SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 1 de noviembre de 2018
Entonces, ¿cómo hacer en esta vida moderna que tiene más de moderna que de vida, como dice Mafalda, cuando los padres tienen que separarse de sus hijos a lo largo de ocho, diez o más horas diarias, tragados por el mundo laboral en detrimento de la crianza?
– Carlos González
El trauma de los hijos no es consecuencia del divorcio per se, sino de la manera en que los padres lo manejan. En otras palabras, el divorcio de los padres suele traer dolor a los hijos e hijas pero no necesariamente trauma ni sufrimiento crónico. Cuando esto sucede se debe a múltiples factores parentales y familiares.
Los niños y las niñas tienen la capacidad para tramitar las adversidades de la vida en la medida que se les explique qué está sucediendo y reciban apoyo con lo que sienten ante tal adversidad. El divorcio es uno de estos casos.
Su forma de procesar el evento es diferente a la de los adultos, así como la manera de expresar el impacto que el divorcio les genera.
“Había una familia muy feliz de una mamá tigre, un papá tigre y un hijo tigre. Un día el tigre chiquito perdió a su papá por ser atacado por unos humanos y otro día perdió a su mamá por la tristeza de perder a su esposo; desde entonces el tigre chiquito se hizo muy feroz, muy gruñón, y se fue aquel que era tan feliz… Hasta que un día llegó un humano, y ese humano llegó para hacerlo recuperar aquel tigre que era, y desde ahí fue muy feliz”.
Este es el relato de un niño cuyos padres se divorciaron, que puede ser entendido como una especie de metáfora que cuenta su vivencia ante el divorcio de sus padres, cuyos motivos fueron muchos, el principal: el padre se enfrascó en el trabajo dejando en segundo plano a su pareja y a los hijos, lo cual llegó a un punto intolerable para la esposa.
En la metáfora el niño pierde a su padre porque este fue atacado por otros humanos, o para ser más preciso, por dos construcciones de estos humanos: 1) “un modelo económico dominante (que) dificulta la disponibilidad de los padres (para con sus hijos), en la medida en que impone como valor de éxito la capacidad de los adultos para invertir su tiempo en actividades que les produzcan dinero para consumir o les obliga a adaptarse a las condiciones de trabajo de los dueños del dinero”, en palabras del neuropsiquiatra Jorge Barudy, y 2) el mandato social convertido en creencia por parte de este padre de que su labor parental se reduce a construir un patrimonio que garantice un sólido respaldo para la prole.
El drama para este niño aumenta cuando pierde a su mamá, y no porque esta haya muerto, sino porque se fue emocionalmente al invadirla la tristeza ante la partida de su esposo.
La condición para que un niño transite sin consecuencias graves el divorcio es que los padres le proporcionen certeza de que cuenta con ellos; el niño debe tener la seguridad de que fueron sus padres los que se divorciaron uno del otro pero no de él, del hijo. Lo cual debe demostrarse con hechos, conductas y actitudes, no sólo con palabras. Pero cuando la madre se derrumba al quedarse sola, sin marido, como sucedió en este caso que comparto, el niño se queda sin piso, sin apoyo de padre y madre, lo cual genera ansiedad, furia, resentimiento, antípodas de la felicidad.
En este caso, la falta de piso desestabilizó al niño, y por lealtad a la madre conviviente terminó identificado por un tiempo con ésta: la tristeza en un niño temperamental lo transformó en un tigre feroz, gruñón, infeliz.
Así fue hasta que su mamá superó su respectivo duelo; ese día llegó un humano para hacerlo recuperar aquel tigre que era: feliz; ese día volvió la mamá con su humanidad recuperada, con ánimo y felicidad, y con ello ayudó a su hijo a recuperar la suya (lo cual coincidió con la elaboración de acuerdos precisos de convivencia con el padre).
Un divorcio suele ser más saludable que mantenerse juntos sólo para evitar el qué dirán, mantener el esquema de familia tradicional o para que los hijos sigan teniendo a sus dos padres bajo el mismo techo aunque infelices y resentidos.
Cuando la sana convivencia ya no es posible es tiempo de decir adiós. La única responsabilidad es cuidar la integridad de los hijos/hijas.
No olvidemos que un divorcio pacífico es mejor que un matrimonio en guerra y que el apoyo profesional puede ser una alternativa altamente preventiva para evitar que el dolor se transforme en sufrimiento eterno. Mejor prevenir que curar.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Pixabay.
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