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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 10 de junio de 2019
El racismo es cuando no cuenta. Cuando ellos no cuentan. Cuando se puede hacer cualquier cosa con ellos, no cuenta, porque no son como nosotros. ¿Entiendes? No son de los nuestros. Los podemos usar sin decrecer. No perdemos la dignidad, el honor. Son tan diferentes de nosotros que no hay por qué molestarse, no puede haber… No puede haber juicio, eso. Los podemos poner a hacer cualquier tarea porque de todas maneras, el juicio que tienen sobre nosotros no existe, no nos puede ensuciar… Eso es el racismo.
– Romain Gary
Hace tiempo que no te platico de lo que como.
¿Será que ya me acostumbré? ¿O que como menos…?
Para empezar la Nutella que me zampaba diario ya no la digiero. Tons, definitivamente, le bajé a la dosis de aceite de palma, no te preocupes.
Luego, pues el paté que compro sigue siendo el mismo, el pan, la mantequilla…
Aunque descubrí en un puesto del mercado de los viernes una mantequilla muy rica, hecha en la granja de la señora que atiende: leche luego crema muy batida hasta que el suerito se escape, y sal, una delicia.
Y sí, me comí, lentamente, placer gozoso, con redundancia y todo, un merengue de chocolate.
El merengue en sí es blanco, dos cúpulas, media pelota de tenis cada una, unidas por una crema de chocolate, cubiertas luego de crema de praliné y rociadas de chocolate granulado.
Lo más gozoso, si es que se le puede poner grados al gozo total, fue la reflexión intelectual que me invadió.
Porque ese pastelillo lo conozco desde niña, ha sido de mis preferidos siempre.
Y resulta que le cambiaron el nombre.
Aunque en general los Negros tengan poco intelecto, no carecen de sentimiento
– Diderot (Enciclopedia, 1772)
Ya no es Tête de nègre, es Meringue au chocolat.
La “Cabeza de negro” en la que plantaba mi cuchara desapareció, se había vuelto políticamente incorrecta.
Mira que aquí la palabra Nègre es muy fuerte, se refiere exclusivamente y peyorativamente a cualquier persona que haya sido «importada» de África en los tiempos en que ese comercio era legal, normal, deseado, y a lo que se les pueda imputar, ya sea directamente, o comparando a un Blanco con ellos: Hablar petit- nègre en alusión al acento que tenían al llegar a Francia, -tan amistoso el país-, ser un Negro blanco, refiriéndose a cualquier cosa de origen dudoso, y así, cosas lindas. Podría, esa palabra, ponerse en el mismo estante que el Nigger gringo.
Hay otra palabra hoy para hablar de los de piel negra, que es noirs, negros. Obvio que aquí no son afro-americanos, no estamos en América.
Igual que ya no se dice ciego, sordo, paralizado, gordo, feo, flaco… No sé cómo se tenga que decir un día musulmán, gitano, judío, todos de historia pesada en Francia por más que nos hagamos los locos, alienados, chiflados o lunáticos. Aquí a los latinos, les dicen latinos, sin tratar de saber si son de México o de la Patagonia. Tal vez sea más lindo no investigar y entonces sea políticamente más correcto.
Los Blancos son superiores a esos negros, así como los negros lo son a los simios, y como los simios lo son a las ostras.
– Voltaire (Tratado de metafísica)

El caso es que mi pastelillo sí parece Cabeza de negro, por los cosillos de chocolate. Sin afro. Y sin decirlo. Tápenme la boca… y las ideas.
El caso es que los congoleses, otro pastelillo, ya no se llaman así. Sin saber yo de hecho, porque se llamaban así.
Y se supone que con ese cambio de vocabulario, está todo bien.
Porque en Francia no hay racismo. Dicen. Quieren.
O ignoran.
