Juan Camilo Lamos
Deambulando por los canales de tv y navegando por la red de redes veo y leo: “Leonardo DiCaprio oculta su pancita”; “Megan Fox publicó su primera selfie sin maquillaje”; “Confirmado: Kim Kardashian sí usa calzones y enseña los gorditos”. Al ver este tipo de noticias siempre me ronda la misma pregunta: ¿para qué me sirve enterarme de eso? El que mi vida mejore o empeore no depende del trasero de la Kardashian.
En muchas ocasiones he escuchado al respecto: “pero eso es lo que hay”, “no se puede hacer nada, una golondrina no hace verano”. Pensar que no hay otra alternativa es falaz y sí se puede hacer algo, hay otras posibilidades. Existen otros medios de comunicación, otras voces y otras perspectivas de la vida. En muchas ocasiones los otros medios están ahí, en una silenciosa lucha por sobrevivir, ante la mirada distraída del mundo, flotando en el mar de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación); pero también hay esfuerzos a gran escala por mostrar aquellas aristas de la realidad, que guardan distancia con lo banal, con la superficialidad del show business.
En una emisora boliviana tienen como jingle: “Radio Nacional de Huanuni, voz sindicalista del minero (cortina). Voz de libertad y de justicia, que resalta la voz de los obreros”. Desde 1949 las radios mineras de Bolivia han estado al aire, siendo una pieza clave en la construcción de identidad, en la lucha por los derechos de las comunidades mineras, indígenas y campesinas. Las radios mineras han sido uno de los estandartes latinoamericanos de la comunicación participativa. En una entrevista para el Centro de Competencia en Comunicación para América Latina, Rafael Lineo, director de la emisora mencionada, dijo: “En el inconsciente del minero de Huanuni, la radio antes que un medio de distracción es un medio de comunicación y de lucha”.
Bolivia no es el único lugar en el mundo donde el espectro radial funciona, para algo más que el entretenimiento. AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias), agrupa a cerca de 4 mil emisoras de índole comunitario en más de 130 países.
También existen esfuerzos de organismos e instituciones, que actúan a nivel internacional, para proporcionar medios y espacios a personas del común, con el objetivo de visibilizar las problemáticas globales que afrontan y presencian en su día a día. Ejemplo de ello es el Plural + Video Festival Juvenil, organizado por la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Es un escenario que convoca a jóvenes de todo el mundo, entre los 9 y los 25 años, a retratar a través de lo audiovisual sus percepciones y reflexiones en torno a la migración, la diversidad y la inclusión social.
Los ganadores del festival son invitados, con todos los gastos pagos, a la ceremonia de premios que se realiza en el Paley Center for Media de Nueva York, permitiendo que niñas, niños y jóvenes de Kenya, India, Francia, México, Perú, Afganistán, Colombia, Grecia, Portugal, Austria, Canadá, entre otros países, se encuentren y sean protagonistas, intercambiando sus miradas multiculturales para responderse-y responderle al mundo- ¿qué es ser un migrante?
En algunas ocasiones las voces alienadas comienzan a manifestarse con un pequeño susurro, hasta convertirse en un sonoro y vistoso coro. En 1998, la fotoperiodista neoyorquina Zana Briski estaba en Calcuta (India) fotografiando la vida de más de 7 mil trabajadoras sexuales del barrio rojo. Tras varios meses documentando la cotidianidad de esta zona repleta de prostíbulos, la labor fotográfica se fue transformando en enseñanza; hijas e hijos de las trabajadoras sexuales del barrio rojo se convirtieron en discípulos de Briski. Niñas, niños y jóvenes nacidos en las entrañas de los burdeles aprendieron a autorretratar sus vidas. Ya no se trataba de la visión de alguien sobre el barrio rojo; se trató del barrio rojo contando su historia a través de la mirada de sus niñas, niños y jóvenes.
Las fotografías de ellas y ellos se expusieron en Calcuta y en Nueva York. Pero el eco de estas voces no se aplacó, fue aumentando hasta convertirse en un documental, que incluso llegó a ganar el Oscar a la mejor película documental en el 2004. Así, Tapasi, una de las niñas protagonistas del documental, pudo contarle al mundo una de sus reflexiones: “La primera vez que utilizamos una cámara me sentí muy bien. Antes nunca habíamos tenido una oportunidad… habíamos visto a otras personas haciendo fotos y deseábamos tener nosotros también una cámara”.
Mientras los grandes magnates de los medios intentan convencernos de la valentía y atrevimiento de Megan Fox al mostrarse sin maquillaje, hay una mujer del África subsahariana contando su historia atravesando el desierto en busca de una mejor vida para ella y para su familia. Mientras nos dicen que Leonardo DiCaprio está preocupado por su panza, un hombre en Ucrania escribe en su blog que también está preocupado por lo que está pasando en Slaviansk, su ciudad.
Los otros medios están ahí, ante la dispersa mirada de todos. Sólo basta querer ver más allá del trasero de la Kardashian. Tal vez la mejor forma de sintetizar el problema de esta miopía, sea a través del músico David Bowie: “La conciencia deprimente en esta época de atontamiento es que las preguntas han pasado de ¿Tenía razón Nietzsche acerca de Dios?” a ¿De qué tamaño tenía el pito?”
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