SOMOSMASS99
Esther Sanginés*
Jueves 4 de octubre de 2018
La matanza del 2 de Octubre, uno de los mayores crímenes de Estado en nuestro país, nos abrió los ojos a una realidad infame: estábamos desarmados, inermes, no podíamos seguir, debíamos morir para renacer. Como la semilla que ha de ser enterrada. Se celebraron las olimpiadas mientras estábamos germinando bajo tierra. Después de la matanza del 10 de junio de 1971, la protesta organizada y la presión sobre el gobierno logramos la liberación de los presos políticos.
El 68 abrió una brecha que tomó su tiempo para convertirse en amplio camino, tardó décadas, las luchas guerrilleras implicaron un gran sacrificio. Entre los logros y transformaciones tenemos la liberación de la mayor parte de los presos políticos con Echeverría (a quien no le perdonamos su acción en el 68, ni el 10 de junio), se formaron algunos partidos políticos muy importantes, como el Partido Mexicano de los Trabajadores en el que milité una década después, el Partido Comunista se recuperó de la represión, el Partido Revolucionario de los Trabajadores que agrupó a los trotskistas, el 88 en el que, a pesar de todas las dudas, parte del pueblo se unió en el movimiento que tenía como emblema a Cuauhtémoc Cárdenas. Todo eso fue abriendo el camino a un proceso de democratización. Quizá el primero de ellos fue la llamada apertura democrática de Echeverría, cuando llamó a muchos jóvenes a participar.
Más de tres décadas después, nos llevó a las elecciones presidenciales del año 2000, que significaron la alternancia en el poder en México, independientemente de que Fox no haya estado a la altura de las expectativas. También surgió un órgano electoral a pesar de todas sus fallas y carencias.
Con todo y mi circunstancia personal, no estoy de acuerdo con la visión trágica del 68, no se puede reducir todo a la represión del 2 de Octubre. La cultura jugó un papel importante y el movimiento también fue algo muy lúdico. Nos divertíamos mucho y la pasábamos muy bien. No fue sino hasta la toma de Ciudad Universitaria y del Casco de Santo Tomás cuando nos dimos cuenta de que el destino del movimiento tendría que transcurrir por un camino minado.
Creo que las generaciones más jóvenes han seguido ampliando esas libertades. Con todos los problemas posteriores tenemos al movimiento Yo soy 132 surgido en el 2012 y el respeto a la voluntad popular en el 2018.
Muchos jóvenes y adultos, después del 68, hemos tomado conciencia de la ecología, la participación en el movimiento magisterial, la lucha por la educación y sobre todo por la igualdad jurídica, educativa y laboral de las mujeres. El feminismo se desarrolló y adquirió una gran fortaleza, aunque algunos feminismos son procapitalistas, los movimientos contra la globalización capitalista, el surgimiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, la lucha por las comunidades autónomas, como Cherán y muchas otras. Las generaciones posteriores, sin el ruido y estruendo que nosotros hicimos en el 68, siguieron luchando por la libertad. Y están, ante todo, los jóvenes. No son una generación inconsciente, muchos jóvenes siguen trabajando contra la violencia, la inseguridad y algunos también a favor del planeta.
En México lo que no ha cambiado es la desigualdad social, a pesar de que el autoritarismo se ha ido venciendo con el paso de los años. Las ganancias de unos cuantos son exorbitantes, mientras que para la mayoría de la población los ingresos son sumamente precarios. Por otra parte, la corrupción de muchos políticos sigue siendo muy grande, en algunos casos porque también, como pueblo, a veces se prefiere pagar la mordida que denunciar.
El movimiento estudiantil del 68 nació de una conciencia mayor de lo que significa la vida y esa conciencia en buena medida vino de la cultura. En México nos rebelamos los jóvenes contra la tradición priista y la cultura nacionalista; y nos enfrentamos también a Siqueiros y el autoritarismo de los partidos comunistas que afirmaban: “No hay más ruta que la nuestra”.
Quizá lo que más me dolía entonces era la reacción de la sociedad mexicana ante el 2 de Octubre. La mayoría pasó en unos cuantos días del “¡México, México, libertad!” al “¡México, México, ra ra ra!” en las Olimpiadas.
Entendí que la sociedad cambia muy lentamente, así que me dediqué a la enseñanza, al trabajo con las cooperativas autogestionarias y, para protegerme por dentro, intenté no volver a hablar ni del 68, ni del 69, en que perdí muchas ilusiones y muchas realidades: a mi hija Martha Sofía, a mi Papá y a algunos muy buenos amigos. Hoy, 50 años después, aquí estoy, reconociendo las dos caras del 68, la fiesta, el lento triunfo de los ideales y la tragedia.
Es muy importante recordar que todas estas libertades políticas están siempre en riesgo y podemos retroceder como sociedad. Pasó en Chile y Argentina que parecían tener una tradición democrática establecida. Así que debemos estar siempre alertas y proteger esas libertades políticas que se ganaron con el Movimiento de 1968.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Foto de portada: SomosMass99.
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