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Tarde de Domingo

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Socorro López

Viernes 2 de febrero de 2018

 

Socorro López (Moroleón, Gto. México), es escritora y narradora oral. Ha participado en diversos talleres y encuentros de escritores y narradores orales. Algunas de sus obras han sido publicadas en periódicos, revistas y antologías regionales y estatales como Hilvanando Vuelos (Universidad Iberoamericana), Cuentos de Magia y Misterio (ediciones La Rana y Conaculta), Imagicuentos (ediciones La Rana y Conaculta), y en la antología internacional XXV Encuentro Internacional Mujeres Poetas en el País de las Nubes. En Colaboración con Carlos López Ortiz, Gastronomía y Herbolaria de los Valles Abajeños: Uriangato, Moroleón, Yuriria. También publicó su poemario Haikú Lunario.





Tarde de Domingo

Tarde de domingo, día de cine con las amigas. Nos sentamos en la segunda fila (nunca me había sentado tan adelante), la pantalla estaba prácticamente sobre nosotras y parecía que podíamos tocar a los actores y viceversa.

¿Cómo comenzó la película o como terminó?, no logro recordarlo por más que intento, solo recuerdo esto:

Una estancia con una escalera y un teléfono negro, de pronto el teléfono suena y una linda chica de pelo lacio y oscuro a medía espalda baja de prisa a contestar, sale corriendo, sube a su auto y se dirige al bosque, adentrándose en  un camino bordeado por árboles frondosos, al fondo iluminando el paisaje se puede ver una hermosa luna llena.

El coche se detiene frente a una mansión antigua, la chica desciende, toca a la puerta, abre un hombre rubio maduro (tiene los ojos de un azul sumamente hermoso) la chica entra, él la abraza, luego le muerde el cuello, se retira, hablan algo que no logré captar, ella regresa a casa; la recibe un gato negro, su mascota; lo acaricia, lo abraza y finalmente bebe su sangre.

Al salir del cine fuimos a cenar y luego cada quien a su  casa.

Llegué a la mía, mis padres me mandaron  a la cama, subí a mi cuarto y ellos se fueron al suyo.

Comencé a alistarme para meterme a la cama, de pronto sonó el teléfono. Bajé corriendo a contestar, al descolgar sentí un escalofrío, el teléfono era negro.

La llamada era de larga distancia para mi madre, abrí la puerta del patio para avisarle (ya que ellos dormían en el cuarto del fondo), la luna plena, enigmáticamente hermosa.

Olvidaba decir que mi pelo era oscuro y lacio a media espalda.

Con un poco de miedo por las semejanzas con la película avancé lento al principio, pero el mismo miedo me hizo correr por las banquetitas bordeadas de árboles y plantas que conducían al dormitorio principal.

Llegué temblando a la puerta, toqué, me abrió un hombre rubio, maduro con unos ojos hermosamente azules…

Entonces  comprendí todo: ¡EL VAMPIRO ERA MI PADRE!

Di la vuelta y corrí de regreso a mi cuarto angustiada por lo que acababa de descubrir, más  de pronto mi mascota, (un gato casi negro), se atravesó en mi camino.

Lo que sucedió…

¡ Tú ya  lo sabes.!


Foto de interiores: Pixabay.

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