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Memorias de una práctica sindical

Diálogo Estado / Top News / 17/10/2018

SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés*

Miércoles 17 de octubre de 2018

 

¿Pasado es presente? ¿Pasado será futuro?

 

“Que veinte años no es nada”, cantaba Carlos Gardel. ¿Veintiocho serán algo? Sin miedo del “encuentro con el pasado que vuelve”, la memoria nos permite revivir cómo el movimiento magisterial, organizado en parte por la CNTE y en parte de manera espontánea, derrocaron (derrocamos) a Vanguardia Revolucionaria y al cacique sindical, asesino y títere del régimen, Carlos Jonguitud Barrios. Lo logramos más de 500 mil profesores en una protesta histórica. El 24 de abril de 1989, el movimiento magisterial envió a Jonguitud al basurero de la historia; sin embargo, engolosinados con nuestros triunfos no vigilamos a Carlos Salinas, quien  decidió nombrar a alguien incondicional que al mismo tiempo supiera manejar los hilos de los títeres del sindicato. El entonces presidente (que nunca se liberó de la sospecha de ser espurio) aprovechó para sustituir al líder que había dejado de serle útil por la profesora Elba Esther Gordillo, quien aceptaría sin reservas la “modernización educativa”.

El magisterio estaba en pie de lucha. Para Carlos Salinas y los ministros de su gobierno era necesario desmantelar el movimiento magisterial. Lo lograron de dos maneras, primero respondiendo a algunas de sus demandas, aunque se peleaba por el 100% de aumento salarial, se rebasó el tope del 10% impuesto al magisterio con un 25%; se ganaron los comités ejecutivos seccionales en Oaxaca, Chiapas y en la sección IX del DF; se avanzó en Guerrero, Michoacán, incluso en Guanajuato.

La segunda fue la apariencia de legitimidad. Como la disidencia era muy fuerte se hacía indispensable disimular el dedazo con el que fue impuesta Elba Esther Gordillo en calidad de nueva secretaria general del sindicato. Las sospechas de su complicidad en el asesinato del maestro Misael Núñez Acosta, perpetrado el 30 de enero de 1981 en Tulpetlac, no era el único aunque sí el mayor delito en su trayectoria. Así que con el pretexto de discutir el documento para la modernización educativa se convocó al XVII Congreso Extraordinario del que saldría como secretaria general electa del sindicato más numeroso de América Latina.

Con un par de días de anticipación se nos proporcionó un documento sobre la modernización educativa para que lo discutiéramos y se nos pidió que lleváramos ponencias para el congreso. Como algunos maestros del Tecnológico de Celaya habíamos conseguido el escrito con anticipación pudimos analizarlo a conciencia; el documento sugería institucionalizar varias prácticas que ponían en peligro la educación pública y otras que generarían una división en el magisterio y una competencia feroz por el encumbramiento individual.

El nueve de enero se anunció mediante un memorándum en una hoja tamaño carta en la prefectura del Instituto Tecnológico la asamblea de la Delegación D II 5, que se llevaría a cabo el jueves once a las diez de la mañana.

Asistimos a la Asamblea Sindical el muy frío 11 de enero de 1990. Sólo unos cuantos trabajadores llegamos puntualmente, a las 10.30 no había aún el quórum legal. El Químico Humberto Contreras representante de la sección y presidente de la mesa dio lectura a la convocatoria para el congreso y al orden del día de la asamblea: pase de lista,  instalación legal de la asamblea; elección de delegados al Congreso extraordinario, toma de protesta de los delegados y clausura.

El pase de lista se realizaba con hojas numeradas en las que escribíamos nuestro nombre. Cuando faltaban diez minutos para las once, no se había reunido aún el quórum legal. El presidente de la mesa preguntó si podríamos esperar 10 minutos más. La Asamblea decidió esperar, diez minutos después entre aplausos y risas entró el maestro que completaba el quórum. Se instaló la asamblea y se procedió a la elección de delegados; quedando como primer delegado el ingeniero Luis Alfredo Luna Ramos, como segunda delegada quien esto escribe, como tercer delegado Agustín Ramírez Agundis y como cuarto delegado el ingeniero Saúl Serna.

El ingeniero Serna, como secretario general de la sección, nos invitó a reunirnos para analizar la convocatoria, decidir en qué mesa participaríamos y cuál sería la postura de los delegados del Instituto Tecnológico. Así que nos reunimos, analizamos la convocatoria, comentamos los seis temas de las diferentes mesas, expresamos algunas dudas y ante nuestras inquietudes, el ingeniero Serna nos explicó la mecánica de los congresos anteriores para que la consideráramos y si fuera posible nos disciplináramos. Reproduzco la mecánica de manera sintética:

El comité ejecutivo de la sección XIII del SNTE designaba las mesas y una persona seleccionada de antemano proponía la planilla y en un simulacro de elección ganaba por abrumadora mayoría; después en las mesas se daba lectura a documentos previamente elaborados, que eran aceptados sin discusión y en caso de haberla, se aceptaba la propuesta para llevarla a la plenaria donde se ponía a votación, quedando anulada por abrumadora mayoría y resultando al final un documento idéntico al propuesto por la mesa. Estos vicios que hacían de cada congreso una farsa se habían mantenido durante años por la poca educación y cultura sindical de nuestra sección.

