativa, ilusión, anhelo, incertidumbre, esperanza, deseo, fantasía, disfrute, sorpresa, eran el tipo de sentimientos generados en esas fechas. Sentimientos vividos con una intensidad directamente proporcional al tamaño de la espera, capaces de quitar el sueño (¿recuerdas aquellas noches cuando a pesar de los esfuerzos por cerrar los ojos no podías conciliar el sueño al pensar en la sorpresa que deparaban los Reyes Magos?).

Una vez que los juguetes y regalos eran recibidos, se experimentaban nuevos sentimientos: cierto desconsuelo por no recibir más que uno o dos juguetes, frustración por no haber recibido el juguete solicitado, envidia por lo que le trajeron a otros y a uno no…, así como gratitud por lo recibido, satisfacción por tener algo con qué jugar, orgullo y seguridad porque los Reyes Magos pensaron en nosotros…

Pero, ¿qué pasa cuando un niño lo tiene todo? ¿Cuando en lo ordinario recibe regalos extraordinarios (que a fuerza de repetición terminan siendo ordinarios)? ¿Cuándo de manera indiscriminada y a destiempo se les obsequian objetos, juguetes, experiencias o artefactos impropios para su edad o etapa de desarrollo? Suceden muchas cosas.

Para empezar aniquilamos la posibilidad de experimentar una gran gama de sentimientos como los arriba mencionados, sentimientos que se convierten en oportunidad de disfrutar lo gozoso y en oportunidad para aprender a manejar y superar los sentimiento no gratos.

Sucede, también, que pierden la capacidad de sorpresa, de disfrute, de gratitud. Basta ver cómo se vuelven recurrentes las escenas de un niño maldiciendo a los Reyes Magos por haberles traído un “simple y chafa balón” (aún cuando sea el oficial de la liga profesional), un niño retorciéndose de coraje porque no le regalaron tal cosa del color y características exactas, otro refunfuñando porque en su cumpleaños sólo recibió diez o quince regalos (!)… Niños víctimas del consumismo.

Sucede que niños así terminan convertidos en consumidores compulsivos precoces, individualistas, insatisfechos crónicos. Niños que vacían de sentido las fechas especiales, incapaces de otorgarles un significado al regalo, incapacitados para valorar la intención del prójimo… Sucede que no adquieren la capacidad de valorar el esfuerzo de sus padres o de las personas que procuran su bienestar.

Nunca olvidemos que lo más importante es que los niños crezcan rodeados de amor, de cuidado, de atención a sus necesidades para que en un futuro sean personas (y padres, si lo desean) seguras, amorosas, gracias al ejemplo recibido, y de esta manera construir una herencia positiva de generación en generación.

No matemos su potencial para el disfrute, para la sorpresa, para la ilusión llenándolos de cosas que no necesitan y que rápidamente se convierten en basura que contamina al planeta. No aniquilemos su capacidad para otorgarle un sentido y un significado a los detalles de la vida.

Enseñémosles a valorar lo que reciben, lo que tienen. De esta manera se valoraran a sí mismos y a los demás, a los otros, a aquellos que se esfuerzan porque crezcan bien.

Tal cosa no sucederá en el exceso, sino en el diálogo y la convivencia ratificada en las fechas especiales donde el regalo sólo es una manifestación de aprecio, de amor, de generosidad.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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