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Óscar Olivera: cómo ganar batallas al sistema neoliberal

Sociedad Estado / Top News / 19/08/2014

Confesiones de un luchador social. Parte I

Emma Aguado / SomosMass99

Acámbaro, Gto. / 19 de agosto de 2014

Pensar en Óscar Olivera también es imaginar la cabellera de su madre, tan larga y bella como una cascada que hacía falta subir a una mesa para poder peinarla, esa cabellera que un día sin más desapareció a cambio de un poco de comida para mitigar el hambre de sus hijos.

Pensar en Óscar es imaginarlo de muy niño en aquella carnicería donde trabajaba antes de la escuela, cortando diariamente cien kilos de carne para hacer empanadas con un cuchillo mucho más grande que él mismo y apenas sostenido por sus dos pequeñas manitas.

Pensar en él es saberlo triste, destrozado, porque la vida le dio el destino de ser testigo del asesinato de su mejor amigo cuando tenía apenas nueve años, una muerte de esas que no debieron ser, de esas que fueron resultado de los golpes militares en aquellos años difíciles de Bolivia, en una de las calles de Cochabamba, lugar donde Óscar ha desarrollado la mayor parte de sus luchas.

OSCAR-OLIVERA-GUERRA-DE-AGUA-(4)En el año 2000 durante la llamada Guerra del Agua cuando ya tenía 45 años vería morir a otro niño curiosamente en el mismo sitio que su amigo años atrás a manos de otro militar, ambos acontecimientos le dejaron marcado por el resto de su vida.

A pesar de que Olivera no se considera un líder porque es un convencido de que las luchas sociales deben ser horizontales, es una de las caras más visibles de la Guerra por el Agua en Bolivia iniciada justamente en Cochabamba, la tercera ciudad más importante de Bolivia y allí en esa zona bendita por la naturaleza y en donde se asentaron los indígenas quechuas hace cientos de años, se dio una de las batallas más importantes de la historia reciente, algunos incluso dicen que fue tan importante que Bolivia no ha sido la misma desde entonces.

Óscar empezó a tomar conciencia de la necesidad de organizar a la sociedad para evitar los abusos de los poderosos desde muy joven, no sólo por las enseñanzas que obtuvo de su propia familia en donde aprendió los alcances de la generosidad del alma humana sino también en sus encuentros con Gandhi, Marx,  Lenin y Máximo Gorki durante sus horas intensas de lectura. A los 16 años inició con la formación de un sindicato en la fábrica donde trabajaba, razón por la cual fue echado, “entonces me preguntaba por qué los patrones tienen tanto miedo a la organización social”.

Estrategias de la organización social

Eran los primeros días transcurridos del nuevo siglo y un grupo de gente en Cochabamba fue sorprendida con la noticia de que  había un  contrato secreto entre el gobierno y el consorcio Aguas de Tunari para abastecer el servicio de agua potable en la región, lo que traería consecuencias nefastas para la población. Poco a poco se dieron cuenta que desde 1996, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo condicionaron créditos a Bolivia a cambio de privatizar las empresas municipales de distribución de agua.

De acuerdo a datos proporcionados por Mónica Vargas una ambientalista boliviana, en Cochabamba se adjudicó la concesión a Aguas del Tunari, propiedad en 55 por ciento de International Water Ltd. (Bechtel y Edison) y en 25 por ciento de Abengoa, SA. La empresa entonces podía realizar de manera exclusiva el almacenamiento, distribución y comercialización del agua potable desde las plantas de tratamiento o los pozos de agua hasta los usuarios. El contrato generó un incremento en tarifas de agua del 35 hasta el 100 por ciento de aumento. “Nos tocó vivir un momento muy complicado, nos reunimos 5 personas para ver qué hacíamos y cómo podíamos informar a la gente de lo que estaba pasando y de las consecuencias, porque veíamos que los medios de comunicación estaban a favor del proceso de privatización del agua”.

La estrategia que se plantearon en ese entonces los iniciadores de la Guerra por el Agua fue sorprendentemente tomar como primer paso la actitud que tienen los niños y las niñas para afrontar las cosas: la alegría. A partir de ahí comenzó un arduo proceso de información para lo cual utilizaron como símbolo la bandera boliviana,  “la gente en los barrios y en las comunidades decía por qué has colocado una bandera si no es día festivo, pero ahí informábamos a la gente, les decíamos: se ha privatizado el agua y las consecuencias serán malas para familias, animales y plantas”. Cuando el movimiento empezó a crecer se pidió a la gente que acudiera a las plazas con sus recibos de la empresa trasnacional y se quemaban en grandes fogatas.

