SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 12 de enero de 2018
En el inicio del nuevo año, como para que pongamos nuevamente los pies sobre la tierra y se alejen los efímeros sueños y esperanzas que forjamos cada fin de año, la realidad nos recibe con aumentos a los precios de artículos de la canasta básica y a los combustibles, además de la amenaza de aprobar una reforma más a la Ley Federal del Trabajo (LFT).
A las bondades y beneficios que como en cascada nos llegan producto de las «reformas estructurales», ahora, cual cereza en el pastel del sexenio de Peña Nieto, pretenden llevar a cabo una reforma a la LFT que además de lesionar gravemente los derechos de los trabajadores, cancelaría el futuro a la mayor parte de nuestro pueblo.
Tal reforma pretende desaparecer los derechos laborales fundamentales, liberar de obligaciones a los empleadores, incrementar la explotación a los trabajadores, hacer más flexible la legislación laboral y abaratar al máximo la mano de obra; todo con el fin de obtener la mayor ganancia posible.
Esa reforma, añeja aspiración de los organismos patronales, no es impulsada por ellos sino por dos senadores pertenecientes al PRI que dicen ser representantes de obreros: Isaías González Cuevas, de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, y Tereso Medina Ramírez, de la Confederación de Trabajadores de México.
La iniciativa fue presentada el pasado 7 de diciembre y no obstante los esfuerzos para su rápida aprobación, ello no ocurrió, por tanto lo intentarán durante el siguiente periodo de sesiones en febrero próximo.
La imposición de esta reforma es uno de los objetivos del proyecto neoliberal para afianzar su poder. Les faltaría el control total de los sectores: energético, de la salud, la educación y del agua, para tener bajo su dominio al país entero.
Ese proyecto nos ha sido impuesto desde hace 35 años, siempre con promesas de mejora sujetas a la entrega del país a los dueños del dinero; sin embargo, la realidad ha mostrado que con el paso del tiempo las condiciones, el nivel y la calidad de vida de nuestro pueblo no avanzan, las promesas son incumplidas y recicladas sexenalmente y lo único que prospera es la entrega del país y sus riquezas a quienes constituyen el grupo en el poder y sus aliados (o amos) extranjeros.
Para ese proyecto somos prescindibles, cuando menos, la mitad de quienes habitamos este país; entre otros: l@s de mayor edad y l@s que se ubican en estratos considerados como pobres y vulnerables; y de una manera general, quienes no son susceptibles de ser explotados al máximo.
A pesar del oscuro panorama y las nada halagadoras expectativas que ofrece el neoliberalismo, esto no es una fatalidad. Puede detenerse e incluso revertirse siempre y cuando sea por decisión de la mayoría del pueblo.
Ello requerirá, al menos, de organización, decisión y conciencia. Las dos primeras son condiciones fundamentales para lograr un cambio en la sociedad y la tercera, es esencial para que ese cambio responda realmente a las necesidades y aspiraciones de las mayorías.
Por tanto, un retorno a épocas pasadas, como la del Estado benefactor, o a encontrar soluciones dentro del actual sistema económico y político, serían en corto tiempo inviables, porque, como hemos comentado antes, las contradicciones de este sistema fueron las que incubaron y desarrollaron al neoliberalismo y, obviamente, ello le imposibilita resolver los problemas que genera.
En otras épocas y quizá en circunstancias más adversas, nuestro pueblo fue capaz de enfrentar y resolver situaciones de extrema dificultad. Intentemos recuperar y ser continuadores de esa tradición de lucha y decidámonos a ser los dueños de nuestro futuro
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Isaías González Cuevas, senador del PRI. | Foto: Senado de la República.
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