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Mara: cuando el amor se convierte en infierno

Diálogo País / Top News / 02/08/2018

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 2 de agosto de 2018

 

“Los hombres necesitan demostrar algo. Espectacularizar eso y mostrarlo ante los otros hombres. Poner en duda su masculinidad pone en duda su humanidad”.

– Rita Segato

 

A finales de septiembre de 2017, Mara Grissel García Minguela de 39 años conoció a Eliseo N, de quien se enamoró. Mara, recuerda, era un hombre muy detallista, siempre atento, “me llamaba: mi amor”. El hombre mostraba su amor a Mara de mil maneras, todas maravillosas.

Trabajaban en una plaza comercial de la Ciudad de México como guardias de seguridad. Ella, madre de tres hijos, dos de ellos vivos. Él, un hombre que también tuvo una relación de la cual procreó tres hijos. Sin embargo, ambos se encontraban solos, por lo que decidieron formar una relación de pareja madura y sólida. Ya no eran un par de adolescentes, aunque Mara recuerda con una leve sonrisa de decepción: “Parecía yo una adolescente, me emocionaba su trato, él hacía todo por que yo estuviera bien”.

Aunque no todo fue miel sobre hojuelas de septiembre de 2017 a febrero 2018, no había nada que para Mara fuera algo que no se pudiera arreglar. “De repente era un poco celoso, pero nada enfermo, o al menos yo no lo noté”.

En febrero de este año decidieron vivir juntos. Los hijos de ambos no vivían con ellos, por lo que iniciaron su relación como dos seres ilusionados por la emoción del amor.

En un abrir y cerrar de ojos todo cambió. “No sé qué sucedió, en qué momento el hombre del que me había enamorado cinco meses atrás dejó de existir. Primero fue darme una cachetada porque alguien le había dado chismes de mi comportamiento en la empresa, alejarme de mis hijos, quitarme el celular, cerrarme mi cuenta de Facebook, prohibirme hablar con mis amigos y amigas. Todo se descompuso”.

Durante cinco meses Mara sufrió todo tipo de vejaciones, fue prácticamente secuestrada: Eliseo le prohibió trabajar, su celular lo controlaba él. Todos los días Mara tenía que ser “purificada” porque Mara era una “puta” y Eliseo se lo hacía saber todo el tiempo. “Cada vez que me pegaba me gritaba un nombre raro de un santo, porque él dice ser santero y me hacía saber que yo era una mala mujer; él, un buen hombre y era su deber purificarme. Además, en cada cicatriz que me dejaba el veía mensajes”. Mara me enseña una de las múltiples marcas; en su antebrazo derecho, una mordida: “Ésta, por ejemplo, dice que es la inicial de su nombre “E”; ésta otra, un rostro de pureza”. Así cada una de ellas”.

Mara fue rapada, apuñalada, violada por su verdugo con innumerables objetos, bañada en las madrugadas con agua helada, quemada con una plancha hirviendo, y un sinfín de monstruosidades que por respeto a ella no mencionamos.

– ¿Intentaste escapar? – Pregunté.

“Cuando lo iba a hacer me amenazó con asesinar a mis hijos, a mis padres. Eso fue al principio porque obviamente me di cuenta que no era normal y además yo no merecía esto. Después de su respuesta desistí, como adulta debía asumir mis decisiones”, me contestó avergonzada.

El 5 de julio de 2018 Mara fue torturada una vez más. Ese día, rememora, “después de ocho horas de tortura me dejó inconsciente cuando me prensó el cuello tanto que perdí el conocimiento. Al despertar él estaba viéndome, sonreía y me dijo:

Ves, yo te puedo matar cuando quiera. Tú debes ser castigada, pero yo decidiré hasta cuando.

