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Por la reapropiación social de lo público

Sociedad Estado / Top News / 20/08/2014

La lucha por el agua en un pueblo andino. Parte II

Emma Aguado / SomosMass99

Acámbaro, Gto. / 19 de agosto de 2014

gagua-foto-especial-FinalActualmente Óscar Olivera vive en la hermosa ciudad de Cochabamba. Luego de haber sido una de las caras más visible de La Guerra del Agua en Bolivia en el año 2000, regresó a luchar por su familia pero también por los niños y niñas bolivianos, hoy se levanta muy temprano para trabajar en una escuela rural, lugar en donde han construido huertos escolares y en donde según sus propias palabras sigue poniendo cercos al despojo, al autoritarismo. En cada semilla y en cada sonrisa de un niño, Óscar ve recomponerse la relación armónica con la naturaleza. Y ante el embate cada vez más evidente de las trasnacionales en los países de menor desarrollo en el mundo como México, Olivera reflexiona sobre un concepto clave que él mismo vio desarrollarse en los puntos más álgidos de la batalla por el agua en la que él participó tan comprometidamente: la reapropiación social de lo público a partir de hacer una reflexión del término autogestión. Recientemente Somosmass 99 pudo conversar con él hasta Cochabamba y el líder social compartió sus reflexiones sobre lo que sucede actualmente con el sistema neoliberal en contraste con los aprendizajes de nuestros ancestros indígenas y primeros pobladores de estos territorios que hemos ido dejando a un lado.

  ¿Qué significa para la lucha por el agua en Bolivia la autogestión?

Óscar Olivera: El tema de la autogestión es un tema que abarca la posibilidad que tiene la gente organizada de poder encargarse de algo que es un bien común de la manera más justa, más equitativa, y en este caso el agua es de todos  y todas. Puede que los trabajadores de una fábrica como ocurre en Tesalónica en Grecia opten por ocupar la fábrica y hacerlo un bien colectivo. En el caso del agua, cuando recuperamos en Bolivia la empresa pública que fue privatizada y entregada a un conjunto de trasnacionales, ya hablábamos de autogestión durante el último día del conflicto aquí en Cochabamba, el gobierno propuso devolver la empresa privatizada al municipio, y la gente no quiso, porque fue el mismo municipio el que impulsó el proceso de privatización. Entonces ahí salió lo que yo creo que es una discusión en el mundo pero con otro término que es remunicipalización, porque se está hablando de ello particularmente en Europa. Es decir, nosotros en 2000 fuimos más allá de una simple nacionalización, no quisimos que la operación del agua volviera al municipio, sino que volviera al pueblo, ahí es donde se pone sobre la mesa ese término muy interesante que hay que discutir en el mundo, (sobre todo en México donde hay un proceso muy grave de privatización y también en Bolivia donde coexisten empresas privadas que gestionan el agua, existen empresas públicas). El término a discusión es “reapropiación social de lo público”, para mí es el punto fundamental de una discusión que hoy tiene plena vigencia, es decir qué significa una disputa por la propiedad jurídica de una empresa cuando la empresa del Estado ahora transfiere su propiedad jurídica al pueblo organizado, (para que sea el pueblo el que defina los planes, las tarifas, los objetivos de la empresa) porque es un bien común en el caso del agua tiene que ver con su nacimiento en cuencas, quebradas, ríos, aguas subterráneas que tienen que ver con la naturaleza y que finalmente llegan a domicilios y piletas públicas. El término de reapropiación social hay que entenderlo así, no puede ser sometido a intereses de una empresa sino al del bien común que hoy está en manos de trasnacionales o del estado, que en el fondo es lo mismo, quitando a la gente el poder para que intervenga en un asunto público.

