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De pan y mantequilla, mucha mantequilla

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 04/03/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 04 de marzo de 2019

 

Sigo con ganas de compartir mi tierra contigo. No nada más con breviarios culturales verdad, sino con su corazón, pa’ que lo sientas ahí contigo, bien calientito.

Tons, esta vez, te voy a ahogar con fotos. Ni de paisajes, ni de gente, ni de arte.

De pan.

Digo, primero porque el pan me gusta, me llena de alegría hincarle el diente a un bolillo fresco o hacerme mi torta de telera. Y escoger pan dulce es una misión sagrada.

Y luego porque sé que traes en la cabeza la caricatura del francés con boina, cargando su baguette bajo el brazo, pegadita a la axila, que ya sé, y ya sabes, unas veces no huele mal y otras sí.

No he visto a nadie cargar su pan así. Jamás. Pero si existe el prejuicio, imagino que alguien sí lo hizo un día. Lo que provocó el hombre ¿verdad…?

Cuando decidí platicarte del pan de acá, me pareció obvio que tenía que ir a la panadería a entrevistar a la señora que allí trabaja y que resultó ser una de las dueñas.

Me llevé mi cuadernito, mi pluma, el cel por lo de las fotos y listo.

Lo único que no llevé fue mi mente. Ha de haber pensado la panadera que su entrevistadora no se había preparado y que ¡qué onda con los mexicanos! Onda prejuicio.

Logré algo de todas maneras, obvio.

Deja te cuento que escogí esa panadería porque es la que está cerca de la iglesia, a la que he ido toda mi vida. Hay otra, pero no me gusta. Es como muy elegante, y si ya de por sí me da nervio hablar en las tiendas aquí, si además me ponen trabas esnobistas, nomás no puedo.

Ésta para empezar, se llama La Paysanne, -La Campesina-, la atiende una familia, los Charlot. La señora, Maryline, es amable, sonriente, pero de a deveras, no onda a ver qué te vendo.

Él hizo su aprendizaje en esa misma panadería y luego, al instalarse, tuvo la suerte de poderlo hacer allí.

Empecé preguntando por el pan de sal.

Aquí no hay panes de sal individuales, en mi pueblo no por lo menos: están las baguettes, que ya has visto, alargadas y doradas, y luego una declinación de lo mismo: que con grano entero, que de 400 gramos o de 900, que masa reposada, y así. También hay unos redondos, haz de cuenta un pambazo, pero gigante, con rayitas encima, para que no truene al cocerse.

Me llevé uno que se llama Noruego, –Norvégien-, rectangular, parece como de molde, con un montón de granos enteros, y muy pesado.

Y luego me pasé a lo dulce.

Había chocolates envueltos, y como en esa panadería se precian de hacerlo todo ellos, pregunté, y sí, el panadero, el señor Charlot, hace también el chocolate, y las cremas, y las tartaletas, y los panes rellenos de chocolate, y todo pues…

Yo quería unos que se llaman Rochers, -Rocas-, por aquello de que esos le llevábamos a mi papá cuando veníamos nosotros y él se quedaba en México. Son de coco, como piedritas, ricos.

Los hemos hecho en México, ahí te va la receta:

Rocas

Coco rallado: 125 gramos

Clara de huevo batida a punto de turrón: 2

Azúcar: 100 gramos

Mezclar con cuidado para no echar a perder lo de la batida, hacer montecitos en tu placa de metal enmantequillada y meter al horno, muy bajito, una media hora, para que al cocerse, se vayan también endureciendo.

Obvio la receta no es la de la panadería, no haría eso. Es la familiar.

Le saqué foto a un pastelillo que se llama Divorcé, -Divorciado-, por aquello de nuestros huevos divorciados. También compré uno. Es de café por un lado, de chocolate por el otro, el pan viene cocido en una sola pieza.

Sí me supo a huevos divorciados, que si empiezas por el de salsa roja, la verde ya no te sabe a nada y viceversa.

La cremita que le ves encima, es crema hecha a base de mantequilla.

!!!La mantequilla!!!

!!Cómo se me ocurre platicarte la panadería francesa, bretona, si no te hablo de nuestra mantequilla!!

Es una mantequilla como dulcezona, si la comparas con la mexicana. Nos gusta comerla salada, aunque imagino que para hacer unos choux o éclairs, usan la que no trae sal. Cuando te digo que nos gusta comerla, es un eufemismo: nos gusta tragarla, llenarnos la boca de mantequilla, no comemos pan con mantequilla, ingerimos mantequilla con soporte comestible, y a las papas le ponemos así como mucha.

Nos gusta olerla, huele a mar, a pasto verde, a vaca negra y blanca, panzona, grandota.

Huele a Bretaña, te lo juro, así como los tamales huelen a Oaxaca o a Chiapas, el puro olor te dice de dónde es.

Con ella se hace el Gâteau Breton,-el Pastel Bretón-, que es mantequilla, con mantequilla, y más mantequilla, ¡rico!

Luego también compré uno que no había probado, que se llama Financier, – Financiero-, la masa por lo menos, una onda con almendras en polvo, mantequilla, claro, azúcar glass y tantita harina. La receta no la tengo, pero lo que me llamó la atención fue la forma, un Triskel, símbolo celta y por ende bretón, por excelencia. ¡Ya me imagino yo comiendo un pastel en forma de Águila sobre Nopales! ¡Seguro nos cae alguien del municipio a multarnos, por falta de respeto a los símbolos patrios! Aunque el triskel no le pertenezca a ninguna patria, es como los armiños del otro día, de los celtas.

Lo más delicioso del encuentro fueron dos cosas:

Una, entró una nena, cuatro o cinco años, con su papá y oyó perfecto lo que todos oímos, al hombre diciéndole: Escoge lo que quieras.

Obvio que escogió el pastelillo más grande, muy grande, relleno de mermelada de frambuesa. El papá intentó desviar la atención, pero no hubo manera. Se fueron. Feliz ella, medio preocupado él, pensando seguro en la cara de su mujer al llegar a casa.

Y dos, la segunda cosa pues, fue cuando pregunté por el horno.

Resultó que es el que siempre me ha llamado la atención, el de la callecitas del otro lado de la iglesia, situado en la esquina, con una escalera formidable, colgada por fuera.

Supe que aunque mis preguntas no hubieran sido las mejores, había conseguido lo que buscaba:

Una excursión a mi vida pasada, la de ahora pero antes, no la pasada de otras vidas, un vistazo a mi papá comiendo, a mi mamá y a mis hermanas cocinando, a mi hermano husmeando y consiguiendo  el pan más grande, muy grande.

Y la certeza de que ya crecí.

Obvio compré pan. Aparte del Noruego.

Obvio nos lo zampamos.

Obvio estuvo rico.

Y obvio, de lo que no habrá foto es de mi panza después de tan regia cena.

Bretaña Francesa. Marzo de 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






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