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De comunidad y de europeos

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 27/05/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 27 de mayo de 2019

 

Aquí en las Europas, además de haber elecciones locales y federales, están las europeas. Y este año tocan.

He hablado con unos y con otros, y todos andan  como nosotros en México, desilusionados: que si el poder, que si la lana, que si de todas maneras qué le hacemos, y así.

Me di a la tarea de escuchar un debate entre los candidatos franceses, que se hizo en dos partes, que porque son muchos aspirantes. Llegaron 14 personas, cada quien encabezando una lista de pretendientes más larga que uno de mis brazos extendidos, y pasaron primero los 7 que menos chance tienen de ganar y luego los 7 favoritos. Y sí, algunos se molestaron de ser del grupo que pasó primero como si ya fueran declarados perdedores, y otros por pasar después, que porque a esas horas nadie los iba a escuchar.

Dos horas duró cada debate. Cuatro horas estuve viendo… ¡Mentira, vil mentira! Vi tantito de las dos partes y luego me fui a dormir, ¿quién aguanta 4 horas de debate, con comentarios de periodistas en el intermedio y al final?

Quería ver cómo hacen las cosas aquí, no definir por quién votar porque entre que estoy acá en lugar de allá y que no sabía que no iba a estar allá, pues ya no pude votar ni acá ni allá.

Empezaron todos por enseñar una imagen, escogida por ellos, y explicaron el porqué de su elección: que si hay que defender el trabajo de los franceses en relación al de los europeos, que si la ecología, que si los trenes ya no sirven como antes, y otras cosas. Dos de ellos escogieron la misma idea, una imagen de la Acrópolis en Atenas, que porque allá nació Europa. (Se sintió mucho el “¡Traemos el mismo vestido, noooooo!”)  Luego hubo una pregunta, de parte del periodista Pujadas,- tiene suerte de no vivir en un país hispanófono, ya sé-, que es así como el mero mero de los periodistas aquí. Intervinieron luego otros dos especialistas de la pregunta bajo tortura y al final, cada candidato presentó a un personaje real o ficticio explicando porque ese carácter representa la Europa que quieren construir.

Se podían interrumpir unos a otros, era todo una conversación, no un monólogo. Organizada, pero conversación. Hubo algunas subidas de tono, pero nada fuera de lo ordinario.

Uno de ellos dijo, textual, que no podía contestar las preguntas porque su opinión no contaría si fuera elegido. Que porque siempre pediría la opinión de aquellos a quienes representa. Ya lo imagino deteniendo el voto en la Asamblea Europea en lo que llama a cada uno de los franceses pa’ver qué quieren…

Estaban sentados en círculo, los unos frente a los otros, muy muy cerca. Y cada uno veía en un tablero el tiempo que corría, impartido y repartido. Un equipo de periodistas, detrás de las cámaras, cotejaba las afirmaciones de cada uno, y si había algún error, se les volvía a preguntar. Claro que no les importó mucho, o por lo menos eso decían: Mais ce n’est pas la question, les chiffres, ce n’est pas important. Es decir que el punto no es saber si las cifras están bien, eso es lo de menos. La verdad no recuerdo si alguno dijo exactamente esas palabras y en ese orden, pero eso entendí yo: No importa si me invento dos o tres cosas. Porque ninguno defendió sus cifras. Sencillamente, no importaba.

Claro que uno que otro contestó a las preguntas de manera evasiva, ¿Qué piensa usted de la leche malteada? Las  respuestas podían ser onda “El color de los chivos se tiene que controlar” o “Claro, pienso que mi vecino de la derecha está muy a la izquierda”. Aunque se les repitiera la pregunta, los chivos y los lugares seguían siendo prioritarios en su discurso. Y yo seguía pensando en las famosas habas cociéndose en todos lados, no se fueran a quemar.

Lo que sí retengo, y me parece fuerte, es que la mayoría de los que hablaron, quieren o cambiarlo todo poniendo a Francia por delante de los demás países, o no ser parte de la Comunidad Europea. Casi casi Brexit, pero en francés: Fransortie.

Y así…

Vi dos corrientes fuertes y dentro de cada una de ellas, dos puntos de vista muy diferentes.

Están los que discuten si es bueno estar en la Comunidad Europea o no. Ellos hablaron de migración, uno enseñó una foto de una parada de autobús en París y se ve, literal se ve, que nadie es francés, y que ninguno es turista. Otro habló de la conveniencia económica en cuanto a aranceles se trata, por ejemplo. Hablaron de cómo los sueldos, a trabajo igual, no son los mismos aquí que en Polonia, y de cómo las industrias francesas se van a otros países sin más problema, pues siguen en Europa. Esto último era, extrañamente para quien no sabe de habas, argumento de los dos bandos.