Pasó el día 6 y una nueva tortura. El 7 de julio, como al medio día, Eliseo decidió ir al deportivo. “Yo no sabía que ahí compraba pulque, porque siempre que salíamos yo debía caminar delante de él, con la cabeza viendo el suelo, sin voltear atrás y sin responder a nadie. Yo caminé, de reojo vi pasar una patrulla pero no le di importancia, además de que no podía mirar atrás. Escuché un chiflido, no volteé, seguí caminando, después él gritó mi nombre. Fue que di la vuelta y vi cómo se lo llevaba la patrulla, yo no podía hacer más, sólo caminé y caminé”.

El lunes 9 de julio de 2018, Mara acudió a la Agencia del Ministerio Público Especializada en Violencia Intrafamiliar y Sexual (AMPEVIS) de San Cristóbal, Ecatepec, Estado de México. La denuncia le fue levantada sólo por lesiones, y empleados del lugar le indicaron que no procedían para que el individuo fuera detenido. El 10 de julio, “un personaje que se dedica a ayudar mujeres en situación de violencia” acudió a “apoyarla”. Entonces, recuerda Mara, comenzó otro infierno: “Le estoy muy agradecida porque facilitó que me hicieran más caso las autoridades, pero entonces empezó el circo”. Él señor me empezó a dar órdenes: hoy tienes entrevista con tal medio, y este, y este. Me empecé a sentir violentada ahora por él, yo no quería dar entrevistas enseñando mis heridas, ni tampoco que se mostraran mis glúteos quemados. Me hablaba con groserías y sentí que de un intento de feminicidio ahora tenía que escapar de un maltratador que dice ayudar mujeres”, denunció Mara.

Cuando conocí a Mara fue en las redes sociales. La  primera vez, a través de unas imágenes indignantes que no entendía porqué se estaban compartiendo: Mara, rapada, quemada, llena de mordidas, cicatrices encima de otras en medios de comunicación que con el respeto que merecen rayaban más en el sensacionalismo que en denunciar la falta de sensibilidad de las autoridades para atenderla.

Personalmente nos conocimos el 20 de julio de 2018. Entonces de su boca escuché el infierno, me mostró sus heridas, la desesperación de que las autoridades aún no giran la orden de aprehensión por intento de feminicidio contra este sujeto. Pero también más allá de la falta de ética e insensibilidad con la que Mara fue tratada por las autoridades, “activistas” y medios de comunicación, me habló de la mujer que era antes de quedar atrapada entre el amor y el infierno.

“Yo era una mujer alegre, me gustaba mucho salir con mis amigas. Tenía mis errores, como todos no era perfecta, pero adoraba bailar. ¿Por qué no tomarme una cerveza, fumarme un cigarrillo de vez en cuando? Buscaba ser feliz y lo era, con mis capacidades y recursos, pero lo era.

“Perdí la cuenta de cuantas golpizas me dio, perdí un diente en una de ellas, el oído me lo deformó, ya no veo bien porque mis ojos constantemente tenían derrames, la mandíbula ya no me funciona. Ahora, sin darme cuenta se me sale sola la saliva. Me asesinó en vida. Por eso quiero que pague, que las autoridades hagan su trabajo, que no permitan que Eliseo termine con mi vida como lo sentenció muchas veces”.

Hoy Mara espera recuperar a esa mujer que era. Celebra estar viva porque muchas veces se ha preguntado: ¿Cómo es que logró tolerar tanto dolor corporal, emocional y psicológico?

Cuando escuchaba a Mara entre abrazos para reconfortarla, para hacerle saber que no fue su culpa haberse enamorado de un patán que se siente Dios, celebré tenerla frente a mí. Aunque rota, tiene el espíritu inquebrantable para logar reconstruirse. Sin embargo, también me queda claro que para ayudar un poco a que los mensajes de impunidad no continúen, las autoridades mexiquenses deben YA detener y condenar a Eliseo. O tal vez esperan a que el perpetrador logre su cometido.


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

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@FridaGuerrera

[email protected]

Las fotografías se publican con autorización concedida a Frida Guerrera.






Luis López




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