SOMOSMASS99
Edgar Cortez
Martes 9 de octubre de 2018
Los treinta millones de votos en la elección del uno de julio pasado fue un claro mandato ciudadano para hubiera un cambio de rumbo en el país. Frente a este mandato, la pregunta que persiste es si será acatado.
El origen del cuestionamiento está en sucesos como la boda de César Yáñez y toda la parafernalia que la rodeó.
La boda se realizó el 29 de septiembre en la iglesia de Santo Domingo, en el centro histórico de la ciudad de Puebla, cerrando calles y controlando el acceso. Mientras que la boda civil fue en el Centro de Convenciones y la fiesta en uno de los salones del mismo lugar.
Las fotos y reseñas de los distintos momentos estuvieron en redes sociales, en los medios de comunicación locales y nacionales, para culminar en la portada y reseña de la revista Hola del jueves 4 de octubre.
César Yáñez es un político y por tanto un hombre público, lo que no quiere decir que carezca del derecho a su vida privada. Pero para eso debe marcar de manera tajante esa línea.
La decisión de darle publicidad por todo lo alto a la boda fue originalmente un decisión suya y muy probablemente de su actual esposa. Al tomar esa decisión él mismo puso en el campo de lo público esa parte de su vida y por tanto la hizo objeto de escrutinio.
Desde la perspectiva de la rendición de cuentas es necesario considerar varios puntos. El primero es el contraste entre el discurso de la austeridad republicana y lo ostentoso de la boda. Los reportes de la misma dan cuenta de lujo y derroche: vestido de diseñador, miles de flores en el lugar de la fiesta, banquete gourmet, grupo musical de moda y como colofón convertirse en la portada de una revista de las llamadas “del corazón”.
Nadie pone en duda que el señor Yáñez tiene el derecho de organizar su boda como mejor le parezca, pero si exige que todos los reflectores iluminen este acontecimiento y lo convierte en un evento lleno de ostentación, tiene que asumir que la misma rompe frontalmente con el discurso de austeridad y la descalificación que Morena ha hecho del derroche que ha caracterizado a los políticos.
La diferencia entre el antes y al ahora se torna inexistente.
Un segundo punto es que echa por tierra la afirmación de que bastan la honradez y coherencia del presidente electo para que todo el gobierno lo sea. Si la austeridad y coherencia no se vuelve un distintivo desde el presidente electo hasta el último político de Morena tendremos que decir, como sociedad, que nos han timado.
Insisto en lo que escribí en las primeras líneas de este artículo. El mandato resultado de las elecciones es claro: se exige un cambio. Ya vimos que es relativamente sencillo ofrecerlo en campaña y ahora lo que exigimos es que sean coherentes y lo conviertan en una práctica concreta y cotidiana del próximo gobierno.
¿Será posible?
@EdgarCortezm
Foto de portada: Twitter.
Comparte en Facebook
Twittéalo








