Contar historias
Raúl Muñiz Torres
Es sintomático: apenas son las seis de la mañana de cualquier día y encender la radio, la televisión o el dispositivo móvil para escuchar o leer las noticias mientras manejamos rumbo al trabajo, mientras nos preparamos para salir a dejar a los niños a la escuela o para hacer ejercicio, lo primero que nuestro oídos captan, nuestros ojos ven, es la sangre de los muertos que cayeron víctimas del crimen organizado.
Las noticias en torno a los temas de violencia se prolongan por muchos, demasiados minutos, pero no terminan con el noticiero de las seis de la mañana; se replican en los programas del mediodía y a esa hora, ya hay nuevos hechos de sangre. Por la noche, se machaca la misma historia contada desde temprano y a la par se suman los nuevos acontecimientos sangrientos.
Al día siguiente, será la misma historia: mañana, tarde y noche.
Durante los años 50 y 60 del siglo pasado, la nota roja de los diarios, era una sección más bien anecdótica. Los hechos se limitaban a hacer la crónica del atropellado del día, el pleito entre vecinas, las rencillas del borrachín de la cuadra, el choque entre autos y de manera excepcional, se contaba la historia de un gran crimen que podía obedecer a varias causas pero no se contemplaban como consecuencia de lo que hoy conocemos como delincuencia organizada.
Al paso de las décadas, el tono de dicha sección en los diarios se mantuvo más o menos igual, pero el progreso, que termina siendo un término muy debatible, el aumento de la población, el desbordado crecimiento de las ciudades, el abandono del campo, el encarecimiento de la vida, el aumento de la pobreza y la ausencia de estándares dignos de educación, provocó el envilecimiento y la degradación de una sociedad que hoy se debate entre el recuerdo de tiempos en donde salir a la calle era un asunto de disfrute, y la posibilidad en la actualidad, de no saber si al salir de casa, habremos de volver sanos, íntegros.
Por todo ello, se vuelve imperante que los medios de comunicación se acerquen más a conocer las historias particulares de la gente, esas historias que hablan sí, de problemas y dolor, pero también aquellas historias de éxito que vienen desde abajo.
Por eso es importante que conozcamos a fondo, cómo es que hay mujeres que luchan todos los días porque sus derechos sean reconocidos, historias de luchadores sociales que han hecho de la promoción de los derechos humanos, una misión de vida.
Por eso se vuelve urgente, que los medios de comunicación vuelvan sus letras, sus audios y sus imágenes, hacia la historia de los artistas, de los escritores, de los educadores, de las organizaciones que encuentran en sus respectivas actividades, un mundo más amable y menos violento.
Por todo ello, en SomosMass99 hemos establecido un compromiso para acercarnos más a la sociedad. Ya lo había apuntado Agustín Galo Samario, en su columna en días pasados:
“Si bien somos un medio de comunicación que acaba de nacer, desde este momento tenemos la certeza de que el camino que emprendemos debe ir acompañado de la sociedad. Por eso nos hemos comprometido a hacer periodismo desde lo hiperlocal. En eso nos empeñaremos, en ir en busca de las historias que tejen día a día las personas en las grandes ciudades, los pueblos y los campos”.
Ese es el oficio de contar historias, el arte de entender a los demás.
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