Seguimos hablando de agua como bien común, ¿Cuáles son las repercusiones de que los bienes estratégicos estén en manos de extranjeros?, ¿por qué es bueno plantear un escenario en donde estos bienes sean administrados por la propia sociedad, ya ni siquiera por el estado?

gagua-foto-el-ciudadano-1FinalÓscar Olivera: Los efectos de una privatización son totalmente nefastos, para empezar el único criterio que tiene un inversionista es el lucro, la ganancia, esa es su perspectiva, no le interesa que el agua llegue a comunidades, a barrios periféricos, no le interesa traer calidad de agua, no le interesa que sus trabajadores adquieran derechos, al considerar una mercancía el agua tiene una actitud abaratar costos para obtener ganancias. Es un tema de visión, aquí en Bolivia la visión de las comunidades indígenas, campesinas y barrios populares donde la gestión es comunitaria el agua no es vista como mercancía y justamente esa es una de las raíces de La Guerra por el Agua. Muchos dirán estos son soñadores pero aquí el agua es un ser vivo, así es la visión andina es un regalo generoso de la madre tierra, de la Pacha Mama. Aquí nadie es dueño del agua ni nadie puede atribuirse la propiedad de ella, menos una trasnacional. Inclusive en el propio lenguaje originario no existe “mi agua”, y más allá todavía, eso del derecho humano al agua no coincide con la visión andina porque cuando hablamos de un derecho hablamos de una especie de prelación del ser humano con el resto de los seres vivos y de la tierra misma y eso no es así. Por eso aquí en Bolivia la defensa del agua es una defensa a muerte porque se defiende la vida. En segundo lugar, cuando hablamos de privatizaciones hablamos de que es el monopolio el que toma las decisiones en un determinado territorio: cuando se privatiza el agua se les da a la trasnacionales un territorio en concesión para que la empresa privada haga lo que quiera en función de lucro, por ejemplo retira redes en donde no le da resultado sin importarle la gente, eso pasó en Bolivia. Las empresas privadas no interactúan con la gente, y al ser un territorio entregado, en Cochabamba ocurrió, sólo las empresas pueden prestar servicios, las cooperativas, los comités de agua, todo eso desaparece. Se explotan recursos, se vulneran derechos, se penaliza el proceso organizativo adentro de las empresas que contratan gente con bajos salarios, sin derechos.

¿Cómo negocia el gobierno con las empresas privadas que explotan el bien común como el agua?

Óscar Olivera: El estado suele liberar de toda deuda pública a la empresa trasnacional que hubiera adquirido anteriormente el gobierno, es decir el estado se subroga esa deuda y además le garantiza a la empresa ganar una utilidad anual mínima, si no logran los porcentajes de utilidades acordados, como en Bolivia era el 16 % por el agua, es el pueblo el que debe pagarle a los extranjeros y esos acuerdos suelen ser secretos. En Cochabamba por ejemplo no había una cláusula de rompimiento de contrato con las extranjeras norteamericanas, tuvimos que improvisar una figura laboral demostrando que había cientos de personas en la plaza principal queriendo que saliera esa trasnacional, entonces la respuesta que se dio era que como los funcionarios de alto nivel de la empresa no habían ido a trabajar por ocho días (que fue el tiempo que duró el conflicto de La Guerra por el Agua en abril del 2000), y como la ley en Bolivia dice que una persona que no va seis días a trabajar de manera continua pierde el empleo, orillamos a la empresa a romper el contrato con una figura fuera de lugar, pero no tuvimos otra alternativa.

¿Qué significa el territorio común?

Óscar Olivera: Aquí las comunidades tienen otra visión al del desarrollo impuesto por grandes grupos de trasnacionales que buscan llevarse las ganancias a ciertos lugares como a China, el Estado les entrega títulos de concesión y despojan a los pueblos de sus regiones. Por eso las comunidades son las que están defendiendo su territorio y eso pasa en todos los países de Sudamérica, incluso en México. Cuando hay un proceso de concesión, esa palabra hay que acuñarla bien, cuando se da un territorio a las trasnacionales quiere decir que son propietarias de todo, y con todo quiere decir ríos, árboles, minerales, animales, todo lo que hay alrededor, por eso hacen exploraciones previas (para conocer todo de lo que podrán disponer). La gente de nuestros pueblos en cambio no defiende el mineral como tal, defiende su cultura, una visión de la naturaleza, un territorio como un espacio político, cultural, organizativo. La concepción de territorio también hay que ponerla en discusión, porque va más allá de un lugar donde hay recursos, es un lugar donde hay relaciones armoniosas con la naturaleza, donde se construyen valores.

