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De voces y poder

Diálogo País / Top News / 25/03/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 25 de marzo de 2019

 

Entre el titipuchal de cosas que se les están arreglando a la casa familiar, está el garaje.

 

El primer acto fue vaciarlo:

  • triques de esos que no se tiran porque algún día servirán, y que a 50 años de su almacenamiento sólo lograron echarse a perder, barcas, cadenas y sillones
  • triques que un inquilino desconsiderado tuvo a bien dejarnos y que, por consideración a nuestra salud mental y emocional, decidimos sacar
  • triques que aterrizaron en ese sitio porque no hay puerta y sí mucho viento
  • triques que son recuerdos, que dolió sacar, y romper más y tirar
  • telarañas que cumplían los mismos 50 años que los triques del principio

Eso lo hicimos mi hija y yo, fueron kilos de polvo, moho, olores y texturas acarreados y despedidos con risas y lágrimas.

 

El segundo acto es quitar el techo de lámina, o mejor dicho de hoyos con tantita lámina, el cual lleva mucho más que los 50 años de los triques que podrían haber servido un día si alguien se hubiera acordado de ellos. Para eso, quitar la hiedra que lleva  ya sabes cuántos años cubriéndolo todo.

El tercer acto, poner techo, de láminas igual pero entero, y puerta, que cierre.

 

El día convenido para el segundo acto fue “Chance el miércoles, o tal vez el jueves o viernes, por ahí de la hora que sea cuando lleguemos, y seguro no el miércoles”.

Obvio llegaron el miércoles, y como no estábamos, se pasaron por encima de la barda del jardín para dejar sus andamios. No te preocupes, por lo visto en mi pueblo saltarse la barda siempre es con fines honorables.

Tons, el jueves tempranito, salí a abrir la puerta de la famosa barda, no fuera a ser que otra vez tuvieran que saltar.

 

El caso, y por eso te eché mi rollo de triques, bardas y lágrimas, es que de regreso de abrir la barda, la cual si es temprano se abre por fuera, por la calle pues, que por dentro el pasto está mojado y hace frío, el caso, -otra vez, es el mismo caso, no te pierdas-, es que de regreso a casa, 20 metros, un coche con la cajuela abierta me rebasó. Le hice señas, muchas, no me vio o mejor dicho no me peló porque al cuate que venía en sentido contrario, en coche también, y que le hizo muchas señas también para detenerlo, no logró nada, tampoco.

Por inercia, se detuvo el conductor y se rió, yo también, y ya que en ésas andábamos, me preguntó por un lugar para desayunar. Y me empezó a platicar que andaba por acá para ver a Nicolas Hulot. Asentí, pensando que por fin sabía cómo se llamaba el alcalde del pueblo. Luego, con más señas de su parte, recordé, -porque sí lo sabía, te juro que lo sabía-, que Hulot es un político re-muy-conocido, imagina que me hubiera dicho Osorio Chong, con la salvedad de que Hulot no milita para ningún partido. Y como seguíamos andando en ésas, -que un día alguien me diga cuáles son-, me invitó a desayunar para platicarme lo que le iba a platicar a él.

Primero, porque no por nada vengo de México, dije que no.

Y luego, pensé que no sabía que se podía desayunar así como así en Francia, que menos sabía qué se servía, y que tenía, noción de No hay de otra, que aprovechar que aquí en mi pueblo sí se puede una trepar al coche de un desconocido sin terminar a fuerzas violada, asesinada y desmembrada, -las cifras lo demuestran-, y que no podía, noción de No seas así, lánzate, perder tal oportunidad.

¿Sí me sigues? ¿O está muy enredado?

 

No te voy a relatar el encuentro, sólo que sirven juguito, café, pan y croissant. Se habló de una idea suya para que la humanidad deje de destruir y destruirse y de creer profundamente que el señor Hulot  no nada más lo escucharía sino que transmitiría el mensaje de manera adecuada después. Aunque sí te platico que habló de seguir abejas, -yo sigo mariposas-, de providencia y sincronía, -mi reloj personal así se llama-, y de la obligación que tenemos de hacer algo para revertir el cauce del río en el que nos estamos ahogando, del punto de vista que se te antoje.

Todo con risas, gestos amplios, estuve frente a un ser de luz, si seguimos la temática principal del encuentro, sonriente, y tranquilo aunque algo acelerado. Y eso que sólo tomó tecito de hierbas. No sé si vio a Hulot. Regresó a mi casa al día siguiente,  llorando. No logré sentir si de alegría o de tristeza, no logré sentir si las voces que repetía eran de las que percibimos en decibeles conocidos o no. No sé si sueña despierto o si por fin vive su sueño.

 

De la plática del desayuno,  te cuento que hablamos de poder. El que tienen los políticos y gente de dinero del planeta. Y de como por tenerlo, nos pueden llevar de corbata a su fiesta. Del que tenemos todas las hormiguitas, el que me lleva a escribir, a ti a salir cada día, y nos lleva a pensar, juzgar, decidir. Del que nos hacen creer que sólo uniéndonos puede ser real. Del de la ciencia y tecnología puestas al servicio de quienes pueden para que quienes no saben que pueden dejen de pensar. Del que posee cada niño antes de que lo eduquen. Del que posee cada niño cuando tiene acceso a la educación, la otra pues.  Aunque él vea la educación escolar como castrante, en Francia, y yo, en México, la vea como arma de poder, tanto para los enseñantes como para los estudiantes.

Mencionamos  cómo, al oralizar, verbalizar, (¿escribir, leer?) estructuramos nuestro pensamiento, discutimos, intercambiamos, y podemos, por fin, pensar por nosotros mismos.

Se fue a su cita y yo a mi garaje, con hambre, porque a mi desayuno le faltaron frijolitos, tortillas y huevos rancheros.

Y, si no te perdí entre tanto apartado, invento de palabras, itálicos y demáses, has llegado al punto en el que estoy ahorita.

En el que me subí al coche de un desconocido sin miedo, porque en este pueblo de la Bretaña de acá en Francia, sí se puede.

Y en el que quiero lo mismo para México. Quiero vivir sin miedo, sin ése en todo caso, y con bardas chaparritas y abiertas.

Y en el que, privilegio supremo, puedo, en nombre de mi gente, despedirme de tantos triques que algún día vivieron con nosotros, liberar barcas y romper cadenas.
P.D.: El inquilino no fue desconsiderado, fue algo peor. Pero yo soy delicadita y ciertos adjetivos no los quise usar hoy.

Bretaña Francesa. Marzo de 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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