El sábado fui a la playa, con amigos. 30 grados sobre la arena hirviendo, 14 en el agua. Me metí, nadé medio minuto y salí. Mi amiga Carla, mexicana importada a Bretaña, me esperaba. Íbamos bien sexis las dos en calzones, uno negro y otro rosa, porque no había traje de baño, y playeras, ella color bistec de asador y yo color camarón hervido… Y bien felices, juntas bajo el sol. De repente, un perro, sentado con sus dos humanos, empezó a gruñir y a ladrar agresivamente. La mujer, color pollo crudo, le dijo al hombre, así, en buena onda: “Es que no son francesas”.
¡Güüüeeeyyyy! ¡¡¡¡¿O sea?!!!!
¿Perro entrenado cual Pastor Alemán hijo de nazis?
Total que como siempre, cuando lo que pasa es demasiado fuerte, se me fueron las palabras y me limité a hablarle bonito al perro, “Qué pasó gordo, no me ladres”, y eso. Claro que… en francés.
Y la mujer, que seguía siendo color pollo crudo, le dijo al hombre, – no a nosotras, a él-,: “Pues es que con esa piel morena”.
Claro, pobre no sabía…
¿No sabía que estaba siendo racista? ¿O nomás se hacía…?
Tanto hablar, tanto cambiar palabras, tanto hacer como que sí hemos crecido… y mira, la naturaleza sale a flote.
La evolución sólo ha sido lingüística.
Porque defenderse del extraño a la tribu es visceral.
Pensar, analizar y escoger palabras es humano.
Lo que cambia es el objeto de nuestro racismo, su límite, su expresión.
Piensa en como hablas, eso refleja como piensas. Y moldea tu ser.
Escoge quién eres, escoge en conciencia.
No se trata de tolerancia. Eso implica, siempre lo he pensado, cierta arrogancia de parte del que tolera y que no se da cuenta de que él también lo es, tolerado.
No se trata de aceptación, seguiríamos en lo de la arrogancia e ignorancia.
Se trata de reconocer diferencias, y de dar a la situación un tinte positivo.
Y normal.
¿Rasgo sobre-humano? Digo, por lo que veo y siento y soy…
Se fue como las chachas y ha de andar de pata rajada por la calle. Y seguro buscando a alguna güerita para embaucarla y venderle sus mugrosos bordados.
– Yo mera, en un arranque de ira (2019)
Pero, como ya te expliqué, cuando la situación es demasiado fuerte, se me van las palabras…
Te hablé de Francia y de negros. Faltaron los musulmanes, los argelinos, los españoles y más. Faltó México, en el que el racismo lo vivimos entre nosotros, pregúntale a un oaxaqueño, un chiapaneco qué siente al llegar a la CdMx… A un totonaco, pregúntale qué siente al oír que su nombre es usado como insulto.
O no preguntes, que la ignorancia sirve de excusa para cualquier monstruosidad.
La historia siempre es otra manera de ver el presente. Claro el mundo de hoy es radicalmente diferente al de los años 30, sin embargo las coordenadas se parecen. Asistimos a una subida de la autoridad, del racismo pero también a un fuerte control de la finanza, a una agravación de las desigualdades.
– Eric Vuillard, (Entrevista en Le Figaro, 2017)
Aquí, en las elecciones europeas ganó la derecha, la extrema y la otra. En tiempos de globalización y de migración generalizada ganaron el nacionalismo, la xenofobia y el racismo. Y aunque esta semana se conmemoren los 75 años del Desembarco de las Fuerzas Aliadas en Normandía que llevó al final de una guerra que Francia no ganó, Europa tiene Alzheimer.
En México, oigo que se acusa a los científicos de abusar del sistema, de vivir con privilegios, oigo que se acusa a los que tienen dinero, trabajado o no, de ser lacras, ladrones y corruptos, oigo que se acusa a los seguidores de López Obrador de ser ignorantes, a los pobres de ser aprovechados, ladrones también, montando así letreros gigantes sobre grupos de personas. Sólo faltan las estrellas amarillas, digo, pienso, lloro.
Trump, Trump usando amenazas económicas para regentar problemas sociales con México, insultando a los ingleses que lo reciben en su país. Guo Weimin estableciendo una lista de empresas no confiables en los USA. ¿Esto es de todos contra todos?
Racismo: Cuando no contamos…
Bretaña francesa. Junio de 2019.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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