La otra corriente, diferente sin ser opuesta, -vaya que así sería fácil elegir, pero todos andan en tonalidades distintas del mismo color-, la otra corriente pues es la que opone ecología a economía. Unos hablan de salvar al mundo y otros de salvar la economía. Lo cual parece ser diametralmente opuesto si creemos todo lo que dicen.

 

Todo muy de acuerdo a lo que he vivido estos meses aquí:

Esa onda de que no se compran verduras o frutas que vengan de otro país, que porque el transporte contamina,- ecología- y porque hay que comprar productos locales,- economía, ecología.

La otra del autobús, ¿recuerdas?, árabes, judíos, musulmanes, franceses, mi hija y yo, todos sentados juntos, vigilándonos unos a otros y nadie hablando en francés, más que el conductor que supervisa que nadie entre sin pagar su cuota. Fronteras invisibles, cohabitación falsa, integración inexistente, autoridad custodiando.

La de Aquí todo cierra de 12H30 a 14H00 y no nos importa quién necesite comprar jabón o tampones,  lo cual asocio a lo de que las reglas que se apliquen tienen que ser francesas, no ajenas: Todos debemos comer a esa hora, y nadie puede trabajar los domingos, está prohibido porque el descanso es sagrado, y la convivencia familiar es sagrada, y no, aunque seas tu propio dueño, no puedes trabajar cuando no es hora de hacerlo.

Las normas, las recochinas normas que no me dejan poner las ventanas que yo quiero sin pedir permiso, que no me dejan usar la lijadora eléctrica a la hora de la comida o en domingo, que impiden que compre pepinos disparejos. Durante el debate las sentí en cada palabra, aun en las del cuate que dijo que no sabría que hacer hasta que su base se lo indicara.

Lo del origen de los productos. Sí, entiendo que es bueno saber si los diamantes que compras cada sábado están libres de sangre, importante saber si la gallina del caldo vivió en una granja al aire libre o amontonada sobre sus congéneres y fue luego asesinada sin preámbulos. Pero se pasan, es más que información, es, siento yo, un inmenso No compres lo que no es producido aquí, No No No.

Y la onda suprema de escribir leyes. Todo es ley, el tamaño de las calles, el relleno del pavimento, las piedritas del acotamiento de tamaños permitidos o no, los colores también. El tamaño de las boyas de los barcos, la calidad de la pintura que  se puede usar, el gramaje del papel de los cuadernos, ¡la forma de las plumas, ¡¡la tinta que se usa, ¡¡¡la goma que, que, que!!!

Las leyes mismas tienen sub-leyes que a su vez se convierten en muñequitas rusas. Miles de funcionarios buscando a ver qué se inventan para justificar su trabajo. Eso siento yo, eso vivo yo, eso me ahoga a mí, aquí, y luego allá.

 

Llegaron la semana pasada a casa de los electores unos sobres, muy gruesos. En ellos, folletos de los candidatos, todos, que mira que son 79, con 34 listas, 34 maneras de pensar diferentes, dicen, y por ende 34 posibles partidos políticos, entiendo yo. Hay un partido animalista, hazme el favor, dedicado por entero a mejorar la vida de los animales, muy loable la causa, pero… ¿Y los animales de dos patas y celular? ¿Esos qué?

Decidir está en chino, bueno, en francés.

Tal vez hayan hecho los que votaron ayer lo que muchos hacemos, votar en contra de una idea en lugar de a favor de un proyecto.

O tal vez no hayan salido a votar, como otros tantos de nosotros hacemos.

 

Miau, guau, gorgorgor…

Animales votando, supongo. Porque han de ser como yo, el programa de los animalistas está antojable. Si lo juntamos con los ecologistas. Y los Euroescépticos, y los Insumisos, los Claro, los Inocentes, los Piratas, los de Chaleco Amarillo, los del Himno, los de la Defensa, los Neutros, los del Esperanto, los Olvidados y así…

Te juro que los nombres de cada facción están iguales de chistosos que sus debates… Igualitos.

Algunos ya renunciaron, entre ellos el de Cannabis sin fronteras. Esos han de estar a favor de la Comunidad, digo yo, abatamos fronteras.

 

Y todo esto, es en serio.

En serio.

Bretaña francesa. Mayo de 2019.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de interiores: Valérie Simon Castrejón.






Luis López




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1 Comentario

el 27/05/2019

Yo fui a votar al Consulado ,por primera vez me sentí confusa entre tantos papeles,que complicado fue para mí escojer. Un partido !!!



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