Los políticos dicen que el pueblo no es capaz de administrar sus recursos, por eso los entrega a trasnacionales o los administra él mismo. ¿Qué opinión tienes al respecto con la experiencia de Bolivia en la Guerra por el Agua?

gagua-foto-el-ciudadanoFinalÓscar Olivera: Eso siempre han dicho todos los políticos y técnicos que trabajan para el modelo (neoliberal). Pero no tiene que ser así, en mi país el 66 por ciento de bolivianos, es decir las dos terceras partes de la población se abastece del agua por medio de los sistemas comunitarios, son ellos los que dan agua para consumo humano y riego, y el resto se encargan las empresas municipales. ¿Cómo funcionan si el estado no ha intervenido ni técnica ni financieramente? Es la comunidad la que lo ha hecho posible en base a sus usos y costumbres. Aquí no se usa el término de dinero por ejemplo para establecer el costo del agua, se establece a través de trabajo comunitario. Cuando hay que comprar una bomba la gente habla de cuotas por usuario, es otro el saber que se ha ido adquiriendo con la experiencia. En Bolivia conformamos La Mesa Técnica Social del Agua, en donde participan técnicos comprometidos con las comunidades que han adquirido los conocimientos y la sabiduría en la propia comunidad y con el tiempo, que se complementaba con los técnicos venidos de las universidades, ello porque nosotros consideramos que no podemos ignorar que hay técnicas que pueden ayudar a las comunidades y viceversa, eso hay que complementarlo. Yo siempre cuento una experiencia de años atrás cuando se discutía el diámetro de un tubo que iban a transportar las aguas en un barrio y un técnico de Cambridge había decidido que debía ser de cuatro pulgadas. Pero una abuelita de 70 años le empezó a decir en asamblea comunitaria que era demasiado pequeña, que debería ser de seis pulgadas, él le habló de cosas técnicas hasta que ella le preguntó a cuántas personas estaba considerando que ese tubo iba a abastecer por familia, él dijo 5, y ella le respondió que ella vivía con sus nietos porque sus hijos se habían ido a España a trabajar y en esa situación estaban la mayoría de las casas del barrio, entonces la realidad del barrio no es la que reflejaba el técnico, esa está en el saber de la gente.  Ellos consideran sus planes desde el escritorio y uno adquiere la práctica concreta en la realidad, uno y otro se complementan.

  ¿Qué queda entonces para el Estado cuando hablamos de administrar los bienes que son de uso común como el agua?

Óscar Olivera: Aquí no queda más que una cogestión, se tiene que cambiar el concepto para trabajar de manera pública social, un vínculo que aporte la empresa pública que sostenga estos sistemas comunitarios pero que aprenda de la práctica comunidad. Es un camino que va más hacia una concepción de Izquierda: de abajo, como dicen los zapatistas, tiene que haber una real apropiación social de los bienes comunes porque de lo contrario la gestión va a seguir siendo privada, ya sea por inversionistas o por políticos y técnicos.






Luis López




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1 Comentario

el 20/08/2014

Me parece que el artículo refleja lo expresado en la entrevista, aunque en lo referente a la disputa de la propiedad de lo público estatal, con la gente.

Deseo hacer énfasis en que esa NO ES LA DISPUTA, es lo que menos nos interesa disputarle al Estado, a los políticos-partidos, lo que nos interesa es la disputar en la gestión, re-apropianos de la capacidad de decidir en algo que nos afecta directamente, como en el caso del agua, es decir recuperar lo político y la política para la gente.

Gracias Emma..



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