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Violencia sexual, un problema de educación

Diálogo País / Top News / 19/04/2018

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez*

Jueves 19 de abril de 2018

 

Una adolescente negra de 13 años le confió a Tarana Burke, promotora comunitaria estadunidense, que permanentemente era sometida a abuso sexual por parte del novio de su madre. Ante el doloroso relato, de manera espontánea y con plena sinceridad, Tarana le respondió: Me Too (Yo también). Pasado el momento, ella decidió echar a andar una iniciativa a través de las redes como medio de apoyo a las mujeres de color víctimas de violencia sexual. Esas dos breves palabras colmadas de empatía las usó Tarana como slogan de su campaña.

Pasaron más de 11 años hasta que a finales de 2017 una actriz de renombre llamó a utilizar las redes sociales para denunciar los actos de violencia sexual sufridos en carne propia como una manera de crear conciencia acerca de la magnitud de este grave problema. Ella utilizó también aquellas dos palabras y su convocatoria tuvo una respuesta sumamente amplia, principalmente debido a que fue retomada por otras mujeres reconocidas por su celebridad en el ámbito de los espectáculos.

Como consecuencia se creó la organización denominada Me Too (https://metoomvmt.org) que ha tenido una vasta repercusión a nivel global.

Efectivamente, el problema de la violencia sexual cometida en contra de la mujer debiera generar la más amplia repulsa por parte de la sociedad y por ello es importante la profusa actividad de propuestas tales como Me Too. Sin embargo, al respecto queremos llamar la atención sobre dos asuntos.

Primero, la denuncia de algunas mujeres que de cierta manera son conocidas como figuras públicas en cuanto a haber sido víctimas de violencia sexual está siendo importante como un recurso para promover que la sociedad perciba la profundidad y extensión del problema. Sin embargo, eso no se puede quedar allí. Es imprescindible dar la voz a mujeres que han sido violentadas y que permanecen en el anonimato por ser personas que llevan una vida común y eso sólo puede suceder si existe un ambiente propicio, en el cual, como elemento central, esté la presencia de una corriente de opinión convencida de que el problema existe, tiene causas sociales y, por lo tanto, su solución debe ser asunto de todos, no nada más de la mujer.

Segundo, la violencia sexual no tiene como víctima únicamente a la mujer, también se ejerce en agravio de otros grupos considerados como vulnerables, ya sea por sus condiciones económicas, físicas o psicológicas o por pertenecer a sectores minoritarios de la población.

En ese sentido destaca el problema de la pederastia, cuya visualización ha ido creciendo desde principios de este siglo, sobre todo en lo que tiene que ver con los múltiples casos cometidos por algunos sacerdotes de la iglesia católica, y algunos pastores protestantes. Igualmente, aunque son estos hechos los que más se han tratado públicamente, no son los únicos ni los más frecuentes, pero sí los más deleznables por las circunstancias que existen a su alrededor. En tal sentido, es de mencionar que por estos días, por vez primera, en la Ciudad de México un juez dictó sentencia condenatoria a un sacerdote aplicándole como pena 63 años de prisión.

Es urgente avanzar en la atención de la violencia de género y la que ocurre de múltiples maneras en contra de los niños y las niñas. Sin embargo, eso sólo será posible si se entiende que en el fondo, al menos en lo que se refiere a nuestro país, detrás de esa violencia está un asunto de educación que debiera tener la mayor relevancia. Pero no de la educación a la manera como hoy se concibe por quienes rigen esa área fundamental de nuestra sociedad, en la cual las matemáticas y el español son el centro de atención, mientras que la educación en los valores de equidad, verdad, honestidad y justicia, sólo está en el discurso, pero no en el aula.

Es necesaria, desde el nivel básico, una sólida formación en esos valores, pero no en abstracto, sino que esté sustentada en los elementos filosóficos fundamentales: la ética, la estética y la ciudadanía, en la que se consideren el respeto, el cuidado de sí mismo y de los demás y el amor como centro de toda actividad.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Foto de portada: Daily Texas Students.






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