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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 6 de julio de 2018
La copiosa afluencia de votantes en favor de Andrés Manuel López Obrador inhibió los efectos que pudieron haber tenido las irregularidades y los mecanismos del fraude electoral, de modo que estos últimos se quedaron sin margen de maniobra para imponer a su candidato.
Además de otorgarle una enorme ventaja en la votación al candidato de la coalición encabezada por Morena, la ciudadanía evitó que soltaran el tigre, quien fue objeto de un sorteo en el que el número ganador correspondió precisamente al triunfador de la contienda electoral por la presidencia de la República.
En efecto, el cúmulo de problemas que afectan a nuestro país y que las últimas seis administraciones federales se han encargado de exacerbar, constituyen un reto mayúsculo para la futura administración federal que deberá enfrentar en circunstancias no del todo favorables.
Si bien es cierto que al gobierno arribará una nueva fuerza política, cuya oferta electoral consideró algunas de las demandas populares más sentidas, también lo es que el poder real continúa en manos de la oligarquía, quien fue la gran perdedora en la contienda electoral, ya que no pudo imponer a alguno de sus dos candidatos principales.
No bien se conocían las tendencias del Programa de Resultados Electorales Preliminares cuando no pocos «analistas» oficiales y de la derecha, con base en información de encuestas de salida que daban como virtual triunfador a López Obrador, presentaban escenarios del nuevo gobierno como un régimen totalitario, enemigo de la democracia, populista y causante de los males que, paradójicamente, ya padecemos por obra y gracia del sistema y de la clase que ellos defienden.
Esas descalificaciones a priori son indicios de que las fuerzas más retrógradas de la derecha ya iniciaron la ofensiva mediática contra López Obrador y sería un error pensar que carecen de otras opciones para crearle problemas o intentar cooptarlo, todo con la finalidad de que sus intereses y privilegios continúen intocables.
Es indudable que el hartazgo que existe en gran parte de la sociedad y la necesidad de un cambio en las condiciones de vida y trabajo para la mayoría de nuestro pueblo, fueron factores fundamentales que incidieron en el resultado de las elecciones del 1 de julio, resultado que ha generado nuevas ilusiones, esperanzas y, al mismo tiempo, nuevos compromisos en amplios sectores populares.
Para que exista la posibilidad de que esas ilusiones y esperanzas puedan convertirse en realidad, la sociedad, o buena parte de ella, deberá impulsar y ser partícipe de las transformaciones que se requieran; porque una persona, con toda la buena intención y honestidad del mundo, será incapaz de lograrlo.
En este nuevo escenario que vive nuestro país es previsible que la lucha por lograr los cambios que favorezcan al pueblo será más intensa y habremos de estar preparados, junto a las demás fuerzas progresistas, para apoyarla y hacer aportes, por modestos que sean, a la construcción de un programa y una nueva estrategia de desarrollo nacional.
Estamos, como pueblo, ante una oportunidad histórica para la realización de un cambio que realmente beneficie a México. Y si la ciudadanía con su voto manifestó la decisión y deseo de una transformación en este país, es ella la más indicada para llevarlo a cabo
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Ciudadano Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay.
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