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Feliz año 2018

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SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés*

Miércoles 10 de enero de 2018

 

¡Qué necesidad de contar el tiempo!

Y además de ser exactos.

De encerrarlo en relojes y calendarios, de modificarlos para predecir las estaciones.

Tiempo de siembra y de cosecha. Tiempo de reflexiones, de narrar lo ocurrido y de contar lo ganado, de sentir el pasado y soñar el futuro.

De desear felicidad. ¡Feliz año nuevo a todos! Faltaba menos, también les deseamos salud, amor, alegría y prosperidad. ¿Será posible? Si trabajamos por ello, tal vez.

¿Desde cuándo el primero de enero se acaba un ciclo y empieza otro?

Los pueblos originarios tenían sus calendarios dobles, uno para el pueblo, otro para los sacerdotes; los mexicas precisaban 18 meses de 20 días. En este tiempo y lugar, algunos amigos neo aztecas invitan a celebrar el año nuevo mexica entre el 11 y el 13 de marzo. Aymaras y quechuas lo celebran el 21 de junio.

El año nuevo chino se calcula con base en la luna nueva más próxima al día equidistante entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, así que este año lo festejarán el 18 de febrero.

El año nuevo judío, el Rosh Hashaná, se celebró el 20 de septiembre de 2017 en el mismo instante en que la primera estrella o planeta (tal vez Venus) pudo verse ese anochecer desde Jerusalén y para el 2018, que según su cuenta será el año 5779, los festejos se iniciarán el 9 de septiembre.

En el viejo mundo europeo, los romanos, desde Numa Pompilio hasta el fin de la República, tenían un año de lo más impreciso que empezaba en marzo y terminaba en febrero, duraba 304 días ¿¿¿??? Sí, aunque se regían por la luna, sólo ellos sabían cómo lo calculaban, así que cada año había que hacer ajustes, más de acuerdo a conveniencias políticas que a situaciones astronómicas.

Fue Julio César quien ordenó a Sosígenes de Alejandría que trabajara con el tiempo, el sol y las estaciones para modificar tanto desorden, parece ser que fue él quien calculó que el sol tardaba 365 días con 6 horas para cerrar un círculo y volver a empezar. Pero resulta que esas 6 horas, 11 minutos y cuatro segundos provocan un desfase después de un cierto número de años, esa minucia no se consideró. Al calendario propuesto por Sosígenes se le llamó Calendario Juliano, ¡faltaba más, el nombre del dictador era Julio! Así, en el año 49 antes de Cristo quedó establecida para todo lo que sería el imperio una nueva forma de medir el tiempo (no tan nueva, ya se conocía en Babilonia o Egipto), y un nuevo mes para festejar el inicio del ciclo.

¿Por qué enero que era el undécimo mes se convirtió en el primero? Conveniencias imperiales, el año empezaba en marzo, tiempo en que los cónsules asumían el gobierno, pero, la guerra con los celtíberos en lo que después sería España, hizo que se adelantaran los tiempos políticos y que asumieran el gobierno en enero, para poder planear con tiempo las acciones militares. El pueblo lo aceptó porque el Dios Jano era muy popular, y porque donde ordenaba el César, la plebe no tenía voz ni voto, como no los hemos tenido nosotros con el también mal llamado horario de verano (comienza cuando va iniciando la primavera y termina ya avanzado el otoño).

Era difícil ponerse de acuerdo y decidir por decreto cuando se cerraba un ciclo y empezaba otro, tras la caída del imperio romano, ni siquiera en Europa; bueno, ni en lo que actualmente es Italia, se celebraba el principio del año el mismo día, algunos pensaban que debía celebrarse en Navidad, otros que el domingo de Resurrección, y como en lo que llamamos Edad Media las ciudades eran bastante independientes, cada una decidía sus tiempos y sus fiestas.

Pero, girando, girando alrededor del sol, la tierra fue acumulando desfases y las necesidades de un cierto orden mundial se hacían presentes. En más de 1600 años el calendario juliano que regía a los romanos dejó de corresponder con los solsticios y equinoccios, las diferencias entre el tiempo medido y el astronómico se acumularon y los astrónomos de la Universidad de Salamanca (España) remitieron un estudio al Papa Gregorio XIII, quien con base en él, decidió hacer un nuevo ajuste. El interés estaba sobre todo en que el año litúrgico se celebrara de manera más o menos uniforme en toda la Cristiandad. Fue en el año 1582 cuando el calendario Gregoriano se impuso en el espacio católico.

Esto sucedió algún tiempo después de que Cristóbal Colón encontrara una ruta segura de regreso a Europa, Magallanes demostrara la redondez de la tierra y de que empezará la acumulación de capitales, de que el oro del Perú y la plata de México, más los esclavos de África, enriquecieran a los piratas ingleses y franceses (ladrón que roba a ladrón, no tiene ningún año de perdón). Tiempo era de unificar fechas para calcular los intereses.

Curiosamente, a pesar de toda la cristianización del que fuera el imperio romano, los nombres de los meses permanecieron sin cambio. Así, enero (ianarius) recordaba a Jano, el hombre que según la leyenda dio asilo a Saturno y por tanto se convirtió en el Dios de las dos caras. Una que mira adelante, otra que ve hacia atrás. Dios de las puertas, de los inicios, de los finales.

Enero, aunque se ha perdido la memoria de Jano, hoy queremos recordarlo, pues requerimos ver el pasado para construir el futuro, para no engañarnos, para abrir nuevas puertas, por eso al desear feliz año, los invitamos, nos invitamos, a no perder de vista cómo está nuestro país, nuestra ciudad, cómo hemos llegado hasta aquí, teniendo presente el futuro que podemos construir. Jano simboliza el cambio y la transición.

Y con esa idea y ese festejo, empezamos el año 2018 de la era cristiana, el primer mes por decreto de César. Por tradición, un momento para hacer un recuento, de proponernos acciones que nos permitan vivir mejor.

Es en este 2018 que veremos las dos caras de la política, necesitamos irnos con mucho cuidado, con pies de plomo, solicitar y buscar pruebas de cada afirmación, con las dos caras de Jano ver el pasado y planear el futuro, porque la calumnia, la difamación, los rumores, las mentiras, además de muchas prácticas ilegales, se están utilizando para que nuestro futuro sea aun peor que el pasado reciente.

Enero es un mes propicio para recapacitar en lo que hemos hecho para vivir mejor como personas y como sociedad y en lo que queremos y debemos hacer.

Feliz año nuevo.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

Foto de portada: Pixabay.






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