SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 1 de mayo de 2019
La incongruencia en el ser humano es la no correspondencia de lo que piensa, lo que dice y lo que hace; las palabras huecas fuera de contexto, el cubrir la ocasión con lo que sea y como sea, las palabras y los compromisos sin soporte, con la intención abyecta de no cumplir.
“No importa como lo o la juzgue la gente ahora, ni la Historia después; el juicio de la Historia no existe, lo que importa es el ahora y aquí. De plano, lo que importa es lo que se gane.”
Ésta pudiera ser la filosofía básica de muchos de los personajes de triste figura que han gobernado en todas de las instancias políticas del país, principalmente desde hace treinta años.
Muchos ciudadanos pecamos con la absurda inocentada de la esperanza condenada al olvido después de los primeros actos de gobierno o desgobierno y ante una remota posibilidad de que el género del gobernante en turno represente de algún modo el cambio hacia la honradez.
De plano, el colmo de esperanza nacida precisamente de la desesperanza.
La equidad de género para el desempeño de la administración del poder público es un riesgo casi condenado a convertirse en entelequia; sean hombres o mujeres, la ineptitud y la desvergüenza se defienden por sí mismos, haciéndose lugares comunes en la imagen de sus poseedores y el daño lacerante que perdurablemente ejercen sobre la ciudadanía.
Los hombres o mujeres de partido, o sin él, del color que sea, representan una amenaza para el ciudadano común y corriente, más ocupado de cuidarse de los asaltantes, pagar sus impuestos y en conseguir comida, que de interesarse realmente en quién será el gobernante siguiente, la verdad poco le importa y se guarda la esperanza remota en un bolsillo roto, ante la posibilidad de que “el gobernante salga bueno”.
Aunque parece que el cansancio, el hartazgo, la sangría histórica, ha colmado la conciencia social el pasado primero de julio de 2018. Así sea.
Acá en Celaya, Guanajuato, para el ciudadano estándar, el de sobrevivencia cotidiana, sigue siendo lo mismo con la viva posibilidad de empeorar.
Cuando pronunciamos la palabra “colmo”, queremos referir un límite, la cumbre de alguna situación, circunstancia, el llenado o vacío extremo. Bien… acá en Celaya, el ejercicio del poder en la administración pública ha llegado al colmo negativo… ya desde hace rato la brújula social está en zona roja, el manómetro amenaza con explotar… sin embargo, unos aparentamos que no nos enteramos, disimulo, el disimulo de la sobrevivencia; otros, desde el gobierno, se empeñan en seguir disfrazando la verdad. Todos aquí gozamos de “paz”.
La incongruencia se manifiesta de facto; el uso y aprovechamiento de las posiciones de poder político son consabidas, una vez que se camina por la pasarela de miserias que es el mal llamado debate político (seguramente los funcionarios del INE han querido ignorar qué es un debate, pues lo que avalan son sainetes), los medios de comunicación añejos en la región dan los primeros pasos firmes hacia la definición de quién será el próximo o la próxima que detente la silla que le dará omnipresencia durante tres años y la concesión sobre el territorio y las personas que habitamos el municipio; así se inicia el ejercicio de la incongruencia, del olvido, de la detención de la memoria, el estancamiento de las intenciones intensamente difundidas desde la campaña, prácticamente sólo desarrollando y pactando negocios con la iniciativa privada, que después le llamarán: “atrayendo capitales en beneficio de todos”, porque, por si no lo sabemos: “Celaya es de todos”, bueno eso dicen ellos, acuñaron la frase y la fijaron en todos lados, con la buena fortuna que ¡no tiene faltas de ortografía!, pero, creo que les quedó corta, debió decir: “Celaya es de todos los empresarios y los burócratas”.
Habremos de saber que Ramón Lemus, ex-alcalde, figura en los registros de los medios como punta de lanza en conseguir inversiones para el municipio, ”es un gran negociador”; habría que cuestionar en beneficio de quién. Además de por qué al menos dos obras públicas de vialidad que autorizó, dan acceso directo a sus negocios de educación privada. Escuelas particulares. Bueno… por ejemplo… por ejemplo… y cómo prometió estar trabajando en la seguridad pública, porque entregó a su sucesora el caos delincuencial que ésta ha sido completamente incapaz de detener, y ahora responsabiliza al nuevo gobierno federal, que no al estatal y municipal de lo que les atañe como responsabilidad; habría que preguntarnos si acaso no ha leído el Artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que, dicho de paso, debe ser el ideario fundamental de todo gobernante en este país.
Incongruencia.
¡Cómo no sentirnos afortunados los celayenses con esta sucesión de alcaldes de lujo!
En Celaya la inseguridad no existe, al menos para ellos. “Estamos trabajando”, eso contestó Ramón Lemus al ser confrontado por una celayense valiente hace un tiempo, en el Mercado el Dorado; y para Elvira Paniagua, alcalde actual, todo está bien, tranquilo; mientras los diarios periodísticos anuncian diariamente delitos de inseguridad por racimos, ella declara bienestar… un poco de ejercicio de incongruencia, para no perder la costumbre, el estilo, mostrar al nuevo y decadente PAN. ¿Dónde vive realmente Elvira Paniagua que olvidó tan pronto sus promesas de campaña; cómo es que para ella todo está tranquilo?
Incongruencia.
Caminamos sobre incongruencias, esa es nuestra afortunada palabra, la que nos define en relación con quiénes nos gobiernan.
Lo que debe ser definitivamente prohibitivo para los que gobiernan es que de algún modo evidencien que el proyecto global de sus institutos políticos es el de entregar el país a cualquier costo, siempre que alcance para que ellos se hagan ricos y sus perros de presa se conformen con tener que comer, un empleo que les reditúe una magra pensión, y que por lo pronto les haga felices ser “funcionarios” y tratar mal a los ciudadanos que caen en sus garras.
Considerando esta breve introducción, sería interesante encuestar, aunque sea fantasiosamente, a los ciudadanos sobre si consideran que sus gobernantes son congruentes o no.
¡Cómo no estar orgullosos los celayenses de sus gobernadores y sus alcaldes, realmente creemos que hemos sido una isla de paz y prosperidad yendo de la mano del PAN o del PRI, que han administrado a conciencia el desempleo, la corrupción, la cultura (el actual director del Instituto de Cultura tiene en su haber curricular, y lo usa como una de sus cartas de presentación, haber ido a Roma a cantarle al Papa), la mugre, el ambulantaje, los estímulos a los pequeños empresarios, y… cosa de nunca acabar!
Por ahora bastará una de sus últimas joyas de incongruencia:
Apareció un cartel panorámico al oeste del boulevard, a la altura de la Pepsi, en el que se puede ver a un automovilista ofreciendo un billete grande a un agente de tránsito y vialidad y éste lo rechaza dignamente (quién sabe si con convicción) con el texto: ¡ya basta!; casi al mismo tiempo se hizo viral un video en el que la recién nombrada jefa de la Dirección de Tránsito y Vialidad fija y exige a los agentes de tránsito las nuevas cuotas que deben aportar.
¿Alguna congruencia?
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Imagen de portada: Ramón Lemus, exalcalde de Celaya. | Foto: Facebook.
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