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“Quiero estudiar sin miedo”

Diálogo Estado / Top News / 23/10/2019

SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 23 de octubre de 2019

 

Con un nudo en la garganta que no se deshace con el paso del tiempo, siento en todo mi ser el dolor de los padres, de las madres de los estudiantes asesinados. ¡Qué hermosa la marcha de la dignidad! ¡Qué tristes las causas!

Gabo, así le decimos también a mi hijo. Gabo, Ceci, Andrés, Daniel, Humberto, Guadalupe…  sus nombres resuenan en mis oídos y en mi corazón. ¡Qué dolor! Madres, padres, hermanos, amigos, compañeros ¡Qué dolor!

Y pensar que puede haber un próximo,  sentir que si no son escuchados todos están en peligro, todos; aunque las autoridades de algunas universidades privadas prohíban a los alumnos hablar de sus compañeros asaltados o muertos, Ceci permanece en la memoria. Todos están en peligro, porque los asesinos son protegidos por la policía, los delincuentes entran a la cárcel por una semana o un poco más y después los volvemos a encontrar robando, asesinando, porque con la impunidad y un poco con la complicidad de quienes compran objetos robados, se sienten arropados. Mientras, los jóvenes que dedican su vida al esfuerzo y al trabajo escriben:

“En Celaya es más peligroso ser estudiante que narcotraficante”

“Si compras robado, tú mataste a Gabo”

“La vida comienza donde termina el miedo”

“Hay causas por las que vale la pena morir, pero ninguna por la cual matar”

“Papá, Mamá, si no regreso los amo”

“Si mañana soy yo, quiero ser el último”

“Los carteles y las cartulinas se quitan, las muertes de la consciencia jamás se borran”

“Ni uno más: Gabo, Humberto, Andrés Fran, Guadalupe, Ceci, Daniel, Juárez, Ayotzinapa, los 43, Tlaltelolco… y los que faltan”

“Todo Celaya vive con miedo”

“Queremos libertad y seguridad, no impunidad”

“Quiero que mis papás recojan mi título, no mi acta de defunción”

“Estamos hartos de la impunidad”

“Ya no queremos que nos sigan faltando”

Son los pensamientos escritos en algunas de las cartulinas que los estudiantes pegaron en el kiosco  del jardín principal y en la fachada de la presidencia municipal de Celaya; ni tardas ni perezosas, las llamadas autoridades se apresuraron a quitarlas, los estudiantes respondieron: “Pueden quitarnos las cartulinas las veces que quieran, pero no nos van a callar”.

El dolor de la pérdida es enorme, el llanto interno no cesa, “la vida comienza donde termina el miedo”. ¿Dónde termina el miedo en una ciudad en la que los policías protegen a los delincuentes y se mofan de los ciudadanos, en un estado en el cual el gobernador minimiza la marcha de los estudiantes, en el que la alcaldesa ha negado la existencia de la delincuencia?

Y escucho, hablo con los estudiantes, pregunto si viven con miedo, me dicen “tiro por viaje, asaltan a alguno, nos hemos acostumbrado a que si sucede entregamos nuestras pertenencias, que tanto esfuerzo nos ha costado obtener, las lap-top con el producto de años, días y noches de trabajo académico incesante, los celulares y el dinero de la semana”.

“Parece que no les importamos a los directores, a algunos maestros, incluso nos dicen que mejor no denunciemos, que al fin nada se va a resolver; y lo sabemos, cuando hemos ido al ministerio público, en lugar de solidarizarse con nosotros, nos tratan como delincuentes, como culpables”.

“Queremos pedirles a todos que no compren ningún objeto robado, pues con eso rompemos el círculo”.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

Foto de portada: #CelayaInseguro Twitter.






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