SOMOSMASS99
Edgar Cortez
Martes 10 de septiembre de 2019
En México oficialmente se reconoce la existencia de poco más de 48 mil personas desaparecidas, aunque de acuerdo con los colectivos de familiares la cifra puede ser más del doble.
Frente a este enorme número la identificación de los miles de restos recuperados sucede a cuenta gotas.
La semana pasada la señora Lourdes Rosales Calvo fue notificada de que los restos de su hijo, Jonathan Celma Rosales, fueron localizados en la fosa clandestina 118 de Colinas de Santa Fe en Veracruz y que finalmente habían sido identificados.
Jonathan Celma Rosales fue privado de la libertad el 29 de julio de 2013 junto con su novia Lucero Fontán Lara. La señora Lourdes y su familia pagaron un rescate por lo que en el origen parecía un secuestro pero a la postre resultó en una desaparición.
Doña Lourdes está a la espera de recibir los restos de su hijo y sepultarlo. Posiblemente de esa manera podrá completar el duelo de su pérdida. Ella es una de las pocas madres que tiene una respuesta sobre la suerte de su hijo desaparecido.
Pero luego de eso, ¿qué sigue para esta madre?
El Estado está en deuda con ella pues sabe que su hijo fue desaparecido y posteriormente privado de la vida, pero hay muchos cuestionamientos que siguen en píe.
Una primera deuda para con la señora Lourdes es la verdad. Ella, su familia y la sociedad requieren de una explicación a numerosas preguntas. ¿Quiénes fueron las personas que desaparecieron a su hijo? ¿Cómo estaban organizadas? ¿Con qué autoridades estaban coludidas? ¿Quiénes fueron los responsables de la investigación fallida? ¿Cómo fue que el puerto de Veracruz llegó a los niveles de violencia en donde fueron desaparecidas cientos de personas?
La siguiente deuda es el acceso a la justicia. Doña Lourdes y su familia tienen el derecho a que exista una investigación que permita identificar a los responsables, tanto quienes directamente desparecieron a Jonathan como quienes lo ordenaron. Una investigación que determine qué autoridades participaron o permitieron dicho crimen. Una investigación que tenga como resultado llevar a los perpetradores ante un tribunal para que sean sancionados.
Una tercera deuda tiene que ver con la reparación del daño causado por la desaparición y por los años de incansable búsqueda. ¿Cuánto se ha deteriorado la salud de la señora Lourdes? ¿Cuánto la familia se ha empobrecido para sostener la exigencia de justicia? ¿Cuánto perdieron de lo que era su proyecto de vida hasta antes de la desaparición?
Si pensamos cada una de estas deudas multiplicadas por los miles de casos posiblemente resulte imposible satisfacerlas de manera individual, por eso resulta necesario pensar en construir alternativas colectivas.
Entre estas posibilidades estaría la creación de una Comisión de la Verdad que ayude a esclarecer los patrones e identificar a los responsables de las miles desapariciones sucedidas en México.
Otra posibilidad sería considerar establecer un Mecanismo Extraordinario de combate a la impunidad que pueda investigar y ayudar en el acceso a la justicia para las miles de víctimas a través de casos colectivos y representativos.
Una alternativa más podría estar en diseñar e implementar una política de reparación del daño con programas colectivos de acuerdo a las circunstancias y requerimientos de los grupos de víctimas.
Ninguna de estas son posibilidades infundadas, todas ellas han sido reflexionadas y propuestas por organizaciones de derechos humanos y colectivos de familiares de personas desaparecidas (http://imdhd.org/violaciones-graves-derechos-humanos/).
Todas han sido planteadas al gobierno federal, pero lamentablemente no han encontrado la resonancia necesaria para considerarlas como una vía idónea para revertir la impunidad.
Ilustración de portada: Tercera Vía.
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