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Pasado, presente y futuro

Diálogo Estado / Top News / 09/03/2018

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 9 de marzo de 2018

 

En nuestro país, como en muchos otros, quienes detentan el poder hacen las leyes.; imponen su legalidad y su concepción del mundo a la sociedad entera con el único propósito de mantener ese poder y disfrutar de los privilegios que les da tal posición.

Su visión del mundo, aun cuando la realidad ofrezca a cada momento evidencias de su falsedad, nos la presentan como verdad indiscutible y su forma de organización social, política y económica, como la única opción posible para resolver los graves problemas que padecen la sociedad y el país entero.

Su democracia, la democracia burguesa, que en los hechos tiene secuestrados la soberanía y los derechos del pueblo, también la presenta como la única forma gobierno capaz de conducir por un buen rumbo al país.

En este contexto se desarrollan las elecciones en México. Todo dentro de lo que el sistema establece. Cualquier propuesta de cambio que represente un peligro para el propósito del grupo en el poder, por mínimo que sea, es de inmediato descalificada, denostada y exhibida como una amenaza para la nación.

En esta democracia que nos presentan como ideal, el pueblo nada tiene que ver con el nombramiento de los candidatos a puestos de elección popular y mucho menos con las decisiones que toman una vez electos, la mayoría de las veces contrarias a los intereses del pueblo y la nación.

Cuando surge algún candidato a la máxima responsabilidad política en el país con propuestas que sin ir contra el sistema afectan ciertos intereses del grupo dominante, o de sus socios y aliados locales o extranjeros, es etiquetado de «populista» o de querer regresarnos a un pasado ya superado por el sistema, para presentarlo como una amenaza nacional y de ese modo buscar la animadversión de los votantes hacia él. Cuando fracasa su estrategia, recurren al fraude.

En las últimas dos elecciones federales, 2006 y 2012, así como la de 1988, el grupo en el poder tuvo que recurrir a fraudes que en la práctica fueron golpes de estado, acciones en las que de la manera más burda ese grupo instaló en la presidencia de la república a «su candidato».

Ahora, de cara a los comicios del próximo 1 de julio, cuando los sondeos de opinión acerca de la preferencia de los votantes favorecen al candidato que se presenta por tercera vez consecutiva (el que fue objeto de los fraudes en 2006 y 2012) y que por arte de magia ya no es un peligro para México, pero para algunos sigue siendo un «populista» y un «emisario del pasado, en la cloaca que con toda su suciedad se destapa en estas coyunturas tal parece que solamente hay espacio para los candidatos de las coaliciones que encabezan el Partido Revolucionario Institucional  y el Partido Acción Nacional. Sin embargo, no puede descartarse que estén preparando un lugar al candidato puntero en las encuestas o que sea una acción distractora para realizar el siguiente fraude (léase golpe de estado).

Quienes detentan el poder plantean que un cambio que implique el regreso a un pasado ya superado de políticas populistas sería un serio retroceso para el país, que lo importante es preservar y profundizar los «logros» que se han alcanzado con la política desplegada tras el abandono del populismo y del Estado benefactor; nos hablan como si el presente al que nos han conducido tuviera a la mayoría de nuestra población en mejores condiciones que antes de iniciar esa política, la neoliberal.

En realidad, tienen razón cuando argumentan que la vuelta a ese pasado sería un retroceso, pues, como hemos comentado en otras ocasiones, fue en ese pasado donde se incubó el presente neoliberal que ahora padece la inmensa mayoría de nuestro pueblo; por tanto, regresar a ese pasado sería repetir la historia, con el peligro de que la farsa resulte peor que la tragedia que ya padecemos.

No cabe duda de que existen poderosos intereses que se afectarían si el próximo gobierno federal abandona el proyecto neoliberal, escenario de escasa probabilidad dadas las características de los principales contendientes por la presidencia de la república. Todos, incluyendo a figuras relevantes de sus equipos de campaña, son parte del sistema.

Mientras en las decisiones nacionales el pueblo permanezca ausente y excluido, éstas nunca responderán a sus intereses, sino a los del pequeño grupo que ejerce el poder y tiene en los gobernantes a sus más fieles defensores y servidores. Por esta razón no podemos entregar ciega y acríticamente la conducción del país a una persona o grupo político, por muy honestos que se presenten.

Y aquí es donde adquiere relevancia e importancia la organización en torno a un programa capaz de convocar a los más amplios estratos sociales de nuestro pueblo, construir consensos y crear las condiciones que le permitan ser quien defina su futuro.

Si deseamos un mejor futuro, deberemos empezar a construirlo en el presente.


*Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

[email protected]

Foto de portada: CEN del PRI.






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1 Comentario

el 10/03/2018

Hola Alfonso, quede quien quede si lo ciudadanos nos abstenemos de vigilar, criticar y participar Mexico sera irremediablemente presa de las oligarquías



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