El ingeniero Serna proponía que nosotros avaláramos las propuestas del Comité Ejecutivo de la Sección porque había “que estar bien con ellos, pues sólo así existía la posibilidad de obtener otros cinco préstamos para carro y algunas ventajas”. Se mostraba muy preocupado por las ayudas inmediatas que pudieran proporcionarse a los compañeros, pero la posición tanto del compañero Agustín Ramírez Agundis como la mía eran distintas, nosotros sólo avalaríamos las propuestas que no perjudicaban a los trabajadores ni a corto, mediano o largo plazo.

Cómo no llegamos a un consenso, propuse al ingeniero Serna que se convocara a una asamblea para que la base del tecnológico nos hiciera saber su sentir. Él consideró que no podía reunirse el personal por la premura con la que fue convocado el congreso, además el lunes o martes debíamos ir por las credenciales y el miércoles comenzaba el congreso. En vista de las diferentes posiciones, se tomó el acuerdo de que cada uno actuara con base en su criterio y principios, en la inteligencia de que todos los compañeros nos conocían y sabían cuáles eran nuestras convicciones.

Cada uno seleccionó la mesa que consideró más importante, a excepción del ingeniero Serna que ya había sido designado por el Comité Ejecutivo de la Sección para ser vocal en la mesa de asuntos económicos. Escogí la Mesa dos: el SNTE ante la modernización educativa por su trascendencia histórica.

Se nos citó en el local del sindicato para recoger nuestras credenciales, de allí pasamos a casa del profesor Beltrán en la colonia Laureles, donde se suponía que firmaríamos nuestra adhesión al Comité Ejecutivo de la Sección para posteriormente asistir a un desayuno en Irapuato con el profesor Astudillo.

El compañero Ramírez Agundis y quien esto escribe nos negamos a firmar cualquier documento a espaldas de la base por lo que ni siquiera entramos a casa del profesor. No firmamos y, por supuesto, no fuimos invitados al desayuno que se llevó a cabo “con todos los delegados charros, alineados con el profesor Astudillo”, como dijo el ingeniero Marco del CRODE.

Desde la sección nos citaron el día 17 de enero a las ocho horas en la Alhóndiga de Granaditas para ubicarnos e indicarnos el lugar donde se realizarían los trabajos del Congreso. Se nos instaló en distintos hoteles y se nos citó a las 10 de la mañana en el hotel Real de Minas, lugar donde se desarrollaron los trabajos.

De acuerdo con la convocatoria emitida por el CEN del SNTE, la presidencia de la mesa de debates estuvo a cargo del oficial del CEN, profesor Humberto Dávila Esquivel. Hecha la presentación del mismo se procedió al pase de lista de los presuntos delegados, estábamos presentes 349 de los 352 electos en las reuniones delegacionales del Estado.

Una vez comprobado el quórum que requería la reunión, se declararon inaugurados los trabajos del congreso y se procedió a proponer la forma de elección de la primera y segunda comisión dictaminadora de credenciales. Se propuso que fuera por planillas con voto directo y manifiesto. Se presentaron dos planillas por cada una de las comisiones, ganando con mayoría visible las propuestas por el comité ejecutivo de la sección y manteniéndose cincuenta y tantos votos para las planillas propuestas por los delegados democráticos.

Montar todo el aparato para que se declararan delegados efectivos los presuntos delegados y se eligieran con toda la apariencia de democracia, que no borraba el dedazo para designar y el dedo levantado para aceptar, llevó algunas horas. Lo mismo sucedió con los presidentes de las mesas que ya habían sido designados con anterioridad, pues tenían que guardarse las formas, aunque el fondo estuviera podrido.

Las tácticas dilatorias tuvieron un efecto de doble filo, por un lado estábamos cansados, fastidiados, tensos; por otro, las horas de espera nos permitieron una comunicación más amplia con los compañeros delegados que no estaban en el juego de complicidades y sumisión abyecta. Los trabajos iniciaron después de las cinco de la tarde, los que íbamos de fuera llevábamos ya  doce horas de tensión. Me inscribí en la mesa dos, el SNTE ante la modernización educativa.

En próxima entrega presentaré lo sucedido en la mesa, baste por hoy compartir que: pasado es presente.

El ausentismo en las asambleas sindicales se sigue presentando, la falta de claridad sobre as decisiones que se toman continúa siendo una práctica constante.

Sólo en los maestros está cambiar esta situación, lo que significa estar al pendiente de lo que sucede, tanto de la legislación como de los acuerdos que se toman en cada asamblea. Por cierto, ¿saben lo que el 11 de septiembre se aprobó con relación a la Ley del Servicio Profesional Docente en lo relativo a los procesos de evaluación del desempeño? ¿Y los exámenes a los maestros?


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

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Imagen de portada: Carlos Jongitud Barrios (al centro) y Elba Esther Gordillo. | Foto: Educación Café.






Luis López




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