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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / 20/08/2014

Propiedad privada

 

Agustín Galo Samario

 

El Partido de la Revolución Democrática nació hace ya un cuarto de siglo, luego de las cuestionadas elecciones de 1988 en que el priista Carlos Salinas de Gortari le arrebató la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El hijo del general Lázaro Cárdenas había sido postulado por el Frente Democrático Nacional, que pudo contender en aquellos comicios gracias a la fuerza que le dieron las organizaciones políticas que lo conformaron (los partidos Socialista Unificado de México, Mexicano de los Trabajadores, Socialista de los Trabajadores, Patriótico  Revolucionario, Movimiento Revolucionario del Pueblo y el Partido Mexicano Socialista) y, particularmente, el otro ingeniero, Heberto Castillo, quien cedió su candidatura y el registro de su partido, el Mexicano Socialista, para que la izquierda  en su conjunto pudiera enfrentar al viejo PRI.

El triunfo priista, obtenido oscuramente con la caída del sistema la noche misma de los comicios, puso al país entero en un brete. Muchas voces se alzaron para que Cuauhtémoc Cárdenas desconociera los resultados y convocar al pueblo para que se levantara contra la imposición del gobierno. Contrario a cumplir la exigencia, el michoacano optó por los cauces pacíficos. No cesó en su exigencia de contar nuevamente las boletas de votación y de que se hicieran públicas para aclarar las irregularidades, pero con la voluntad expresa de contener las manifestaciones de inconformidad y preservar la estabilidad nacional, como nunca desde 1910 en serio peligro de perderse.

Después del 6 de julio de ese año y pese a sus tradicionales conflictos, Cárdenas Solórzano y Porfirio Muñoz Ledo, junto a la maestra Ifigenia Martínez, lograron reunir a quienes como ellos renunciaron en 1987 al PRI por sus prácticas antidemocráticas y a una gran parte de la izquierda nacional. Tomaron lo que quedaba del Frente Democrático Nacional y lograron fundar, el 5 de mayo de 1989, el PRD. En ese origen, el nuevo partido fundó sus convicciones en la inclusión de los divergentes, pero que coincidían en que la lucha pendiente en México debía ser por la justicia social para un pueblo empobrecido e ignorado, la legalidad y la certeza en los procesos electorales. En una palabra, por la democracia.

Al cabo de 25 años, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano todavía lucha por darle vida a su creación: un PRD dirigido hoy por la corriente Nueva Izquierda, liderada a su vez por Los Chuchos, Jesús Zambrano y Jesús Ortega, herederos al igual que los guanajuatenses Carlos Navarrete Ruiz y Miguel Alonso Raya de los usos y costumbres de Rafael Aguilar Talamantes, fundador del Partido Socialista de los Trabajadores, convertido en satélite del PRI en la década de los 70 del siglo pasado, durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo.

Con el estigma de haber apoyado la reforma fiscal de Enrique Peña Nieto, y con serias dudas sobre su actuación durante las discusiones de las reformas petrolera y de comunicaciones, el perredismo es otra vez visto como una organización cercana al PRI. Como si el tiempo se hubiera dado marcha atrás, ahora los legisladores identificados con Nueva Izquierda son señalados por haber abandonado los principios y la línea política que dieron vida al PRD para aliarse con el nuevo priismo. Incluso, hay sobre quienes pesa la sospecha de haber recibido dinero para aprobar las llamadas reformas estructurales impulsadas por el gobierno de Peña Nieto.

Es en esas circunstancias que el próximo 7 de septiembre el PRD renovará su Consejo Nacional. Síntoma de su profunda crisis, las elecciones de delegados y consejeros serán organizadas por el nuevo Instituto Nacional Electoral (INE). Se instalarán ocho mil 252 casillas en todo el país, previamente aprobadas por las juntas distritales ejecutivas, donde se podrá votar a miembros de las corrientes Nueva Izquierda, Democracia Social, Alternativa Democrática Nacional, Foro Nuevo Sol, Barzón Popular , Coalición de Izquierda e Izquierda Democrática Nacional.

Pero desde ahora entre los mismos perredistas aseguran que, si bien no habrá urnas previamente rellenadas, sí habrá acarreo. De hecho, aquí en Guanajuato se señala a Miguel Alonso Raya de estar “gastándose mucho dinero para comprar votos en Valle de Santiago y Acámbaro, y en repartir despensas en colonias de León como Lomas de Medina y San Juan de Abajo”.

Lo peor de todo, sin embargo, es que ya adelantan que si ganan otra vez Los Chuchos, “que tienen dinero a manos llenas”, lo más probable es que haya desbandada de militantes. Seguramente Cuauhtémoc Cárdenas se alejará del partido y Marcelo Ebrard, junto con sus seguidores, terminará por irse a Movimiento Ciudadano. Y se adelantan: ya no tendrá sentido la elección de presidente nacional. Carlos Navarrete asegurará la dirigencia y el PRD terminará como un cascarón. Olvidado de sus orígenes, alejado de la sociedad. Como si fuera propiedad de Los Chuchos.

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Luis López




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