SOMOSMASS99
Esther Sanginés*
Miércoles 9 de mayo de 2018
Parecía la primavera, con sus tres años, su carita morena, sonriente, sus mejillas sucias, el pelo ensortijado peinado en múltiples trenzas, sonreía; tras ella una joven negra, de piel curtida, bella, 20 años tal vez.
-Mamita- me dijo – ¿tendrás algo de comer pa’ mi niña, lo que te haya sobrado? estamos esperando el tren que sale de noche.
-¿Vas con la niña? ¿No te da miedo?
-Ya pasamos lo más duro, vengo con mi esposo, yo la cargo, él la sube, vamos p´al Norte.
-¿De dónde vienen?
– De Honduras.
-¿Garífuna[1]? Reaccionó como si la hubiera picado una serpiente. Sonreí. – Cuídala mucho.
Se tranquilizó.
-Por ella nos salimos, allá en nuestra tierra ya no estamos seguros ni en nuestra casa.
Saqué algo de fruta: plátanos, manzanas, a la chiquita le brillaron los ojos, a la Madrecita también, daba gusto ver a la niña hincarle el diente a la manzana, aplaudiendo y brincando de alegría.
-Mamita, con todo respeto, tendrás alguna cobijita, algo pa’l frío, de la que no te sirva, de la que esté rotita.
No pedía dinero, sólo comida y abrigo. Busqué entre las cosas que habían dejado mis nietas, encontré una chamarrita rosa, le quedó a la medida. La chiquita comía con la alegría de los niños amados a quienes sus padres tratan bien, con ojos juguetones y mirada riente. Una cobija, sí, claro que hay, de ésas que no se ocupan, de las que sobran. Me las imaginé, acurrucadas en el techo del tren, a la intemperie, dándose el calor de sus cuerpos, con esos fríos con los que nos saluda el invierno.
Sí, pasan muchos migrantes por aquí, así se les llama a esos jóvenes que van buscando sobrevivir, la mayoría hombres; en otras ocasiones había visto familias enteras, hombres y mujeres con niños, nunca me había tocado ver a una niña y a una madre joven con esa decisión y ese cariño. Además del hambre ¿de qué vienen huyendo?
Están esperando el tren, para treparse, con la ilusión de una vida mejor.
Eso sucedió a principios del mes de marzo, mes de la mujer, y mientras suspiro pensando cómo Siguen abiertas las venas de América Latina, me viene a la memoria el recuerdo de otra mujer hondureña, Berta Cáceres, vuelvo a escuchar su discurso en el momento de recibir el premio ambiental Goldman 2015 “…despertemos humanidad, ya no hay tiempo, construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida, juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y de sus espíritus”[2].
Nueve meses después de haber recibido el premio, el 3 de marzo de 2016, fue asesinada en su casa, con ella suman 124 defensores del medio ambiente que han sido masacrados en Honduras por “el crimen” de dirigir sus esfuerzos a proteger los derechos de los pueblos indígenas y la forma de cultivo que permite conservar el medio ambiente y multiplicar las cosechas con la tecnología tradicional.
La hermana de Berta da su testimonio, nos explica cómo ella sentía en su carne y sangre la miseria, la discriminación contra los indígenas; estaba por la vida, y por la tierra, en contra del militarismo, el patriarcado, la homofobia. No sólo la defensa del Río Guancarque significó su muerte, aunque otras cuatro personas han sido asesinadas por lo mismo. Era su liderazgo, el apoyo que tenía en los pueblos garífuna y lenca en su lucha contra las corporaciones, la oligarquía terrateniente y el estado militar.
Con el pretexto de la modernización y el progreso, se ha despojado a los pueblos originarios como los caribes y arahuacos, o bien a los descendientes de esclavos negros, los garífunas son una mezcla de estos tres grupos. Con una gran dignidad se han enfrentado a las corporaciones, a “los desarrollos turísticos” que convierten los sembradíos de maíz en campos de golf y hoteles de lujo, a los monocultivos de la palma africana, a los desalojos violentos, a los proyectos para construir refinerías junto al mar.
Con todo en contra piden respeto a su forma de vida, cuando no pueden más, emigran y pasan por aquí, pidiendo una moneda.
¡Semejanzas y diferencias con algunas situaciones que se están viviendo en Celaya! Los ejidatarios se han visto obligados a vender sus parcelas, las más productivas tierras agrícolas del país, que han sido otorgadas a la industria automotriz o a “desarrollos urbanos”. También desde acá recordamos a Berta Cáceres en la defensa de la tierra y recordamos a todos los que han luchado para que vivamos mejor y hagamos juntos lo que podamos, lo que falta.
Los garífunas, ¡cuántas reflexiones! ¡Cuánto nos falta por lograr! ¡Si al menos se sumaran algunos más! Sí, es tiempo de darle tiempo al estudio, al trabajo, a la acción, al cuidado de la tierra, de nuestra ciudad, de nosotros mismos. Recuperemos la vida, segura, alegre, productiva. Recuperemos la calle, mujeres y hombres juntos en libertad, con dignidad y cooperación fraterna.
[1] Los garífunas son un grupo étnico, descendiente de africanos, que se mezclaron con indígenas caribes y arahuacos, la leyenda dice que allá por 1635, dos barcos negreros naufragaron y los caribes al ver como venían los hombres y mujeres destinados a ser esclavos les brindaron protección y después fue inevitable que se amaran y reprodujeran. Es un grupo alegre, cantador, solidario, combativo que ha defendido los lugares donde se asienta, principalmente el Golfo de Honduras.
[2] Podemos escuchar parte de su discurso en el vídeo: Bertha no murió, se multiplicó, Dirigido y Producido por Sam Vinal. Cinematografía por Sky Richards. Montaje por Sky Richards y Palu Abadia. Co-Producida por María Claudia Montesinos: https://vimeo.com/243485784
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada: Berta Cáceres. | Foto: Greenpeace.
Comparte en Facebook
Twittéalo








