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Independencia y soberanía

Diálogo País / Top News / 13/09/2019

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 13 de septiembre de 2019

 

En este mes se desata el fervor patrio. Surgen banderas y todo tipo de adornos tricolores para adornar un sinnúmero de objetos, fijos o móviles, con lo que conmemoramos efemérides de la lucha por nuestra independencia e intentamos manifestar nuestra identidad como mexicanos.

Es sumamente saludable que el pueblo conserve ese tipo de sentimientos ante un hecho tan importante como fue la revolución de independencia de nuestra patria.

Alcanzar la independencia significa para un pueblo, a la vez, la conquista del inalienable derecho al ejercicio de su soberanía; sin embargo, a 209 años de su inicio, si hacemos un breve recuento histórico veremos que, por una u otra razón, han sido escasos los momentos en que nuestro pueblo realmente ha ejercido ese derecho, no obstante que ha sido el principal protagonista y el que históricamente, con sus luchas y sacrificios, mayores costos ha pagado en el proceso por la construcción de una patria libre, unida, soberana.

El más reciente de esos momentos ─es una opinión personal─ se dio durante la gestión presidencial del general Lázaro Cárdenas y tuvo como catalizador, en un contexto de obediencia a la Constitución, la expropiación y nacionalización de la industria petrolera mexicana. Sin demeritar la importancia de la participación del presidente de la república y sus colaboradores en aquella gesta, fueron los trabajadores y el pueblo mexicano quienes con su lucha y decidido apoyo los que hicieron posible la expropiación y posterior nacionalización de ese importante y vital recurso.

Los gobiernos que le sucedieron se han caracterizado por atender y defender la prevalencia de intereses de una oligarquía que es producto de las relaciones de producción existentes desde que éramos colonia de España, las que históricamente se han mantenido y reproducido con resultados favorables para un reducido sector socialmente dominante y adverso para la inmensa mayoría de la población.

Esa prevalencia de intereses del grupo dominante, vinculado a sus similares extranjeros, ha obstaculizado, y en cierta medida usurpado, la soberanía popular y nacional, ha subordinado el interés nacional al suyo y ha sido incapaz de romper los lazos de dependencia que la subordinan al capital extranjero, lo que la hacen, al mismo tiempo que dominante, una clase dominada.

¿Qué tan independiente puede considerarse un pueblo sin soberanía?

Una enorme deuda externa (más de 456 mil millones de dólares); la dependencia científica y tecnológica del extranjero; la propiedad privada de áreas estratégicas de la economía, algunas bajo control del capital extranjero; el criminal abandono al campo y los campesinos; el control de los trabajadores del campo y la ciudad por gobiernos, partidos políticos y patrones, por citar algunos factores, condicionan las decisiones que en política económica, social, cultural, diplomática y en otros aspectos pudiéramos tomar como país y como pueblo.

Esa condición nos mantiene atados a entidades como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos financieros que son los que condicionan en gran parte las decisiones en prácticamente todos los ámbitos de la política en nuestro país.

No obstante lo anterior, es importante conmemorar el sacrificio de mujeres y hombres que con su vida y su aporte crearon las bases para la construcción de una patria nueva, en la que tuvieran cabida todos los hijos de esta tierra y los que honesta y amorosamente la adoptaran como suya.

Por ello es importante mantener ese noble sentimiento popular, recuperar y reinterpretar críticamente nuestra historia para comprender la vigencia de muchas de las demandas por las que ha luchado nuestro pueblo desde que decidió sacudirse la tutela de España, hace ya más dos siglos.

Es importante, también, estar atentos ante la imposición de conceptos y versiones falseadas de nuestra historia, elaboradas por los grupos dominantes para desvirtuar el contenido de las luchas del pueblo y así evitar su continuidad, truncar sus anhelos y continuar con su dominio.

Las aspiraciones para la formación de una nueva nación iniciaron con la revolución de independencia, y de las experiencias de esa y todas las luchas que ha emprendido nuestro pueblo surgirá la alternativa para lograr nuestra definitiva independencia y la plena soberanía nacional y popular.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: La Agenda Setting.






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