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Valentina sólo tenía cuatro años

Diálogo País / Top News / 07/09/2018

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Viernes 7 de septiembre de 2018

 

El día 29 de agosto se cumplieron dos meses de que Vale fuera violada y asesinada. El dolor y el tormento, aunado a la gran culpa, no dejan que Brenda, su mamá, logre entender qué fue lo que sucedió ese 26 de junio de 2018.

Valentina García Chávez fue una niña amada desde que fue concebida, muy esperada por sus padres. Bren, su mami, constantemente se realizaba ultrasonidos para asegurarse de que la bebé estuviera bien. Ansiaba verla, abrazarla, besarla.

El 29 de enero de 2014, a las quince horas con diecinueve minutos nació. Era una pequeña con enormes ojos negros, piel del color de la canela. Se convirtió en lo mejor de la vida de su mami, quien me cuenta que iba a ponerle otro nombre, Alexa Michell, por su papá. Sin embargo, pareciera que Valentina eligió su nombre. Cuando se dieron cuenta, Brenda ya le había puesto así. “Y sí, mi niña era una valiente”, recuerda.

La vida de Brenda y Valentina siempre giró en el centro de Morelia, Michoacán. Por situaciones que la vida les fue presentando, los padres de Vale se separaron. Sin embargo, “el mejor papá que pudo tener alguien era él. Nunca lastimó a mi niña, la amaba, la amábamos, pero preferimos separarnos. La relación como padres no la perdimos”, recuerda la joven madre.

Brenda tenía que trabajar. La pequeña Valentina estaba en la guardería. La vida no era la mejor, pero Brenda trataba de salir adelante con su pequeña de cabello rizado, grandes ojos, una niña que desde muy pequeña tenía la sonrisa en los labios. Una pequeña que se sabía feliz, que cantaba, reía. Sabía que era amada.  “Siempre quise darle lo mejor, le compraaba cosas muy bonitas, y los mejores momentos de mi vida los pasaba con ella”.

En julio de 2017, Diego llegó a su vida. Ella trabaja en una tienda de conveniencia y él era chofer de una empresa que surtía los productos de la tienda. Fue como se conocieron, e iniciaron una relación. Los meses pasaron y, como todo al principio, “él era muy amable, lindo conmigo y la niña. No vi nunca que fuera un mal hombre”. Fue en marzo de 2018 que empezaron a vivir juntos, y entonces todo cambió.

Antes de que empieces a juzgar y responsabilizar a Brenda, es importante mencionar lo siguiente: Diego es un hombre violento, un manipulador nato, seductor. Los hombres así suelen ser tipos encantadores para el resto, de modo que si ella llega a quejarse, quienes la escuchan empiezan a desconfiar de ella con frases tales como: “Por qué te quejas si es tan lindo”. Diego empezó la tarea. Primero había que aislar a Brenda, y así lo hizo. El celular de Brenda lo rompió en un arranque de celos; desde el primer momento él le pidió que se quedara en casa, porque él se encargaría de los gastos. Así pasó. Después la alejó de su familia, llevándola a vivir a los suburbios de Morelia. Brenda dejó de tener contacto con todos por miedo a que Diego se enojara, porque cuando esto pasaba el sujeto la golpeaba. “Ahí sí le tenía mucho miedo, prefería hacer lo que pidiera con tal de que no lastimara a mi niña”, expresa Brenda.

El sujeto se caracterizaba por ser inestable en sus empleos. De marzo a junio de 2018 que Brenda estuvo con él, cambió de trabajo por lo menos en cuatro ocasiones. Los dos últimos meses estuvieron viviendo con lo que le habían dejado sus liquidaciones de empleos anteriores, por lo que obviamente no alcanzaba para nada. El 25 de junio Brenda regresó a trabajar, y ante la falta de dinero se vio obligada a sacar a Vale de la guardería.  “Yo tenía que trabajar, Frida, no podía dejar a mi hija sin comer, aunque a Diego no le gustaba nada porque yo ya tenía planeado dejarlo y él lo sabía. Los últimos días me decía que yo ya no era la misma. Porque si ya no quería estar a su lado, la violencia era demasiada y él se encargó de alejarme de todos. Tenía que ver bien cómo dejarlo”.

El 26 de junio de 2018 Brenda tenía que ir a trabajar, era su segundo día. Al medio día la fueron a dejar. Vale se quedaría al cuidado de Diego. Brenda estaba pensando cómo decirle a su nuevo jefe que le permitiera llevar a su trabajo a la nena. Sin embargo, al ser el segundo día no era todavía posible. Brenda recuerda ese día como el peor de su vida. Estaba trabajando cuando le llamaron, era la hermana de Diego.

“Brenda tienes que venir. Vale se cayó y Diego la va a llevar a la clínica que dijiste en caso de que le picara un alacrán”. “Algo muy feo sentí, algo no estaba bien. Yo no tenía dinero, mi jefe me dio para irme, tomé un taxi y al llegar me dijeron que mi niña se había caído. Diego estaba ahí y me dijo: ‘Todo va a estar bien, mi amor’”.

