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Mi recuerdo

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 18/07/2018

SOMOSMASS99

 

Ana Cristina Venegas*

 

Mi recuerdo

Tuve sueños en donde la luz era extrañamente densa y pálida; se filtraba y goteaba como el agua entre las rendijas, las grietas que había entre el techo y un grueso muro; caía en cascada desde la entrada de una habitación empolvada en donde solía existir un recuerdo. Una cama de latón y yo, acostada sobre ella. Observando cómo afuera, las plantas con espinas, iluminadas por la luna, se convertían en joyas, mientras la tierra, que quedaba a la penumbra, se convertía en una inmensa piedra de obsidiana.

Lisa, llana, concisa, con la misma negrura… profundidad… y el brillo que otorgan las pupilas negras que se dilatan al marchar. Y que, al mismo tiempo, procuran cierta clase de alivio y de tensión; sensación de vértigo… que se siente al asomar, el adormilado rostro de la verdad por la ventana de un pozo de agua, del cual, no es posible distinguir el fondo. Pero, de alguna forma, algo logra aclarar el cristalino líquido y su fondo, y en él, logras divisar cierta clase de reflejo.

Luego sentí que me hallaba flotando en las aguas mansas del mismísimo abismo de aquél pozo. Al mismo tiempo, me sentía suspendida por una grieta en el universo, que llevaba a través de un abismo infinito ó, tal vez, era que me encontraba dentro de los ojos de mi propio Dios.

Fue entonces que me volví a mi supuesta realidad y me encontré de frente en mi cama; la cama de siempre; la realidad. Era de madera. Aferrada con fuerza a mis sábanas; con el corazón hendido, latiendo, intentaba aferrarme a ella. A no romperla con los huesos de mi pecho y la cara empapada.

Lo que al principio pensé, era la luz que goteaba desde el techo a mí habitación y me cobijaba, terminé por comprender que, era esa luz… su luz, similar a un líquido que mis ojos habían estado derramado sobre ellos.

Corrí a mirarme en el espejo. Vi en ellos un lago que nunca antes había observado, porque siempre había estado inerte, quieto. Y ahora, algo había logrado perturbarle, despertarle. Era como sí momentos antes, una piedra hubiese logrado caer en medio de él.

En medio de su oleaje artificial, pude ver reflejados, destellos de Dios, quien ahora ponía en movimiento las oscuras aguas de mi lago interior, que ahora pienso en su existencia, en la que floto; sin causar ningún cambio, aunque al mismo tiempo piense en la inmensidad… en lo eterno. Tan sublime. Tan real. Tan perfecto como sólo el mismísimo Dios podría ser… Existir… latente dentro de mí.

Sin poder ser, poseer, hallar… estallar una salida dentro de mí.


* Ana Cristina Venegas es antropóloga en formación, mujer en deconstrucción, aficionada al arte textil tradicional y escritora cuando la ocasión lo requiere. 

Fotos de portada e interiores: Pixabay.






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1 Comentario

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