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NOPALES Y HORTENSIAS
Carla Martínez*
Francia / Viernes 7 de diciembre de 2018
“Mi nombre es Carla M. y no sé manejar”.
¿Parece presentación de sesión de Alcohólicos Anónimos? Pues esa es la idea. En esta región distante de París y su periferia urbana, persona que no maneja vale socialmente menos que un alcohólico.
En esta región de pequeñas ciudades, pueblos grandes y caseríos distribuidos en un campo rodeado de bosques, terrenos cultivados y granjas porcícolas y de producción de lácteos, trabajar es virtualmente imposible si no posees un coche y lo conduces.
Ni siquiera es fácil ir al médico o hacer trámites burocráticos.
El transporte público es simbólico y existe fundamentalmente para las personas mayores y los menores de 18 años y está pensado para sus necesidades.
Si estás en edad de trabajar y no tienes coche ni conduces, tienes una especie de incapacidad física.
¿Por qué cuento esto?
Para dar un poco de contexto del porqué un alza al impuesto sobre los carburantes pudo enfurecer a tanta gente acá en Francia, y particularmente en las zonas del país que no son París y su zona conurbada o las otras grandes ciudades francesas.
Acá en provincia hay personas que tienen que recorrer kilómetros y kilómetros cotidianamente para poder trabajar. Acá, el tren se convierte en una opción muy cara y los autobuses no ofrecen horarios ni redes confiables. Acá, que te suba la gasolina tiene un impacto no sólo en tu presupuesto, si no en tu vida diaria.
Y esta sensación de que te tocan la única forma que tienes de ganarte la vida fue demasiado para muchas personas.
Personas que han visto los derechos sociales adquiridos en el pasado desaparecer.
Personas que vieron a principios del quinquenio de Macron desaparecer el famoso ISF (impuesto sobre la fortuna), es decir, los ricos pagan menos, las clases medias y pobres, más.
Y ello llevó a una movilización muy interesante: personas que jamás habían manifestado lo hacen. Sacaron el chaleco amarillo de seguridad obligatorio, ese que todo mundo trae en su coche porque si no lo traes pueden multarte y lo pusieron en su parabrisas mientras iban al trabajo. Se lo pusieron y salieron a bloquear glorietas, autopistas y supermercados.
Y después, se reunieron más y más personas y fueron a asustar a las autoridades a París.
En alguna parte, los manifestantes hasta encontraron una guillotina.
Y todo lo que se transmite es pánico.
Los medios de comunicación tienen pánico de que los manifestantes maltraten o degraden un monumento público.
Tienen miedo de que la ahora larga lista de peticiones del movimiento siga creciendo y los ánimos no se calmen con la suspensión por un año del impuesto a los combustibles.
Y es curioso que esos “chalecos amarillos” que se manifiestan sean las personas que ves diario y el pánico que tratan de comunicarte los medios de comunicación no es real. Los manifestantes los veo diario…
Mi profesor de karate.
La presidenta de la asociación de padres de familia de la escuela de mi hija. Su esposo, conductor de tráiler.
Algunos obreros, compañeros de trabajo de mi marido.
Personas normales, vaya.
Personas que han visto disminuir su poder adquisitivo, su calidad de vida, sus expectativas a futuro.
Y esa disminución, no les parece.
Ha habido mucha discusión acá en Francia respecto a las personas que integran este contingente: que si son racistas, que si son “campesinos” ignorantes, que si piden lo imposible, que si no entienden nada.
Lo que yo entiendo es que yo no manejo y sin coche mi vida está en un callejón sin salida.
Así que me puedo imaginar cómo alguien que gana el salario mínimo pueda entrar en pánico si tiene que recorrer dos horas de ida y dos de vuelta en coche para ir a trabajar y le suben la gasolina.
¿A dónde va llegar esta movilización?
No lo sé. Todavía no he aprendido a leer la sociedad francesa, a pesar de casi cinco años de vida acá.
Pero entre son peras o son manzanas, la movilización ya logró que se anule el impuesto a los combustibles todo el año 2019.
Y se siguen movilizando.
Así que como dirían los franceses… “à suivre…” (nosotros en México diríamos, “continuará”).
Nota:
Para quienes lean francés, acá la lista completa de las peticiones/demandas de los “chalecos amarillos”: Directives du Peuple.
* Carla Martínez, además de contar historias como migrante internacional desde la Bretaña francesa, ha sido ghost writer durante años y actualmente redactora de contenido para una empresa española.
Imagen de portada: El Periódico.
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