Ante el estado de gravedad que tenía la pequeña de sólo cuatro años, fue trasladada al Hospital Infantil de Morelia. Ahí fue donde vio a Valentina, tenía oxígeno. La pequeña la reconoció y empezó a balbucear, no podía hablar, sólo gemía y suspiraba, como si se le escapará la vida. Desde ese primer momento Brenda ya no se separó de la niña. Entonces iniciaron los interrogatorios. En el hospital, le cuestionaron: ¿qué había pasado?, ¿cómo?, ¿quién estaba con la niña?, ¿por qué ella no estaba?,¿ por qué la había dejado con Diego?

Valentina fue ingresada a Terapia Intensiva. “Ahí fue donde supe. Al entrar la vi, me empezaron a decir todo lo que tenía: tres fracturas en el cráneo, el hígado desecho, fractura en la cadera, hemorragia interna, golpes en todo el cuerpo, mordidas. Me empezaron a preguntar qué había pasado. Una vez más les dije que no sabía, que yo estaba trabajando. Desde ese momento no quise ver a Diego, pero tuve que fingir para que no sospechará. Pedí la intervención de un abogado del hospital, quien le preguntó a la trabajadora social si ya habían notificado a las autoridades. La trabajadora aseguró que sí”.

La familia de Brenda inició el cuestionamiento. Todos, el padre biológico de la niña, su abuelita, tíos. Brenda se sintió apoyada. Cuando le empezaron a preguntar a Diego qué había pasado y al no tener respuesta del sujeto, lo golpearon. Brenda salió y al verlo en el suelo tirado y lleno de lodo, él le lanzó una mirada de odio. “Fue la última vez que lo vi”. El agresor fue detenido por riña. Brenda fue trasladada al Ministerio Publico para poner su denuncia. Ya era 28 de junio, al estar en el lugar le hicieron saber que el hospital nunca notificó los hechos. Eran las seis de la tarde cuando llegó, salió al siguiente día a las seis de la mañana. Una vez más los interrogatorios y “para ellos yo era la culpable”. A la una de la mañana, aproximadamente, Brenda escuchó que todo indicaba que Vale ya había muerto. Fue trasladada al departamento de feminicidios, pero en ese momento no había quien la atendiera y entonces la trasladaron al hospital para que se despidiera de su pequeña.

Brenda sólo estuvo por ratos en el funeral de su niña, su única hija, ya que tenía que estar con las autoridades. En el momento en que la llevaron a delitos sexuales “fue cuando supe que la había violado. La investigadora me dijo: dime la verdad si tu sabías que el la violaba, o me dices o a la que me voy a chingar es a ti porque es a la que tenemos aquí. La MP que estaba tomando la declaración no me dejaba ver lo que escribían. En un momento me di cuenta que Diego ya había sido liberado”.

Desde entonces, Diego se encuentra prófugo. Brenda llena de culpas. Las lágrimas de Brenda no cesan, la culpa, esa lápida que  debe cargar además del dolor. Al ser cuestionada por las autoridades, juzgada por una sociedad indolente, atacada por la familia de Diego, que lejos de permitir que haya justicia, lo están ayudando a seguir libre sin darse cuenta que hasta sus sobrinas o cualquier pequeña que esté cerca de él corren peligro.

El frío acompaña la noche lluviosa que al redactar tanto dolor me acompaña. Las teclas de repente rápidas son regresadas para releer, para tratar de entender. ¿Dónde tienen el corazón estos desalmados? Para las autoridades Diego es el presunto feminicida de Valentina; para sus padres, es inocente, tanto que lo protegen. Para Brenda es el violador y asesino de su hija. Eso la llevó en un momento a compartir la imagen del sujeto para tratar de ubicarlo. Ya dejaron de hacerlo porque finalmente «entendieron» que ese sujeto también tiene derechos y no deben ser violados. Ella nunca se había permitido hablar con ningún medio. Desde el inicio esperamos y abrazamos su dolor. El pasado 25 de agosto decidió hablar con quien escribe. “Porque quiero justicia, porque necesito que la gente me ayude a hacerle justicia a mi bebé”.

Vale era una niña feliz, con hermoso cabello chino y ojos sublimes. Tenía una sonrisa contagiosa, era muy inteligente, sabía escribir a sus cuatro años. Le gustaba que mamá le oliera los pies y se los besará, decía que era Moana. Su palabra favorita era familia, su color el rojo. Unos días antes empezó a hablar de Dios, a pesar de que Brenda no le habla mucho de ello. Hoy sólo es ese el consuelo.

Las noches de Brenda son interminables, casi no duerme, y a pesar de ser cruelmente juzgada por quien no quiere entender que el único culpable es Diego, me dice: “Sé lo que piensan, yo misma lo pienso. Debía estar ahí, no irme a trabajar, pero también tenía que juntar dinero para irme, para dejarlo. Hoy mi amiga, mi compañera, mi vida entera ya no está, y no pararé hasta verlo en la cárcel y que pague todo el daño que le hizo a mi pequeña”.

La vida de una niña de cuatro años fue arrancada por la ira, el deseo de un sujeto que más allá de estar enfermo simplemente la tomó porque así lo decidió. Porque fue la venganza contra quien ya lo iba a dejar. Porque en este país se puede, porque la impunidad impera, porque en esté México para la sociedad perfecta la única culpable es la víctima, quitando responsabilidad a quien con total impunidad comete estos inhumanos crímenes.


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

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@FridaGuerrera

[email protected]

Las fotos de portada e interiores se publican con autorización de Brenda, madre de Valentina.






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