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LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Viernes 23 de noviembre de 2018
Fabiola Palomo González, nació el 19 de septiembre de 1980. Tenía una hermana, María Esperanza, y un medio hermano con el que casi no convivían. Ambas estudiaron en un internado de monjas, eran muy unidas, un par de pequeñas que vivían infinidad de cosas que les hicieron padecer diferentes consecuencias emocionales, que las hacían ver ante el resto como diferentes. “A mí me hacía menos, era muy hiriente con sus palabras, pero era una mujer muy sensible. Además estaba enferma, no era algo que ella quisiera decir o hacer”, me cuenta Mari.
Fabi sí estaba enferma. Fue diagnosticada con un trastorno de la personalidad, nada que no fuera tratable medicamente. Ella era una mujer muy funcional, tenía trabajo, se cuidaba sola.
El 1 de octubre de 2018 hice contacto con María Esperanza, hermana mayor de Fabiola, luego de que una de sus primas me buscara vía redes sociales. La voz del otro lado del teléfono, como muchas que he escuchado de familias desechas y con el corazón desgarrado, estaba llena de dudas. No sabía qué hacer, como pude fui dando guía. Horas después dos abogadas se acercaron a Mari para otorgar su apoyo y tratar de hacer lo posible para que las autoridades no manejaran el asunto sin respetar el protocolo de feminicidio.
Finalmente, luego del funeral y dejar que pasaran unos días para que las abogadas lograran que se reclasificara el caso como feminicidio, hablé con Mari. Fue el 7 de noviembre de 2018, y así empezaron los recuerdos.
“Mi hermana vivía en casa de mi padre en Campeche, él le dio permiso de vivir ahí porque estudiaba una maestría en turismo. Hace como seis o siete años conoció a Ricardo; era su enamorado. Mi padre sabía que existía, pero él no daba la cara. Fabiola vivía sola. Cuando mi padre fue a verla, le llamaron y le dijeron: su hija tiene problemas emocionales”.
Su padre la trató por vía médica, y después de eso se enteraron de que estaba embarazada. Fabi, por el mismo problema de personalidad que tenía, no decía mucho de su vida. “Entonces la fui a ver, ella no quería decirme quién era él. Estaba hermética en hacerlo”. Su hermana jamás conoció al señor, hasta después de que nació el pequeño. Como la joven madre no quiso apoyo de nadie, el padre, molestó, le indicó: “Entonces dile a Ricardo que te lleve y ponga una casa para ti”.
La familia ignoraba que Ricardo era casado. Hasta después se enteraron, por eso él no podía vivir con ella. “Tenían problemas, sin embargo ella no quería que nos enteráramos. Fabi no aceptaba ayuda de nosotros, sobre todo la mía. Cuando nació el bebé todo se empezó a medio arreglar. Ricardo se dejaba ver más, ya iba a la casa. De repente, él y ella empezaron a tener problemas e iniciaron la pelea de la patria potestad y pensión alimenticia. Constantemente tenían disgustos, así que ella caía en depresiones constantes que él aprovechaba. Así se llevó al niño, pero cuando ella se sintió mejor intentó recuperar al bebé”.
Fabi no tenía trabajo, se le complicaba conseguirlo. Ricardo era político y le obstaculizaba encontrar trabajo. En cada espacio de empleo al que ella acudía, Ricardo estropeaba sus planes.
A las diez de la noche del 28 de septiembre de 2018 la tía de Fabi, quien era su vecina y se encargaba de hacerles saber que la joven se encontraba bien, además de que era la intermediaria para que la hermana de Fabiola le hiciera llegar ayuda, le hizo una llamada a Mari para decirle que dos hombres habían entrado a casa de Fabi y que se empezaron a escuchar sus gritos. La tía entró en shock y no hizo nada. Fue en ese momento que desde Mérida su hermana llama al 911, de donde hacen el enlace con la policía de Campeche. La autoridad se trasladó al lugar. Minutos después, desesperada, Mari se comunica con los elementos de seguridad que habían acudido, quienes le pidieron que le llamara a su tía. Ella fue quien le notificó que habían matado a Fabiola.
Fabi fue encontrada en el baño sin vida. Había sido asesinada a golpes, tenía las huellas en el rostro: la frente y la nariz las tenía completamente destruidas, y la mandíbula fracturada. Mari se trasladó desde Mérida lo más rápido posible a la Fiscalía, donde le aseguraron que “había sido un accidente. No es posible que me digan eso si yo misma les notifiqué que habían entrado dos hombres. El fiscal me hizo saber que se había bronco aspirado porque se había caído sola, aunque el piso es antiderrapante y estaba seco. Luego, el fiscal me dijo que era suicidio, pero quién se suicida a golpes, por qué pidió apoyo si los suicidas no gritan por auxilio”.
El caso se había tipificado como accidente o suicidio. Los vecinos no quieren cooperar, pero ya está siendo investigado como feminicidio luego de la intervención de las dos abogadas que apoyan a la familia.
No pudieron haberla asesinado por robo, no pudo ser un accidente, tampoco un suicidio. “Fabi vivía encerrada, le daba mucho miedo que la puerta estuviera abierta. Cuando la policía llegó la puerta estaba abierta, ella jamás la hubiera dejado así”, me expresa Mari.

La familia de Fabiola busca la verdad. Un mes antes intentaron llevarla a internar, sin embargo Fabiola no lo permitió. Quería recuperar a su hijo, su vida, por eso no lo consintió. Al mes la asesinaron. “Fabi quería irse a Veracruz, yo tenía miedo por cómo esta de peligroso Veracruz. Le decía a mi papá que mejor, al ver que no se dejaba ayudar, la dejara en Campeche porque ahí la gente era muy buena, y mira, la asesinaron”.
La joven mujer estaba enferma. Su familia siempre intentaba salvarla, ayudarla, como a cualquier persona enferma de diabetes o cáncer. Ella no buscó que la asesinaran, ni tampoco se suicidó. “No estoy buscando culpables, ni siquiera puedo señalar a algún culpable porque no sé qué sucedió ahí. Lo que sí sé es que ella fue asesinada”.
Sólo algunos medios de comunicación locales dieron a conocer la noticia como un accidente, o robo. Ningún medio nacional habló del feminicidio de Fabiola, quién está pasando a formar parte de la larga lista de mujeres invisibles y que a pocos importan. Fabi necesita justicia; su familia, la verdad, la que sea. No buscan que tú la culpes, ni que minimices el horror que Fabi vivió en esos últimos momentos. Sólo buscaba recuperar a su hijo, encontrar trabajo y ser feliz en medio de una sociedad que no entendió jamás cómo era vivir los sueños y el proyecto de vida que Fabi tenía.
La Fiscalía del Estado de Campeche no ha resguardado la casa como debe ser el protocolo, no ha dado a conocer mucho de lo que le sucedió realmente a Fabi. Las autoridades locales, como en todo el país, le deben mucho a Fabiola y su familia. Y como en cada caso y semana a semana te narramos, no se van a detener hasta que las autoridades lo hagan.
P.D. El apoyo que se otorga desde FridaGuerrera a cada familia es sin fines de ningún tipo. El único objetivo es dar a conocer las historias de algunas de las mujeres que nos asesinan a diario, ayudar con acompañamiento a que llegue un poco de justicia, hacer conciencia para que #NIUNAMÁS sea una realidad.
Dudas, pruebas o comentarios…
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas y a contar su historia.
Las fotos de portada e interiores se publican con la autorización de María Esperanza.
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