La organización social dio resultados, la estrategia echó mano de los símbolos y las palabras  que lograron la identificación de los diferentes grupos que acudían a tomar la ciudad de Cochabamba pese a los embates del gobierno que intentaba a toda costa desprestigiar el movimiento.

OSCAR-OLIVERA-GUERRA-DE-AGUA-(3)“Nosotros decíamos vamos a tomar la ciudad de manera pacífica porque somos dueños de este territorio. Decíamos vamos a tomar las manos del campesino que viene a la ciudad para expresar solidaridad, decíamos vamos a tomar la palabra en Cochabamba porque mucho tiempo nos hemos quedado silenciados. Teníamos un lenguaje lúdico, usábamos palabras con las que jugábamos como la guerra, la toma, la batalla, pero el gobierno nos mandaba el ejército, mientras nosotros apelábamos a la solidaridad y al respeto, y al final ganamos esta guerra por el agua.  Y lo hicimos con esas armas”.

Cuando se le pregunta a Óscar cuál es el secreto para organizar a tanta, tantísima gente que no puede en primer lugar echar mano de estrategias de organización social como las asambleas porque eso sería una locura, comenta que en esos tiempos los bolivianos decidieron tomar las radios y los canales de televisión de manera pacífica, por eso no era raro ver al comentarista más famoso de Bolivia flanqueado en cuadro por un ciudadano o ciudadana que informaba a la gente de lo que ocurría, del mismo modo que en las radios los locutores de moda eran suplantados por gente común que hacía llegar el mensaje a la población.

Pero lo que dio mayor fuerza al movimiento fue irónicamente el mismo gobierno contra el que combatían. Las acusaciones de las autoridades que aseguraban en cadena nacional que la batalla contra la privatización del agua estaba comandada por narcotraficantes y que no rebasaban las 50 personas hicieron que la población recobrara nuevos bríos porque podían contrastar las mentiras con la realidad que ellos y ellas mismas estaban viviendo.

Una de las fortalezas fue sin duda la ausencia de líderes, cuenta Óscar: “el movimiento fue muy horizontal, nosotros éramos sólo los representantes, se rendían cuentas en la plaza central y si la gente no estaba de acuerdo te chiflaba. Todo el mundo incluso creía que La Coordinadora del Agua era una mujer, se preguntaban en qué momento esa mujer va a dar la cara. En algún momento de la lucha encontramos refugio en un convento de religiosas, se acercaron y preguntaron ¿y qué es de “la coordinadora”? Y les dijimos que la coordinadora no era una persona, que no existía, que La Coordinadora éramos todos y todas, entonces ellas dijeron ¿entonces qué hemos hecho todas estas noches orando por esa mujer tan valiente? Cuando el gobierno nos tomó presos a los voceros más visibles, había medio millón libres”.

 El significado de la victoria: la transgresión de un sistema político de despojo

 

OSCAR-OLIVERA-GUERRA-DE-AGUA-(1)Óscar Olivera hoy anda rondando los cincuenta años, un poco más un poco menos, pero tiene un alma joven y generosa que lo ha llevado a contar su experiencia de lucha en muchos países, uno de ellos el nuestro. Es juguetón y a pesar de su aspecto serio y a veces introvertido, es alegre, certero y sobre todo sensible.

“Después de todos esos años, lo que hicimos no sólo fue recuperar el agua para uso común sino romper con un modelo económico de despojo material y espiritual, rompimos con un modelo político de autoritarismo, ese que dice que son ellos, los de arriba los que deciden y no nosotros”.

Para Óscar otra de las ganancias de esta guerra por el agua contra las trasnacionales aliadas con los gobiernos fue la recuperación de la palabra lo que hizo posible que la gente perdiera el miedo, “para perderlo es necesario tener conocimiento de lo que pasa, de lo que nos va a pasar, de lo que nos pasó, recuperar nuestra memoria histórica, poner delante de nosotros como un espejo y ver a nuestros abuelos y abuelas y preguntarles cómo le hacemos ahora. El mejor referente de un movimiento social es el que escucha a la gente”.

Por eso está convencido de que los y las periodistas deben fungir el papel de aquellos que a través de recuperar la palabra, de informar a la gente, pueden ayudar a perder el miedo a la sociedad, de esa forma se pueden ganar muchas batallas sin olvidarse jamás de que una de las motivaciones para la lucha es recuperar la alegría de la infancia, para que nunca más un niño vuelva a ser asesinado.






Luis López




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